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En 1989 era una especie extinta que se quiso reintroducir en Madrid: hoy tiene efectos devastadores sobre la flora de la sierra

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

La Sierra de Guadarrama vive una paradoja biológica. Lo que comenzó en 1989 como un plan para recuperar la cabra montés, desaparecida desde el siglo XIX, se ha convertido en un reto de gestión crítico.

Tras décadas de crecimiento, este animal ejerce hoy una presión excesiva sobre la flora protegida, obligando a buscar un equilibrio urgente entre la conservación de la especie y la salud del ecosistema.

De la reintroducción histórica a la sobrepoblación: el desafío ambiental de la cabra montés en Guadarrama

La historia de la cabra montés (Capra pyrenaica) en Madrid cambió de rumbo hace tres décadas. Entre 1989 y 1992, la administración liberó 67 ejemplares procedentes de Gredos y Las Batuecas.

Aquellos 26 machos y 41 hembras pioneros colonizaron un hábitat donde no encontraban depredadores naturales. El éxito de la reintroducción superó todas las expectativas, alcanzando un récord de 6.100 ejemplares en 2023.

Este crecimiento exponencial, cifrado en un 9% anual por los técnicos regionales, situó la densidad en 43,5 individuos por kilómetro cuadrado en áreas como La Pedriza y Cuerda Larga. Esta cifra multiplica por cuatro la recomendación técnica, que sitúa el límite ideal entre 10 y 17 ejemplares para garantizar la sostenibilidad del parque nacional.

La ausencia de lobos o grandes águilas que controlen la población de forma natural ha permitido que la especie se comporte como una población colonizadora sin equilibrio con el medio.

¿Por qué la superpoblación de cabra montés amenaza el equilibrio ecológico madrileño?

El impacto ambiental de esta densidad demográfica es alarmante. El sobrepastoreo y el ramoneo constante impiden la floración y fructificación de especies vegetales prioritarias.

El acebo, el tejo, el guillomo y el serbal del cazador sufren un desgaste que compromete su supervivencia a largo plazo. Incluso la presencia de musgos y líquenes en las superficies rocosas disminuye por el tránsito constante de los animales.

La biodiversidad animal también padece las consecuencias. La desaparición de plantas nutricias ha provocado el declive de la mariposa apolo, una especie amenazada cuya reaparición en 2012 fue un hito para la región.

Además, el movimiento masivo de estas cabras erosiona anualmente unos 4.000 metros cúbicos de suelo. Por otro lado, se suma el riesgo sanitario: una alta densidad favorece la propagación de enfermedades como la sarna, que ya diezmó poblaciones en otras sierras españolas durante los años 80.

Gestión de la población de esta especie y medidas de control regional

La administración madrileña ha intentado regular estas cifras mediante diversos planes, aunque con dificultades legales significativas. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid anuló en 2019 un programa de control cinegético tras un recurso del partido animalista Pacma.

Desde entonces, la estrategia se centra en la extracción de ejemplares vivos. Según los registros oficiales, entre 2015 y 2023 se trasladaron 630 animales a otros espacios naturales de España y Europa, incluyendo el Pirineo francés.

Los últimos datos del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama reflejan que el censo de 2024 estima la población en 3.721 ejemplares. Esto representa una caída del 35,89% respecto a 2021. Las causas apuntan a los traslados de animales y a una regulación natural de la fertilidad ante la alta densidad previa.

Actualmente, la Comunidad de Madrid trabaja en la creación de una reserva biogenética para asegurar la resistencia de la especie.