`
Economía
Defensa

Ni aviones ni misiles: el Gobierno acaba de gastar 29,6 millones en un sistema de defensa inaudito que acaba con los drones

El Gobierno ha aprobado una nueva inversión en Defensa. No es una de las más elevadas, pero sí refleja un cambio en el tipo de amenazas que se están priorizando. En este caso, el foco no está en cazas ni en sistemas de largo alcance, ya que la decisión gira alrededor de algo bastante más concreto: proteger a los buques de la Armada frente a ataques con drones y sistemas lanzacohetes, una amenaza que, hace unos años, apenas ocupaba espacio en el debate y que ahora empieza a ser habitual.

El importe aprobado es de 29,6 millones de euros, una cifra moderada si se compara con otros contratos recientes, pero suficiente para poner en marcha un acuerdo que se alargará varios años. El Ejecutivo ha aprobado un acuerdo marco para incorporar tres sistemas de defensa naval. No es una compra inmediata ni un despliegue de golpe sino que será algo progresivo, que se irá desarrollando con el tiempo. La intención es que los buques tengan herramientas para detectar y reaccionar ante amenazas que pueden aparecer casi sin margen, sobre todo drones, aunque también sistemas de lanzamiento de cohetes.

Se compra un nuevo sistema de defensa que acaba con los drones

No se trata de una hipótesis. Este tipo de ataques ya se ha visto en distintos escenarios internacionales y, en más de una ocasión, han generado problemas reales incluso con medios bastante simples. Por este motivo, y desde Defensa lo plantean como una forma de reforzar la seguridad de la Armada y de mejorar la capacidad de respuesta en situaciones complejas. Es decir, no sólo detectar la amenaza, sino poder reaccionar a tiempo.

Uno de los aspectos que más se repite en este tipo de acuerdos es el plazo, porque en este caso no hay entregas inmediatas ni fechas cerradas a corto plazo. El contrato tendrá una duración de seis años desde que se formalice y, durante ese tiempo, se irán incorporando los sistemas, ajustando el ritmo según lo que necesite la Armada. Este formato tiene bastante sentido en un campo como este, donde la tecnología cambia rápido y comprometer toda la inversión desde el principio no siempre es la mejor opción. Además, permite repartir el gasto en varios ejercicios, algo que también influye en cómo se organizan este tipo de decisiones.

Por qué los drones han pasado a ser un problema serio

Hace no tanto, hablar de defensa era pensar en grandes equipos como los aviones, fragatas, sistemas de misiles, y además todo bastante visible. Pero el escenario ha cambiado y lo ha hecho rápido. Los drones han ido ganando terreno poco a poco, primero como herramienta de apoyo, luego como elemento central en algunas operaciones y, hoy, en muchos conflictos, son una pieza más del tablero.

Son relativamente baratos, se pueden usar de muchas formas y, en determinadas condiciones, no son fáciles de interceptar, lo que obliga a replantear muchas cosas. En el caso de los buques, el margen de reacción es limitado, porque si una amenaza llega por sorpresa, el tiempo para actuar es mínimo, de ahí que se busquen sistemas específicos para este tipo de situaciones. No sustituyen a otros sistemas de defensa, pero sí añaden una capa más que cada vez se considera necesaria.

Una decisión más dentro de un contexto más amplio

Este acuerdo no llega aislado, sino que forma parte de una serie de decisiones que se han ido aprobando en los últimos meses. A principios de marzo, por ejemplo, el Consejo de Ministros autorizó una transferencia de crédito de más de 1.300 millones de euros para el Ministerio de Defensa, con el objetivo de cubrir distintas necesidades operativas. Además, muchas de estas inversiones se están canalizando a través de acuerdos concretos del propio Consejo, lo que permite ir aprobando partidas sin necesidad de modificar el presupuesto general. En este caso, la inversión es más concreta, más acotada, pero encaja dentro de esa misma línea.

Un escenario que obliga a adaptarse

Al final, todo esto responde a algo bastante evidente y es que el escenario ya no es el mismo que hace unos años, ni tan siquiera hace cinco. De hecho, en muy poco tiempo han ido apareciendo nuevas formas de atacar y, con ellas, también nuevos problemas a los que antes no se prestaba tanta atención. Los drones son quizá el ejemplo más claro, aunque no el único. Se han ido metiendo poco a poco en este tipo de situaciones hasta convertirse en algo habitual. Y eso, en la práctica, obliga a adaptar los sistemas que ya existían en lugar de centrarse solo en grandes cambios. En el caso de la Armada, lo que se busca es no quedarse atrás. Mantener los buques preparados para situaciones que pueden cambiar en cuestión de segundos y donde reaccionar a tiempo marca la diferencia ya que, muchas veces, lo que parece menor acaba teniendo más peso del esperado.