Se dispara el debate entre los expertos: por qué tener una segunda residencia no es buena idea para los jubilados
Los motivos por los que una segunda residencia estando jubilados puede no ser una buena opción
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Durante años, tener una segunda residencia ha sido casi un objetivo para muchas persona, incluso conseguirla con vistas a disfrutarla cuando se esté jubilado. Una casa en la playa, en el pueblo o en la sierra, algo a lo que ir cuando llega el verano o cuando se tiene más tiempo libre una vez el trabajo quede atrás. De hecho, mucha gente ha trabajado pensando en eso, en tener un sitio propio al que escaparse sin depender de hoteles ni de fechas, pero el problema es que lo que durante la etapa laboral puede tener sentido, cambia bastante cuando llega la jubilación ya que varios expertos señalan como tener esa segunda casa una vez jubilado ya no puede ser tan rentable como parece.
No es que tener otra vivienda sea malo por sí mismo, sino porque la situación económica cuando uno está jubilado ya no es la misma. Los ingresos se reducen, los gastos siguen estando ahí y, además, aparecen imprevistos que antes se podían asumir con más facilidad. En ese contexto, mantener una segunda casa no siempre encaja tan bien como parecía en un principio. Por este motivo, cada vez más economistas están poniendo el foco en esto. No hablan tanto de vender o no vender, sino de entender bien lo que supone una segunda residencia al llegar a la jubilación. Porque hay casos en los que se tiene bastante patrimonio sobre el papel, pero eso no se traduce en dinero disponible cuando hace falta. Y ahí es donde empiezan los problemas.
Por qué tener una segunda residencia no es buena idea para los jubilados
Uno de los puntos que más se repite cuando se analiza este tema sobre el hecho de tener una segunda residencia es la falta de liquidez. Dicho de otra forma: se puede tener una vivienda con bastante valor y, aun así, no tener efectivo para afrontar ciertos gastos. Esto se nota más cuando se deja de trabajar, porque el margen para generar ingresos extra es mucho menor.
El problema es que una casa no se convierte en dinero de un día para otro ya que si surge un gasto importante, no basta con decir «vendo y ya está». Hay que encontrar comprador, esperar, negociar y, muchas veces, aceptar el precio que haya en ese momento. Y eso no siempre coincide con lo que uno espera sacar. Por eso algunos expertos insisten en que no todo es acumular patrimonio, sino tener parte de ese patrimonio en algo que se pueda usar con rapidez. Porque si no, se puede dar una situación bastante incómoda: tener mucho en propiedades y poco disponible para el día a día.
Los gastos que siguen llegando aunque no se use
Luego está la parte de los costes, que muchas veces se pasan por alto. Tener una segunda residencia implica pagar impuestos, mantenimiento y otros gastos fijos aunque la casa esté vacía la mayor parte del año. No es algo puntual, sino algo que se repite todos los meses o todos los años. En muchos casos, solo entre comunidad, IBI y pequeños gastos, se pueden ir fácilmente más de 100 euros al mes sin estar utilizándola.
En el caso de España, además, hay un detalle que no todo el mundo tiene en cuenta. Si la vivienda no es la habitual ni está alquilada, puede generar una imputación de renta en el IRPF. Es decir, se paga por ella aunque no esté dando ingresos reales. A eso hay que sumar posibles derramas, reparaciones y todo lo que vaya surgiendo. Algunos optan por alquilarla para compensar esos gastos, pero eso también tiene su parte ya que también eso hay que gestionarlo, declararlo y asumir ciertas obligaciones. No es tan automático como parece, y no todo el mundo quiere complicarse con eso en esa etapa.
No es una mala idea para todos, pero tampoco siempre compensa
Dicho todo esto, tampoco se trata de decir que tener una segunda residencia sea un error en todos los casos, sino que hay personas que la utilizan mucho, que tienen una buena situación económica o que simplemente prefieren asumir esos costes porque les compensa a nivel personal. Sin embargo, el problema aparece cuando se da por hecho que siempre es una buena decisión sin analizarla demasiado. Por este motivo, debemos tener en cuenta más que nunca que en la jubilación, cualquier gasto fijo pesa más, y cualquier dinero inmovilizado puede hacer falta en algún momento. Por eso cada vez se insiste más en revisar estas decisiones con calma.
Al final entonces la clave está en el equilibrio ya que ni es algo que haya que descartar siempre ni algo que se deba mantener sin pensarlo. Depende de cada caso, pero lo que está claro es que ya no se ve con los mismos ojos que hace unos años. Y ese cambio de enfoque es lo que está alimentando el debate.
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