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Suena raro, pero la ciencia lo respalda: cuando las orugas atacan, las plantas de la judía emiten un SOS para pedir ayuda a las avispas

  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

La mayoría de nosotros queremos ahuyentar a las avispas, pero hay seres vivos que las tienen como su principal aliada. Es el caso de la planta de la judía y su curiosa defensa contra las orugas.

Por increíble que parezca, cuando una oruga ataca a la planta de la judía común, esta libera señales al aire que atraen a las avispas depredadoras para que acaben con su agresor.

Ahora, gracias a un estudio publicado en Science Advances, sabemos cuál es el momento que conecta la detección del ataque y la llegada de los depredadores. Estamos hablando de una cadena bioquímica muy concreta.

La planta de la judía avisa a las avispas cuando las orugas le atacan

Según los investigadores, la judía común puede reconocer un rastro químico asociado a la alimentación de las orugas. Lo llaman inceptina y aparece en las secreciones orales del insecto cuando se alimenta de la planta.

Todo el proceso lo activa el receptor vegetal INR. Cuando funciona detecta la señal y lanza una respuesta defensiva que no se queda dentro de la planta; también cambia lo que emite al aire.

Gracias a ello las avispas depredadoras usan esos compuestos volátiles como pista. Es decir, indirectamente la planta está avisando al enemigo de las orugas mediante una señal química.

Los científicos lo han explicado como una interacción tritrófica entre planta, herbívoro y depredador. La judía detecta a la oruga, la oruga queda expuesta y las avispas encuentran una ruta química para llegar hasta ella.

El receptor INR que convierte el ataque de la oruga en una llamada a las avispas depredadoras

Para comprobar el papel de INR, los investigadores compararon plantas con el receptor funcional con otras que tenían una versión alterada del gen. Gracias a ello pudieron ver qué ocurría cuando la planta podía reconocer la inceptina y qué pasaba cuando no podía hacerlo.

Las plantas con el receptor operativo activaron una respuesta más específica. En cambio, las plantas con la versión rota del gen no reconocieron bien esa señal y se quedaron en una reacción más genérica al daño.

Es decir, no basta con que una hoja esté mordida; la planta necesita identificar un tipo concreto de señal asociada al herbívoro para emitir la mezcla química que resulta tan atractiva para las avispas.

Cuando hicieron los ensayos en Oaxaca (México) pudieron comprobar este fenómeno. En las plantas con el gen alterado, los ataques de avispas a las orugas usadas en el experimento se redujeron un 40% respecto a las plantas con el receptor funcional.

Además, el patrón se repitió cuando las plantas recibieron inceptina. Si sólo recibían agua, la diferencia entre unas y otras desaparecía.

Cómo el SOS de la planta de la judía puede cambiar la defensa de los cultivos

Más allá de la anécdota, el estudio puede ser útil para mejorar la protección de las plantaciones agrícolas. Por ejemplo, las orugas crecían más cuando se alimentaban de plantas con la versión alterada del receptor.

En concreto, el crecimiento fue un 72,7% mayor en esas plantas, lo que apunta a una defensa interna menos eficaz. Es decir, también están dificultando la alimentación de la oruga.

Si entendemos qué variedades responden mejor a las orugas, será más fácil avanzar en el control de plagas y depender menos del uso de productos de químicos.