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Casi nadie lo conoce pero este palacio escondido en la montaña de Madrid pasa desapercibido y fue refugio de reyes

No hace falta irse muy lejos de Madrid para encontrar sitios que parecen sacados de otra época, pero este palacio del que ahora os hablamos es de los que casi nadie menciona. Un palacio en Madrid rodeado de bosque que no suele aparecer en las rutas típicas y, sin embargo, fue utilizado por reyes como lugar de retiro. Se trata del Palacio Real de Riofrío.

Lo curioso es que mucha gente ha pasado cerca de este Palacio cerca de Madrid sin saber siquiera que está ahí. A pocos kilómetros de La Granja de San Ildefonso, mucho más conocido y visitado, este palacio ha quedado en un segundo plano durante años, casi como si se hubiera quedado fuera del mapa turístico habitual. Y eso que historia no le falta ya que de hecho, durante mucho tiempo fue precisamente lo que buscaban los reyes: un lugar apartado, tranquilo, donde poder alejarse de la corte. El problema es que ese plan nunca terminó de cumplirse del todo.

Casi nadie lo conoce pero este es el palacio escondido en la montaña de Madrid

La historia de este lugar no es la típica de un palacio lleno de vida y actividad constante. Más bien todo lo contrario. El origen se remonta a 1724, cuando el rey Felipe V adquirió estos terrenos. Tras su muerte, fue su esposa, Isabel de Farnesio, quien impulsó la construcción con una idea muy clara: crear un retiro para su hijo, el infante don Luis.

Para ello encargó el diseño al arquitecto italiano Virgilio Ravaglio, lo que explica ese aire diferente que tiene el edificio. No es el típico palacio español sino que sus líneas son más sobrias, más cercanas al estilo italiano, lo que hace que muchos lo definan como el palacio más romano del país.

Sin embargo, el plan nunca llegó a cumplirse. Con la llegada al trono de Carlos III, Isabel de Farnesio volvió a la corte y el palacio quedó prácticamente abandonado y durante más de cien años no tuvo uso real. De hecho, sólo fue habitado en dos momentos muy concretos: primero por Francisco de Asís de Borbón, que lo decoró en el siglo XIX, y después por Alfonso XII, que lo utilizó como lugar de retiro tras la muerte de su esposa, María de las Mercedes.

Un interior sorprendente que mezcla historia y detalle

Quien entra por primera vez en Riofrío suele quedarse con la misma sensación ya que por fuera parece sobrio, pero por dentro cambia completamente. Las estancias están organizadas alrededor de un gran patio central, con una escalera monumental que marca el recorrido. A partir de ahí, se suceden salones que recuperan el estilo del siglo XIX gracias a distintas restauraciones impulsadas por Patrimonio Nacional.

Hoy se pueden ver más de 500 piezas procedentes de otros Reales Sitios. Hay mobiliario de maderas nobles, espejos con influencia veneciana, porcelanas francesas, relojes dorados y grandes cortinajes que ayudan a entender cómo era la vida en este tipo de residencias. Además, el palacio alberga el conocido Museo de la Caza, donde se exponen armas, tapices y obras relacionadas con esta actividad, muy ligada al uso que tuvo el lugar durante los siglos XVIII y XIX.

También se han recuperado espacios muy concretos, como el Salón de Billar, el Oratorio o el dormitorio de Francisco de Asís, lo que hace que la visita sea bastante completa, aunque actualmente algunas salas están cerradas por trabajos de mejora.

Un entorno natural que es casi tan importante como el propio palacio

Más allá del edificio, lo que realmente sorprende cuando llegas a Palacio Real de Riofrío es todo lo que tiene alrededor. Está metido de lleno en el Bosque de Riofrío, y eso se nota desde el primer momento. Son más de 600 hectáreas de terreno en las que el paisaje va cambiando según avanzas. Hay zonas con encinas, otras con chopos y sauces, y también tramos más abiertos con matorral bajo. No es un parque cuidado al milímetro, sino más bien un entorno bastante natural, de los que invitan a caminar sin un recorrido muy marcado.

Además, es fácil encontrarse con animales ya que es bastante habitual ver ciervos, algún gamo o incluso zorros si tienes suerte. También hay muchas aves, algunas bastante grandes, como los buitres, que suelen verse sobrevolando la zona. En total, se han identificado más de cien especies distintas, así que no es sólo un sitio bonito, también tiene bastante valor desde el punto de vista natural.

El palacio, por cierto, volvió a abrir el 14 de abril después de varias mejoras. Aun así, durante la visita puede que alguna parte no esté accesible porque todavía siguen trabajando en algunas salas.

Horarios y precios

Los horarios son bastante sencillos y cambian ligeramente según la época del año:

También conviene saber que hay momentos en los que no hace falta pagar entrada. Los miércoles y domingos por la tarde, desde las 15:00 hasta el cierre, el acceso es gratuito, algo que muchos visitantes aprovechan.

En cuanto a los precios:

Las visitas guiadas duran alrededor de una hora y se organizan en varios turnos a lo largo del día.