Alfredo Galán, «el asesino de la baraja» que aterrorizó Madrid a principios de siglo
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Hace unos días hablábamos de Ed Gein, uno de los asesinos más despiadados de la historia. En España no estamos exentos de asesinos en serie que sembraron el pánico durante algún tiempo en determinadas poblaciones de nuestro país. Fue el caso de Alfredo Galán, «el asesino de la baraja», que se convirtió en noticia a principios de este siglo XXI cuando comenzó a matar en Madrid.
la historia de Galán es digna de un guion para cine o cualquier serie de asesinos que se precie. Galán nació en Puertollano en 1978, y nadie pensaba que años después se convertiría en uno de los asesinos en serie más recordados de la historia negra de nuestro país.
Militar en Bosnia
Los años de estudiante de Galán no fueron muy prometedores. No destacó en muchas de sus asignaturas en su paso por el colegio y el instituto. En 1998, «el asesino de la baraja» entra en el ejercito, donde parece que encontró su verdadera vocación.
Pasó a formar parte de la Brigada Acorazada de Asturias donde fue destinado en varias operaciones humanitarias a Bosnia. Allí participó en varias operaciones que, según los médicos que lo vieron posteriormente, impactaron mucho en su manera de actuar posteriormente.
Una vez en España, intentó sin mucho éxito entrar en la Guardia Civil, por lo que continuó como militar en los Balcanes. El terrible suceso del Prestige en Galicia, hizo que los esfuerzos militares tuvieran que estar presentes en las costas gallegas, y su unidad fue relevada para ayudar en las tareas de limpieza.
Para Galán, poco interesado en estas labores de limpieza, el ejército ya no era lo que buscaba y pronto comenzó a discutir con algunos de sus superiores. Mientras, lo médicos que lo vieron en el Hospital Central de la Defensa en Madrid, certificaron que Galán era una persona «inestable» y que sufría neurosis y ansiedad.
«El asesino de la baraja» comenzó a buscar trabajo lejos del ejercito y acabó siendo guarda de seguridad del aeropuerto de Barajas. Era el año 2003 y Alfredo Galán, al que le habían recomendado no consumir alcohol, empezó a planear su escalada de asesinatos.
Nombre casual
Los forenses que intervinieron en su juicio -fue condenado a 140 años de prisión- coincidieron en que Alfredo Galán siempre actuaba a quemarropa, y que sabía lo que hacía. Sus víctimas no tenían tiempo de reacción debido a la rapidez de sus disparos muy cerca de los asesinados.
Alfredo Galán no tenía previsto convertirse en un asesino en serie, pero cuando mató a su primera víctima y conoció que todo el mundo lo buscaba, comenzó a jugar a un juego peligroso. En enero de 2003, Galán, con ropa deportiva y una pistola oculta, asesinó a su primera víctima con un disparo en la nuca en las inmediaciones del aeropuerto de Barajas. Casualmente, una carta se encontró cerca del cuerpo y la prensa comenzó a llamarlo «el asesino de la baraja».
Esta popularidad y el interés social despertado, ayudado por un nombre que le gustaba, Alfredo Galán comenzó a matar los meses siguientes, dejando cinco víctimas mortales más y tres intentos de homicidio.
En los meses posteriores de 2003, Alfredo Galán mató a otras cinco personas, y en cada una de ellas dejó una carta como su firma de asesino. En marzo de 2003 dejó con vida a sus dos últimas víctimas, un hombre al que disparó y no llegó a matar y a su acompañante, a la que no pudo disparar porque se encasquilló su pistola. Antes de marcharse del lugar, la testigo contó que el asesino le tiró una carta de un dos de copas.
Entrega a la policía
Fueron meses de angustia en la ciudad de Madrid. «El asesino de la baraja» seguía suelto y ya sus crímenes estaba empezando a ser un problema para la policía que no encontraba pista alguna para detener al agresor.
El 3 de julio de 2003, Alfredo Galán entró en una comisaría de ciudad natal, Puertollano, y confesó ser «el asesino de la baraja». En el juicio se retractó de sus confesiones para que no juzgaran como criminal, pero las pruebas con testigos oculares, arma, ropa y la primera confesión, lo llevaron a la cárcel por 140 años.
Los psicólogos del caso coincidieron en que Alfredo Galán mataba por placer y que no mostraba ninguna empatía con sus víctimas. A pesar de su condena, Galán podría salir en libertad en 2023 por la Doctrina Parot.
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