Fernando y Ana viven en una autocaravana de 7 metros: «Estamos jubilados y nuestra pensión es modesta, hemos ahorrado dinero»
Una pareja de jubilados decidieron cambiar su vida y viven en una autocaravana desde hace 3 años
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Fernando y Ana es una pareja de jubilados que llevan tres años viviendo de forma permanente en una autocaravana de siete metros. Cuando se jubilaron decidieron abandonar su casa y reducir los gastos que cada mes se llevaban buena parte de su pensión. Dejaron de tener gastos como el de la comunidad de propietarios, el garaje y varios suministros y, según explican, el cambio les ha permitido llegar con más desahogo a final de mes y ahorrar dinero.
Desde hace tres años, esta pareja recorre España sin una dirección fija y duermen cada noche en el mismo hogar, aunque el paisaje cambie al otro lado de las ventanas. Su vivienda es una Fiat Ducato Maxi de 27 años a la que llaman «La Vaca», un vehículo antiguo que han adaptado a sus necesidades y cuyo mantenimiento asumen siempre que pueden que además inspira el nombre de su cuenta en redes @lavacaenruta donde muestran su día a día, cómo son sus trayectos, que lugares visitan y en definitiva, cómo es vivir en una autocaravana.
Fernando y Ana viven en una autocaravana de 7 metros
Fernando llegó a España desde Buenos Aires en 1970. Con los años comenzó a sentirse cansado de una rutina organizada alrededor de la casa, el coche, la hipoteca, el trabajo y las obligaciones familiares. Ana, de origen venezolano, compartía el deseo de reservar una parte de sus vidas para ellos mismos después de décadas de esfuerzo y responsabilidades.
La jubilación les ofreció la ocasión de hacerlo. No querían salir de vacaciones durante unos meses, sino convertir la autocaravana en su residencia habitual. Fernando ha explicado en esta entrevista, que le pidieron a la vida que se detuviera para empezar a dirigirla ellos y no continuar dejándose llevar. Ana lo resume de otra manera: la parte de vida que les queda quieren dedicársela a sí mismos. Y con eso en mente, su día a día transcurre entre pequeños pueblos, rutas a pie y paradas sin demasiados planes. Durante el verano suelen alejarse de las playas más saturadas y buscan zonas de montaña. Si están cómodos, prolongan su estancia; si el sitio no les convence, recogen y continúan el viaje. Esa posibilidad de cambiar de jardín cada mañana es una de las libertades que más valoran.
Una autocaravana de 27 años convertida en hogar
«La Vaca» es una Fiat Ducato Maxi de siete metros y la pareja es su tercera propietaria. Cuando Fernando la compró tenía 84.000 kilómetros y actualmente supera los 127.000. Pese a su antigüedad, Ana señala que se encontraba bien conservada. Sus muebles de madera destacan por una solidez que Fernando echa en falta en algunos modelos recientes, fabricados con materiales más ligeros, aunque vivir a todas horas en ella les obliga a estar pendientes ante cualquier fallo o avería. Algo que experimentaron precisamente hace un tiempo cuando una filtración detectada en una pared requirió cinco meses de trabajo. En lugar de encargar la reparación, desmontaron la zona afectada, arreglaron los desperfectos y pintaron el exterior por su cuenta.
Gastaron 1.631 euros, mientras que únicamente el presupuesto de pintura que habían recibido superaba los 3.000. El arreglo les permitió ahorrar y entender mejor cómo está construida su única casa. Esa autonomía resulta especialmente útil cuando una avería afecta al mismo tiempo al vehículo y a la vivienda. Aunque no todo puede solucionarse sin profesionales, encargarse de parte del mantenimiento evita que cada problema termine convertido en una factura difícil de asumir.
Los gastos que dejaron atrás y los que tienen ahora
La diferencia económica se encuentra principalmente en los recibos que desaparecieron al abandonar la casa. Ya no pagan comunidad de propietarios, plaza de garaje ni varios suministros domésticos. Fernando recuerda que antes, alrededor del día 15 o 17, ya esperaban que llegara el 24 para cobrar la pensión. Ahora terminan el mes con dinero disponible. Eso no significa que esta vida sea gratuita. La autocaravana necesita combustible, mantenimiento y reparaciones. Ellos adaptan el ritmo de los viajes a sus posibilidades y no entienden la carretera como una sucesión constante de kilómetros. Quedarse varios días en un lugar también forma parte de su manera de reducir gastos y conocer el entorno.
En la entrevista que podemos ver en el canal de You Tube de Arnau Serrado, Ana y Fernando cuentan que compran comida, butano y otros productos en los municipios que visitan. Frente a la idea de que los autocaravanistas pasan sin dejar dinero, sostienen que parte de su presupuesto termina en los comercios de cada localidad. Y tres años después, ninguno plantea recuperar la vida anterior. Su experiencia tampoco implica que una autocaravana sea adecuada para cualquier jubilado ya que exige adaptarse a un espacio pequeño y convivir con posibles averías. En su caso, siete metros han bastado para reducir gastos y recuperar el control sobre su tiempo.