Agrovoltaica

Agrovoltaica: la energía solar que puede salvar al agricultor y reducir el precio de los alimentos

Las estructuras agrovoltaicas reducen hasta un 60% el agua de riego y mantienen el 98% de la cosecha

Una explotación de 10 hectáreas puede ahorrar entre 15.000€ y 40.000€ al año en costes operativos

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Combinar la puesta de paneles solares con la agricultura, una práctica ya conocida como agrovoltaica, puede recortar entre 15.000 y 40.000 euros anuales en costes operativos para una explotación de 10 hectáreas. Ese ahorro procede de la reducción simultánea en consumo de agua, energía para bombeo, fertilizantes y pesticidas.

Trasladado a la cadena de valor, representa una oportunidad concreta para contener el precio final de los alimentos, según datos de una empresa especializada en sistemas de seguimiento solar que lleva tres años midiendo los resultados de sus instalaciones en proyectos activos.

Qué es la agrovoltaica

La agrovoltaica es una técnica que consiste en instalar paneles solares elevados sobre terrenos en cultivo, de modo que la producción de energía eléctrica y la actividad agrícola conviven en el mismo espacio.

A diferencia de los parques fotovoltaicos convencionales, las estructuras de la agrovoltaica están diseñadas para que los cultivos continúen creciendo bajo los paneles, aprovechando la sombra parcial que estos proyectan para modificar las condiciones microclimáticas del terreno.

Un doble beneficio

Esa sombra frena la evaporación del suelo y reduce el estrés hídrico de las plantas. El resultado, según los datos recogidos por AlphaTracker —empresa de soluciones de seguimiento solar para grandes plantas fotovoltaicas y agrovoltaicas—, es una reducción de hasta el 60% en las necesidades de riego. Al mismo tiempo, la temperatura sobre el terreno se mantiene entre 25 y 30°C, frente a los 50 o 60°C que puede alcanzar un campo en pleno verano, evitando golpes de calor, quemaduras en los frutos y pérdidas de cosecha.

La empresa ha medido un rendimiento mínimo del 98% frente a un campo de control en proyectos activos durante tres años. Prácticamente la misma cosecha con una fracción del agua consumida y con una protección estructural frente a las temperaturas extremas que el cambio climático hace cada vez más habituales.

Menos agua y menos costes

La reducción hídrica tiene un impacto directo en los costes de bombeo y riego, que representan una parte significativa del gasto energético de cualquier explotación. A eso se suma una menor dependencia de fertilizantes y pesticidas: las condiciones más estables del entorno bajo los paneles reducen el estrés de las plantas y las hacen menos vulnerables a plagas y enfermedades.

En condiciones de calor extremo, las instalaciones agrovoltaicas pueden reducir las pérdidas de producción de entre un 10% y un 30% en determinados cultivos, además de mejorar la calidad comercial del producto. En algunos hortícolas, la sombra parcial puede alargar la ventana productiva entre dos y cuatro semanas, permitiendo al agricultor acceder a periodos de menor oferta y precios más elevados.

Uno de los primeros proyectos agrivoltaicos de la región de Lecce, Italia, realizado por Galatone Energi Srl junto con Azienda Agricola Ramundo Annatonia.

Compatibilidad con cultivos clave

Las estructuras solares son compatibles con una amplia variedad de cultivos: el kiwi, los frutos rojos, los olivos, los melones, las aromáticas y los pastos. Todos ellos concentran algunas de las mayores tensiones de precio en el mercado español y son intensivos en agua y vulnerables al cambio climático.

«El debate sobre el encarecimiento de los alimentos se centra casi siempre en los mercados, en la distribución o en la climatología. Pero la variable del coste de producción del agricultor todavía no ocupa el espacio que merece», afirma José Antonio Maldonado, CEO y fundador de AlphaTracker. «Si conseguimos que un olivarero, un productor de frutos rojos o un citricultor necesite hasta un 60% menos de agua para obtener prácticamente la misma cosecha, estamos atacando la inflación alimentaria en su origen», añade.

El contexto europeo

En países como Alemania, Italia y Francia, la agrovoltaica lleva años consolidándose como una vía para diversificar los ingresos del sector agrario. El agricultor puede combinar los ingresos de la cosecha con la venta de energía a la red y el alquiler del terreno a los promotores. Un modelo de triple rentabilidad que empieza a abrirse paso también en España.

El momento no es casual. La agricultura consume hoy el 72% del agua dulce mundial, según la FAO, en un planeta donde las sequías son cada vez más frecuentes. En España, comunidades como Andalucía y Extremadura llevan años con reservas hídricas bajo mínimos. Al mismo tiempo, comer cuesta hoy un 40% más que en 2021, el doble que la subida del coste de vida general, según el último informe del EAE Business School.

Hacia una agricultura más resiliente

El Instituto de Potsdam y el Banco Central Europeo advierten de que esa presión sobre los precios no cederá a corto plazo: se prevén subidas adicionales de entre el 0,9% y el 3,2% anual hasta 2035 por efecto del cambio climático. En ese escenario, las estructuras agrovoltaicas actúan directamente sobre los costes de producción, la variable que más condiciona el precio final en origen.

«Estos resultados no son consecuencia de una sola variable. Son la suma de lo que ocurre cuando un cultivo trabaja bajo condiciones distintas, con menos estrés hídrico, menos pérdidas por calor y menos dependencia de insumos externos», concluye Maldonado.