«Extra omnes!»: así empieza el ritual milenario del cónclave que elige desde hoy al nuevo Papa
Antes de que se cierren las puertas de la Capilla Sixtina, el protodiácono invitará a abandonarla
Para elegir al Papa será necesaria una mayoría cualificada de dos tercios de los cardenales
La Capilla Sixtina albergará, por vigesimosexta vez, uno de los ritos más secretos y cargados de misterio del mundo: el cónclave que elegirá al nuevo Papa. Una reunión impenetrable para todas aquellas personas que no sean los 133 cardenales electores, que elegirán desde hoy al Papa número 267 de la historia.
Un poco antes de que se cierren las puertas de tan extraordinaria estancia, el maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, monseñor Diego Ravelli, invitará a abandonarla a todo aquel que no sea uno de esos 133 purpurados al grito de «Extra omnes!» («¡Fuera todos!»).
Saldrán entonces de la sala las 40 personas que han trabajado incansablemente para replicar cada mínimo detalle en la estancia, donde todo deberá permanecer inmutable como hace siglos para que la milenaria tradición se repita exactamente igual que siempre. Y las puertas se cerrarán cum clave (con llave).
En la Capilla Sixtina -que en 1996 se convirtió en sede oficial del cónclave con la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis de Juan Pablo II- se dispondrán 133 sillas de cerezo, marcadas con el nombre y apellido de cada cardenal elector, y 12 mesas de madera en bruto cubiertas con una tela beige y satén burdeos: seis en el lado derecho y seis en el izquierdo, dispuestas en dos filas de distinto nivel.
Delante del altar, bajo el Juicio Final de Miguel Ángel, hay una mesa para las urnas de metal donde se recogerán las papeletas con los votos y un facistol (atril grande) con el Evangelio sobre el que los purpurados prestarán juramento al inicio del cónclave del que saldrá el nuevo Papa.
Los cardenales no caminarán sobre el pavimento, sino sobre una estructura plana de madera cubierta con una tela beige, de 50-60 centímetros de alto respecto al suelo y en línea con el segundo peldaño del altar. Asimismo, estarán listas las bolsas de terciopelo para retirar las papeletas y las tarjetas con los nombres de los cardenales, que indican su puesto. A cada cardenal se le dará:
- una pluma
- una carpeta roja para apoyarse al escribir
- una papeleta por escrutinio
Como es tradición desde 1939, con el cónclave que eligió al Papa Pío XII, más allá de la verja marmórea, se colocará la célebre estufa (dos estructuras semejantes conectadas) que se empleará para quemar las papeletas y de cuya chimenea saldrá la fumata.
Los resultados de las votaciones, en efecto, serán visibles por el color de las fumatas que salgan de la chimenea instalada en la cubierta de la Capilla Sixtina: fumata negra en los casos en que no se haya alcanzado la mayoría; fumata blanca para la elección del nuevo Pontífice.
Mayoría de dos tercios
Para elegir al Papa será necesaria una mayoría cualificada de dos tercios de los cardenales electores. Después de la votación número 30, en cualquier caso, se pasará directa, y obligatoriamente, a la segunda vuelta entre los dos cardenales que hayan recibido el mayor número de votos en el último escrutinio. Sin embargo, también en este caso, será necesaria una mayoría de dos tercios. Los dos cardenales por los cuales se vota no podrán participar activamente en la votación. Si los votos por un candidato alcanzan los dos tercios de los votantes, la elección del Pontífice es canónicamente válida.
«Quo nomine vis vocari?»
En ese momento, el último del Orden de los Cardenales diáconos llama al Maestro de las Celebraciones litúrgicas y al Secretario del Colegio Cardenalicio. El decano o el vicedecano, o bien, el primer Cardenal de los Cardenales obispos, se dirige al elegido diciendo: «Acceptasne electionem de te canonice factam in Summum Pontificem?» («¿Aceptas tu elección canónica a Sumo Pontífice?») y, tras la respuesta afirmativa, añade: «Quo nomine vis vocari?» («¿Cómo quieres ser llamado?»!), pregunta a la que el recién elegido contestará con el nombre pontifical.
Sala de las Lágrimas
Después de la aceptación, se queman las papeletas, momento en que desde la plaza de San Pedro se podrá ver la clásica fumata blanca. Al término del cónclave, el nuevo Papa se retira a la Sala de las Lágrimas para vestir por primera vez los paramentos papales con los que se presentará en público desde la Logia de las Bendiciones de la Basílica de San Pedro. El nombre de la estancia se debe a que todos los Papas elegidos lloran por la conmoción y el peso de la responsabilidad del papel que está llamado a desempeñar.
Después de la oración por el nuevo Pontífice y la reverencia de los cardenales, se entona el «Te Deum», que marca el fin del Cónclave. El cardenal protodiácono, en este caso, Diego Ravelli, se asomará a la logia central de la Basílica de San Pedro para anunciar la elección y pronunciar el «Habemus papam!». Después, el nuevo Pontífice, precedido por la cruz procesional, imparte la solemne bendición «Urbi et Orbi» («a la ciudad -Roma- y al mundo»).
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