La solución al déficit público no pasa por aumentar los impuestos ‘tendiendo al infinito’
Francisco Coll Morales es economista y coordinador del servicio de estudios de la Fundación Civismo.
Hubo una vez en la que alguien acuñó el dicho de que «ahorrar no es solo guardar, sino también saber gastar». Y qué acertada es la frase de ese anónimo pensador, que un día llegó a la conclusión de que, de la misma forma que podemos ahorrar incrementando nuestros ingresos, también podemos hacerlo maximizando nuestros recursos.
Una enseñanza muy útil para un Gobierno como el de España que ante la factura que deja el Covid-19 pretende aplicar una subida de impuestos para incrementar los recursos, incluso en un escenario en el que existen integrantes que dicen no estar de acuerdo con esta propuesta.
En este sentido, fue la vicepresidenta Nadia Calviño la encargada de emitir un comunicado en el que advertía sobre los riesgos de una subida de impuestos en el corto plazo ante una demanda demasiado débil. Las palabras de la vicepresidenta no eran infundadas pues estaban respaldadas por la propia OCDE, que tampoco recomendaba esa subida de impuestos que trata de aplicar, en cambio, la ministra de Hacienda, Maria Jesús Montero.
En este contexto, estamos ante una propuesta del Gobierno que presenta muchas discrepancias en su aplicación. La economía española se encuentra en un escenario muy complicado, con un tejido empresarial al borde de la quiebra, a la vez que el empleo sigue destruyéndose a un ritmo muy acelerado.
La economía española se encuentra en un escenario muy complicado, con un tejido empresarial al borde de la quiebra
Teniendo en cuenta que debemos estimular la demanda y recuperar el dinamismo perdido hasta la fecha, los riesgos que presenta una subida de impuestos en un momento tan inoportuno podrían limitar la capacidad de la demanda, frenando y postergando la recuperación económica. Pues conviene señalar que la respuesta fiscal, aun siendo ambiciosa, tampoco es la más elevada por el escaso fondo de maniobra con el que contaba nuestra economía.
Esto que comentamos no es nada nuevo. Fue el mismísimo John Maynard Keynes, economista al que el Gobierno tiene en gran estima, quien hablaba de la necesidad de, en una crisis como la actual, no solo no incrementar los impuestos, sino de reducirlos.
Estimular la demanda no pasa por incrementar las barreras al consumo sino por reducirlas. Pues, como afirmaba Keynes, son las etapas de bonanza del ciclo económico en las que debemos incrementar los impuestos, y entonces, junto al ahorro y la buena gestión económica, preparar el colchón para la temporada de “vacas flacas”.
Sin embargo, la teoría se ha acabado pervirtiendo en pro del interés político: el Gobierno de Sánchez selecciona aquellas afirmaciones que interesan, a la vez que se desecha las que no interesan. Pero esto que se comenta tiene una explicación. ¿Cómo vamos a comprar la teoría de Keynes en un escenario en el que la economía española -antes de entrar a esta crisis- presentaba una deuda pública del 100% del PIB, así como un déficit del 3%, y ello, con unos presupuestos que incrementaban notablemente el gasto?
Es imposible comprar la teoría de Keynes al completo, cuando hablamos de un Gobierno que no solo se ha visto en la obligación de gastar más, sino que quiere seguir incrementando dicho gasto. Sin embargo, para ello es necesario contar con recursos; unos recursos con los que nuestra economía no cuenta.
Entramos en esta crisis sin un margen de maniobra aceptable como para ofrecer una respuesta al nivel de otras economías como Alemania o Estados Unidos. La deuda y el déficit estaban por las nubes y, para colmo, la crisis del Covid-19 ha mermado notablemente los ingresos del Estado. Una situación que, en resumen, obliga al Gobierno a subir impuestos, de querer cumplir con sus promesas.
En conclusión, hablamos de que la economía española vuelve a sufrir los efectos de una mala gestión financiera por parte del Gobierno. Una mala gestión que, hasta en la crisis del Covid-19, pretende condenarnos con una subida de impuestos, ahogando la recuperación por imponer limitaciones a la demanda.
Dicho esto, hablamos de un país que solo ha presentado una estructura presupuestaria en la que los ingresos superaban a los gastos entre los años 2005 y 2007. Desde entonces, el gasto en España ha sido siempre superior al ingreso que recibía el país.
Para hacernos una idea, en el ejercicio pasado, los gastos sumaron 521.949 millones de euros. Esto, con relación al nivel de PIB, supone más de un 40% de dicho volumen. Por su parte, los ingresos, pese a haberse situado en niveles máximos, no superaron los 477.000 millones (un 39%).
Como decía al inicio, España necesita ahorrar y mejorar su gestión financiera, y ello no debe pasar por incrementar únicamente nuestros ingresos tendiendo a infinito, sino también por aprender a gastar. Como vemos, España no es una economía que se caracterice por saber gastar pero la ciudadanía no tiene porqué seguir teniendo que pagar los platos rotos de una fiesta a la que no se le ha invitado.
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