Òmnium financió la transformación de la manifestación de víctimas de Barcelona en un acto separatista
La Policía y la Guardia Civil tienen pruebas de que Òmnium Cultural fue la encargada de organizar y financiar la conversión de la manifestación de víctimas tras los atentados de Barcelona y Cambrils en un mero acto separatista.
Los agentes de los cuerpos nacionales han constatado que aquel 26 de agosto el envío de cartelería, pancartas o pegatinas estuvo teledirigido y financiado por esta asociación. La Asamblea Nacional Catalana (ANC) también colaboró, pero fue principalmente la agrupación que comandaba en aquel momento Jordi Cuixart -en estos momentos, en prisión preventiva- la que llevó la voz cantante y el papel de dirección en la perversión del acto.
Los lemas «Felipe, quien quiere la paz no trafica con armas», «Mariano, queremos la paz, no vender armas», «Fuera el Borbón», «No tenemos miedo, no tenemos Rey», «Puto Rey» o «Independencia» no fueron casuales, sino financiados e introducidos metódicamente.
La Guardia Civil ha informado ya de ello a la Justicia por la relevancia que tiene el hecho de que, ya en agosto de 2017, el escenario golpista y la implicación de Òmnium en los preparativos secesionistas fuese de tal calado que no estuviesen dispuestos a permitir que un acto pudiese generar un sentimiento de liderazgo del Rey -que acudió a la manifestación- y de unión y cariño hacia España.
Objetivo: ocultar el espíritu de unidad
Òmnium, por ello, llevó el liderazgo en la maniobra de evitar las fotografías de hermandad y en conseguir que, lo que tenía que haber sido una muestra de cariño entre españoles, se convirtiese en un acto de insulto al Rey y de enfrentamiento entre compatriotas.
Y lo cierto es que Òminum triunfó en la imagen pública y televisada del acto. Porque la manifestación en favor de las víctimas del atentado yihadista que asesinó a 16 personas en Barcelona y Cambrils acabó transformado en un continuo ataque al Rey y el Gobierno de España orquestado por los separatistas. Felipe VI, el presidente del Ejecutivo, Mariano Rajoy, y los miembros del Gobierno fueron insultados y abucheados en el paseo de Gracia por miles de personas estratégicamente ubicadas junto a la cabecera de la manifestación que, a petición de la ANC, acudieron a la marcha con banderas separatistas.
Para Òmnium quedó la parte más sucia: la de confeccionar, pagar y distribuir carteles antiespañoles, amedrentar a los colectivos constitucionalistas y conseguir que se entonasen continuamente consignas contra España, el Rey y el Gobierno. Fueron ellos, de hecho, los que transportaron toda la cartelería hasta el lugar, tal y como han testificado ante la Policía y Guardia Civil decenas de asistentes al acto.
El objetivo era ocultar el sentimiento que surgía ya en aquellos días de agradecimiento espontáneo de los catalanes por la presencia de Felipe VI y Doña Letizia en el homenaje de La Rambla a los fallecidos, así como por las visitas a los hospitales en los que fueron atendidos los heridos. Y, por supuesto, por la preocupación y atención obvia del Gobierno y de toda España tras los asesinatos.
«Vuestras políticas, nuestras muertes»
Y por eso los separatistas temieron que el movimiento constitucionalista -que surgió más tarde- pudiese anticiparse y frustrar el golpe del 1-O. Una razón de peso para movilizar y pervertir el acto hasta el punto de convertir una manifestación de víctimas en un sarcasmo separatista.
Dos horas antes de que iniciara la manifestación, miles de personas con insignias secesionistas convenientemente pagadas y distribuidas esperaban en el tramo del paseo de Gracia por el que pasarían más tarde las autoridades. Mientras, cientos de voluntarios de Òmnium y ANC repartían las pancartas.
Los preparativos incluyeron el lavado de imagen de Carles Puigdemont, aclamado en plena manifestación al grito de «¡president, president!». Las pitadas se reservaron para los miembros del Gobierno, encabezados por el presidente Rajoy y la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. Y en especial para el símbolo de la unidad de todos los españoles, Felipe VI, para quien se preparó el abucheo de todos los congregados separatistas.
La guinda, conocida ya por todos, fue una enorme pancarta que se erigía por encima de todos los manifestantes -y de todas las cámaras de televisión- con el lema «Vuestras políticas, nuestras muertes», junto a una fotografía de Felipe VI y el Rey de Arabia Saudí, Salman bin Abdulaziz. Y todo, por supuesto, tan espontáneo como que fue orquestado, pagado y distribuido por los miembros de Òmnium y apoyado por la ANC.
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