HappyFM
Celebrities

La nueva vida de Rocío Madrid: de ‘Crónicas Marcianas’ a cultivar fruta

La ex concursante de Supervivientes cultiva pitayas ecológicas en la Axarquía malagueña y tiene su propia marca

Durante años fue una de las caras más reconocibles de la televisión, pero hoy Rocío Madrid ha cambiado los platós por el campo. La malagueña, que llegó a Madrid con el sueño de ser actriz, saltó a la fama como colaboradora de Crónicas Marcianas, el mítico late night de Xavier Sardá en Telecinco. Antes ya se había dejado ver en serie como 7 Vidas, Compañeros o Querido Maestro, y después llegarían muchos más proyectos: fue reportera de la primera edición de Operación Triunfo, presentó ¿Qué apostamos? y se puso a prueba en concursos como Expedición imposible o Tu cara me suena, donde quedó quinta en 2020. Además, se subió a las tablas con musicales y montajes como Los monólogos de la vagina o The Hole 2. Su última aventura televisiva fue en Supervivientes 2024, donde fue de las primeras en abandonar Honduras. Desde entonces, su vida ha dado un giro de lo más inesperado.

Hoy, Rocío vive en plena naturaleza en la Axarquía malagueña y se dedica a cultivar fruta exótica de forma ecológica. Su gran apuesta es la pitaya, también conocida como fruta del dragón: tiene unas 2.000 plantas en una finca de Chilches, y junto a un socio, cuida otras 7.000 en Torrox. Con su marido, el ex futbolista Ángel Morales, ha creado su propia marca, Pitaya la Mística, un producto gourmet que, según su web, cuenta con el sello de calidad Sabor a Málaga. La ex concursante sigue además los principios de la agricultura biodinámica, una técnica que define como «ancestral» para combatir las plagas sin productos químicos y que se guía por las mareas y las fases de la luna. Y no es su único negocio: también ha convertido parte de su finca en alojamiento rural, con una cabaña de estilo finlandés con piscina que alquila a turistas.

«Me niego a aceptar precios que no respeten nuestro trabajo»

Lejos de idealizar su nueva vida, Rocío no oculta lo duro que es trabajar la tierra: «El sector primario es muy sacrificado, pero me niego a aceptar precios que no respeten nuestro trabajo». 

Por eso tiene claro a quién quiere vender su fruta: «Prefiero vender a mis vecinos o exportar a países que valoren lo que hacemos». 

Así lo contó en una entrevista con El Mundo, en la que reconoció que, antes de dedicarse al campo, llegó a trabajar cuidando animales. Una reinvención en toda regla que demuestra que hay vida, y mucha, después de la televisión.