Los expertos alzan la voz por la plaga del picudo rojo en Asturias: dicen que 2026 será el peor año para las palmeras
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Las palmeras parecen de las plantas más resistentes que hay, pero una pequeña larva basta para destruirlas desde dentro. Lo más preocupante es que el picudo rojo actúa sin dejar rastro visible al principio y, cuando aparecen los síntomas, el ejemplar suele estar ya condenado a caer.
Los expertos ya alertan de que Asturias vive en 2026 una expansión masiva del picudo rojo. Lo que comenzó como focos aislados tras su detección en 2017 afecta ya a casi todo el litoral y avanza hacia el interior.
Asturias afronta el peor año para las palmeras por el picudo rojo
Los técnicos municipales y empresas de tratamiento fitosanitario coinciden en que 2026 marca el punto más alto de la plaga del picudo rojo en Asturias. En Gijón, donde la densidad de palmeras es mayor, los equipos ya han intensificado los trabajos ante un escenario que consideran crítico.
Sabino González, responsable de la empresa Terapia Verde, explica que el origen de esta explosión está en el clima reciente. El verano y el otoño de 2025 registraron temperaturas más altas de lo habitual. Ese calor acortó el ciclo biológico del insecto y aceleró su reproducción. Cada generación tarda menos en desarrollarse y el número de ejemplares se multiplica en pocos meses.
Los efectos aparecen ahora, en primavera. Las larvas han pasado el invierno dentro de los troncos, alimentándose de los tejidos internos. Cuando la palmera empieza a mostrar daños visibles, el deterioro ya es profundo. Los operarios detectan más ejemplares afectados y un avance más rápido que en campañas anteriores.
El problema ya no se limita a grandes ciudades. Municipios como Ribadesella, Navia, Villaviciosa, Grado o Mieres han activado protocolos de control. Algunos ayuntamientos han asumido que no podrán salvar todas las palmeras y han comenzado talas de ejemplares irrecuperables para evitar riesgos.
La especie más castigada es la palmera canaria, muy común en paseos marítimos y jardines históricos. Su estructura y composición la convierten en un objetivo fácil para el insecto, que encuentra en ella un entorno ideal para desarrollarse sin apenas resistencia.
Cómo identificar una palmera afectada por el picudo rojo
El picudo rojo no destruye la palmera desde fuera. Las larvas perforan el interior del tronco y excavan galerías mientras se alimentan. Ese proceso debilita la estructura y termina por afectar al punto de crecimiento, la yema apical. Cuando esa zona queda dañada, la palmera deja de generar hojas nuevas y entra en fase terminal.
El primer síntoma claro aparece en la copa. Las hojas centrales pierden firmeza, se inclinan y la palmera adopta un aspecto irregular, como si se abriera en forma de paraguas. Ese cambio visual suele indicar que el daño interno es avanzado.
Las hojas jóvenes también ofrecen pistas. Muchos ejemplares presentan cortes en forma de «V» o bordes mordisqueados. En otros casos, el eje de la hoja se debilita y se rompe con facilidad porque las larvas han perforado su interior.
El tronco puede mostrar señales más directas. Algunos ejemplares expulsan fibras trituradas que se acumulan en la base de las hojas. También aparecen pequeños orificios o cavidades. En fases más avanzadas, el interior comienza a fermentar por la acción de hongos y bacterias, lo que genera un olor intenso y característico.
El riesgo no es sólo paisajístico. Cuando la estructura interna queda destruida, la palmera puede colapsar de forma repentina. Ese desplome supone un peligro en zonas urbanas, parques o paseos muy transitados.
Qué están haciendo en Asturias para frenar la plaga de este insecto
Las administraciones han intensificado los tratamientos para frenar la expansión. En Gijón, los operarios aplican duchas de insecticida en el cogollo como medida inmediata. Más adelante, introducen productos como la emamectina mediante inyecciones en el tronco, una técnica conocida como endoterapia. Este sistema permite que el insecticida circule con la savia y actúe desde dentro durante meses.
Aun así, el control no resulta sencillo. El insecto carece de depredadores naturales en la región y se desplaza entre municipios en busca de nuevos ejemplares. La combinación de temperaturas suaves, humedad y abundancia de palmeras ha creado el escenario perfecto para su expansión.
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