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Los adiestradores caninos coinciden: «Tu perro no necesita más amor, lo que necesita es que le pongas límites»

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Cada vez más perros forman parte de la familia y reciben cuidados que antes estaban reservados a las personas. El problema aparece cuando ese cariño se convierte en una ausencia total de normas.

Tratar a un perro como si fuera un niño puede parecer una muestra de afecto, pero no siempre responde a sus necesidades. Un animal necesita rutinas, referencias claras y aprender qué comportamientos son adecuados en cada situación. Poner límites no significa quererlo menos, sino ayudarle a desenvolverse con seguridad.

La falta de normas puede acabar reflejándose en la convivencia. Tirar de la correa, ladrar de manera constante, saltar sobre las visitas o destrozar objetos cuando se queda solo son conductas que deben analizarse y no simplemente castigarse. Detrás puede haber falta de aprendizaje, aburrimiento, frustración, miedo o ansiedad.

Por eso, educar a un perro no consiste en imponer disciplina mediante castigos. La clave está en establecer reglas coherentes y mantenerlas todos los días. Si una conducta está permitida unas veces y prohibida otras, el animal recibe mensajes contradictorios y le resulta más difícil saber qué se espera de él.

También es importante diferenciar entre cariño y sobreprotección. Jugar, acariciar al perro o permitirle descansar cerca de la familia no son problemas por sí mismos. La dificultad aparece cuando el animal no aprende a tolerar la frustración, permanecer tranquilo cuando está solo o respetar determinadas rutinas domésticas.

Humanizar al perro puede afectar a su conducta

Un estudio del Gobierno estima que en España hay más de 15 millones de animales de compañía, de los cuales alrededor de 7,5 millones, son perros. Este dato refleja la creciente presencia de estos animales en los hogares, aunque por sí solo no demuestra que la humanización provoque problemas de comportamiento.

La sobrehumanización puede actuar como factor de riesgo para determinados problemas de conducta, entre ellos la ansiedad por separación y algunas formas de agresividad. No obstante, también intervienen otros elementos, como la genética, la socialización, las experiencias y la educación.

La ansiedad por separación merece especial atención. No debe interpretarse como una rabieta ni como una venganza del perro cuando su dueño sale de casa. Puede manifestarse mediante ladridos, aullidos, destrozos, intentos de escapar o una inquietud intensa.

Cómo poner límites al perro sin recurrir al castigo

La educación canina debe combinar normas, actividad y afecto. Estas pautas de los expertos de Mediterranean Natural pueden facilitar una convivencia más equilibrada:

En el caso de la ansiedad por separación, las recomendaciones deben adaptarse a cada animal. Los especialistas aconsejan trabajar mediante modificación de conducta y desensibilización progresiva, evitando exposiciones demasiado largas que provoquen episodios intensos de ansiedad.

En los casos moderados o graves puede ser necesaria la intervención de un veterinario especializado en comportamiento.