Jeremy Corbyn anuncia su marcha tras el descalabro del Partido Laborista
Eran las 3:23 horas de la mañana cuando Jeremy Corbyn aparecía en su feudo de Islington, en el norte de Londres, para seguir el recuento y preparar el anuncio de su marcha -renuncia futura, por otro lado-. Quiso la casualidad de que, justo en ese momento, los conservadores igualaran en el «marcador» a los laboristas con 43 escaños, hay que tener en cuenta que los resultados se van conociendo poco a poco en un condado de circunscrpciones.
La sombra de la eventual dimisión ya se cernía sobre él, pero el candidato que estaba llevando al Partido Laborista a su peor resultado desde 1935 trataba de aparentar normalidad, saludando en primer lugar al rival liberal-demócrata. Numerosas voces dentro del Labour ya exigían su marcha, y una hora después, Corbyn hizo el anuncio.
«Es obviamente una noche decepcionante para el Partido Laborista», dijo Corby, antes de anunciar que «no lideraré el partido en próximas elecciones. Se abrirá un proceso para definir el futuro del Partido Laborista y yo dejaré entonces el liderazo». Sí que aseguró que se mantendrá como parlamentario.
Corbyn justificó su descalabro en que «el Brexit ha polarizado y dividido el debate en este país».
En aquel 1935 al que aludíamos, Clement Atlee se quedó en apenas un 26% de apoyo en los años inmediatamente anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Aquel Atlee acabaría llegando a Premier tras la victoria de los aliados, pero su mandato quedó dentro del sándwich del doble mandato de Winston Churchill.
Como han puesto de relieve los resultados electorales, los británicos no han hecho el menor ademán de confiar en la campaña del candidato que llevaba años fantaseando con el giro a la izquierda del Partido Laborista.
El resultado en las elecciones de 2017 envalentonó a Corbyn. Entonces, las encuestas pronosticaban un trastazo, pero la votación del Brexit estaba demasiado reciente y muchos británicos comenzaban a darse cuenta de lo que suponía haber optado por marcharse de la Unión Europea. Corbyn, que nunca ha apoyado ni la salida de la Unión ni la permanencia (sino todo lo contrario, que se dice), hizo caja con la marca del Partido Laborista, estructura en la que a la postre confiaron más electores de lo esperado.
Corbyn se quedó más cerca de la entonces candidata torie Theresa May de lo que había llegado a soñar. Y eso le animó a escorarse a la izquierda en esta ocasión. Pero sólo en el plano económico y social. Sobre el Brexit sólo prometía tímidamente un nuevo referéndum. Sus propuestas «revolucionarias» pasaban por la nacionalización de grandes empresas eléctricas, tecnológicas, etcétera. Un plan peligroso que, a la vista está, ha espantado al elector.
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