El nuevo modelo de ‘flex living’ gana fuerza en España: la inversión inmobiliaria que ya ofrece rentabilidades de hasta el 10%
Una nueva modalidad de alquiler temporal con servicios similares a los de un hotel
La oferta de alquiler se hunde un 42% en ciudades intervenidas y aumentan las viviendas en Madrid o Málaga
El intervencionismo hunde el alquiler tradicional en Cataluña y dispara hasta un 90% los pisos turísticos
El mercado inmobiliario en España está en plena transformación, aunque muchas veces el debate se centre sólo en los precios o en la falta de oferta. Mientras tanto, hay un modelo que empieza a abrirse paso sin hacer demasiado ruido: el llamado ‘flex living’. Se trata de una fórmula que combina apartamentos con servicios propios de un hotel, pensada para estancias temporales y perfiles que no quieren atarse a contratos largos.
De este modo, y en un contexto marcado por el encarecimiento de la vivienda y las nuevas limitaciones al alquiler turístico, esta alternativa encaja cada vez más. Además, también está captando el interés de los inversores. No tanto por moda, sino por números: algunos proyectos ya se mueven en rentabilidades de entre el 7% y el 10%, por encima de lo que ofrece hoy el alquiler tradicional en muchas grandes ciudades.
El nuevo modelo de ‘flex living’ gana fuerza en España
El crecimiento del ‘flex living’ en España no es casual. Responde a un cambio claro en la demanda, en el que a los turistas tradicionales se han sumado perfiles como nómadas digitales, profesionales desplazados, investigadores o incluso familias que necesitan una vivienda durante unos meses, de modo que se buscan alojamientos listos para entrar a vivir, bien ubicados y con servicios incluidos. Y, sobre todo, con flexibilidad en los plazos.
Este modelo permite estancias de semanas o meses sin necesidad de firmar contratos largos ni asumir grandes fianzas. Es, en cierto modo, un punto intermedio entre el alquiler tradicional y el hotel.
Parte del éxito del ‘flex living’ está en que no encaja del todo en lo de siempre. No es un hotel al uso, aunque comparte algunos servicios. Tampoco es un piso turístico ni un alquiler clásico de larga duración. En la práctica, lo que se encuentra el usuario son apartamentos listos para entrar a vivir, con gestión profesional y servicios incluidos: desde limpieza o mantenimiento hasta zonas comunes pensadas para convivir o trabajar. Hay otro detalle que explica por qué está creciendo tanto. Estos proyectos no se levantan sobre vivienda residencial, sino sobre suelos terciarios y con licencias específicas. Es decir, no compiten directamente con el parque de vivienda habitual, algo clave en un momento en el que el acceso a la vivienda está en el centro del debate.
La regulación impulsa el cambio del mercado
El crecimiento del ‘flex living’ también está muy ligado a la regulación. En los últimos años, varias ciudades han endurecido las normas sobre viviendas turísticas para proteger el parque residencial. Barcelona, por ejemplo, prevé eliminar progresivamente las licencias antes de 2028. Madrid, por su parte, ha puesto en marcha el Plan Reside, que limita este tipo de alojamientos a edificios completos o con accesos independientes.
Este contexto ha empujado a muchos operadores a buscar alternativas legales y sostenibles. Y ahí es donde este nuevo modelo ha encontrado su espacio, al no competir directamente con la vivienda habitual.
Rentabilidades que llaman la atención
Si hay algo que está poniendo el foco sobre el ‘flex living’ no es sólo el modelo en sí, sino los números. Y ahí es donde muchos inversores han empezado a mirar con interés. En algunos proyectos, la ocupación supera el 90%. Eso, traducido a ingresos, permite hablar de rentabilidades que se mueven entre el 7% y el 10%. En el contexto actual, donde el alquiler tradicional en grandes ciudades está cada vez más ajustado, no es un dato menor.
Detrás de esas cifras hay varias razones. Por un lado, la demanda: cada vez hay más gente que busca este tipo de estancias flexibles. Por otro, la gestión. No es un piso que se alquila y ya está, sino un modelo que se explota de forma continua, casi como un activo hotelero. También influye cómo están planteados estos proyectos. En muchos casos, quien promueve también gestiona, lo que permite controlar mejor tanto la ocupación como los ingresos.
Un crecimiento que ya se nota en las cifras
No es algo puntual. Los datos empiezan a reflejar que el modelo está cogiendo tamaño. Según CBRE, en apenas unos años se ha pasado de unas 2.000 camas a cerca de 10.000 en España. Y la previsión es que siga creciendo. De hecho, estimaciones de JLL apuntan a que el mercado podría duplicarse antes de 2028, y eso se traduce también en inversión. Se habla de más de 1.600 millones de euros en proyectos en marcha o en desarrollo.
Madrid y Barcelona concentran la mayor parte de la oferta, pero ya no son las únicas. Ciudades como Valencia o Málaga empiezan a aparecer con fuerza, en parte por su atractivo para perfiles internacionales. Para quien invierte, es una vía distinta, con más gestión pero también con más margen. Para quien lo utiliza, una opción más cómoda y flexible, y para las ciudades, un modelo diferente para vivir de alquiler que intenta no tensionar aún más el acceso a la vivienda tradicional.
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