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Los veterinarios expertos coinciden: “Si no dejas que tu perro olfatee durante el paseo, es como llevarle a una biblioteca y prohibirle abrir los libros”

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Según los expertos en comportamiento canino, los perros no necesitan caminar grandes distancias para disfrutar de un paseo. Para ellos, lo más importante es poder explorar y vivir la experiencia con calma, y en este proceso el olfateo juega un papel clave. Al olfatear, el perro investiga su entorno de forma natural e instintiva, recopilando información sobre otros animales, personas y cualquier cambio que se produzca a su alrededor.

Mariam Martínez Ortega, veterinaria de Kivet, señala que «para un perro, salir a la calle no consiste únicamente en recorrer una determinada distancia ni en hacer ejercicio: olfatear, detenerse, explorar y relacionarse con el entorno forman parte de su manera de entender lo que ocurre a su alrededor. Dejarle ese tiempo puede cambiar por completo la calidad del paseo y, también, la forma en que su tutor aprende a observarlo y a compartir ese momento con él».

La importancia del paseo para el bienestar del perro

Uno de los errores más habituales de los dueños de perros durante los paseos es intentar que sus mascotas mantengan un ritmo constante. Cuando el animal se para, por ejemplo, a olfatear un árbol, el dueño suele tirar de la correa para que siga caminando. Sin embargo, esta reacción puede ser contraproducente, ya que esta actividad les permite conocer y analizar su entorno de forma natural, satisfacer su curiosidad y liberar parte del estrés acumulado.

«El olfato es una de sus principales vías para obtener información del entorno. Para un perro, salir a pasear no consiste únicamente en caminar o hacer ejercicio: también significa explorar, interpretar olores y procesar estímulos. Por eso, un paseo en el que puede detenerse, olfatear y avanzar sin prisas puede ser mucho más enriquecedor que otro más largo realizado a toda velocidad. Privarle constantemente de ese tiempo sería, de alguna manera, como llevarle a una biblioteca y prohibirle abrir los libros», explica en conversación con La Vanguardia.

El proceso mediante el que los perros perciben los olores comprende diferentes etapas. Todo comienza en la cavidad nasal, donde los receptores olfativos captan las moléculas que circulan por el aire. Esa información química se convierte posteriormente en señales nerviosas que son procesadas por el sistema olfativo del animal. Las señales llegan al bulbo olfatorio y, desde allí, continúan hacia otras áreas cerebrales encargadas de interpretar los olores. Esta estructura está mucho más desarrollada en los perros, en proporción, que en los seres humanos.

Otro error frecuente consiste en creer que la calidad del paseo depende única y exclusivamente del tiempo o la distancia, pero, para el perro, es más importante disfrutar de un paseo en el que pueda explorar tranquilamente, olfatear y disfrutar del entorno. Ahora bien, conviene recordar que las necesidades de cada animal pueden ser muy diferentes y dependen de factores como la edad, el estado de salud o su nivel de energía.

Por otro lado, Mariam Martínez Ortega señala que «la atención que se presta al animal también forma parte del vínculo. Un paseo puede convertirse en una experiencia completamente distinta si el tutor deja de mirar la pantalla y observa lo que hace su perro: dónde se detiene, qué olfatea, qué evita o qué despierta su curiosidad. No se trata de dedicarle horas. Diez minutos de atención real, sin móvil y sin prisas, pueden tener más valor que mucho tiempo compartido de manera distraída. El animal percibe esa presencia y, además, la observación permite detectar cambios en su comportamiento que pueden pasar inadvertidos».

La importancia del cambio de ruta

Cambiar de ruta durante los paseos puede tener un efecto positivo en la estimulación sensorial del animal, ya que, al recorrer lugares diferentes, encuentra nuevos rastros y olores. Además, esto le permite descubrir nuevos sonidos y paisajes despertando su curiosidad. Si normalmente el paseo transcurre por una zona urbana, por ejemplo, acudir de vez en cuando a un parque, un campo o un entorno natural puede ofrecerle una experiencia completamente diferente.

Sin lugar a dudas, la monotonía es uno de los grandes enemigos del bienestar canino. Si un perro realiza siempre el mismo recorrido y está expuesto constantemente a los mismos olores y escenarios, puede terminar perdiendo interés por los paseos. Esta falta de estímulos puede acompañarse de cambios en su comportamiento, como apatía, inquietud o ansiedad.

Finalmente, la veterinaria concluye: «La constancia pesa más que hacer grandes planes de forma ocasional. En un perro, un paseo corto puede convertirse en un paseo de calidad si se le permite olfatear, se evitan los tirones constantes y se incorporan algunos ejercicios sencillos y positivos. También ayudan las rutinas tranquilas al llegar a casa, un cepillado agradable o unos minutos de juego. También cuenta respetar sus descansos, ofrecerle lugares elevados o compartir un rato de presencia tranquila. No hace falta estar encima del animal para reforzar el vínculo».