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Ernest Hemingway

La reflexión de Ernest Hemingway sobre España que sigue inspirando: «Si el pueblo español tiene algún rasgo común es el orgullo y si tiene otro es el sentido común»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Ernest Hemingway fue uno de los escritores más influyentes del siglo XX y una figura cuya vida estuvo marcada por la aventura, la guerra, los viajes y una profunda pasión por la literatura. Nacido en Illinois en 1899, sus experiencias como conductor de ambulancias durante la Primera Guerra Mundial y como corresponsal en la guerra civil española dejaron una huella importante en su obra.

Hemingway escribía con frases breves y directas, utilizando una prosa sobria, concisa y contundente. Sentía pasión por los toros y la caza mayor, y los protagonistas de sus relatos suelen ser personas valientes y firmes en sus principios, marcadas por profundas heridas, tanto físicas como emocionales. Entre sus obras más conocidas destacan «Fiesta», «Adiós a las armas», «Por quién doblan las campanas» y «El viejo y el mar», novela por la que recibió el Premio Pulitzer en 1953. Un año después obtuvo el Premio Nobel de Literatura, consolidando su prestigio internacional.

«Si el pueblo español tiene algún rasgo común es el orgullo y si tiene otro es el sentido común»

En su obra «Muerte en la tarde», Ernest Hemingway también dedicó unas palabras al carácter español: «Si el pueblo español tiene algún rasgo común es el orgullo, y si tiene otro es el sentido común. El sentido común es tan fuerte y seco como las llanuras y mesetas de Castilla». El escritor estadounidense visitó España por primera vez en 1921, siguiendo los consejos de su mentora, Gertrude Stein, y regresó dos años después.

En 1923, visitó Pamplona para conocer los Sanfermines. Su pasión por estas fiestas y por la cultura española fue creciendo con los años, hasta convertirse en una de las figuras más vinculadas a la ciudad navarra. En 1926, publicó «Fiesta», una novela que despertó el interés por los Sanfermines fuera de España. Hoy en día, lugares emblemáticos como el Café Iruña, donde cuenta con un rincón dedicado a su memoria, mantienen vivo su legado.

El escritor llegó a expresar, según relatan algunos biógrafos y personas cercanas, su deseo de haber nacido español. Otra etapa decisiva en la vida de Hemingway fue su trabajo como corresponsal durante la Guerra Civil española, entre 1936 y 1939, que sirvió de inspiración para una de sus novelas más célebres, «Por quién doblan las campanas», publicada en 1940.

Bajo su punto de vista, los españoles destacaban por su dignidad y su orgullo, cualidades que, a su juicio, les impedían tolerar las humillaciones, especialmente cuando procedían de un extranjero. En la misma línea, Napoleón Bonaparte afirmó: «Los españoles son el único pueblo que no permite que los extranjeros critiquen sus propias instituciones al mismo tiempo que ellos son los primeros en hacerlo».

Sin embargo, esta actitud no se interpretaba necesariamente como arrogancia, sino como una expresión del carácter y del sentido del honor. Los españoles podían discrepar, discutir e incluso enfrentarse por motivos muy diversos, pero difícilmente aceptaban aquello que consideraban una afrenta a su dignidad. Desde esta perspectiva, Hemingway retrataba a un pueblo capaz de mantener la cabeza alta y defender su orgullo incluso en las circunstancias más adversas.

Recibió el Premio Pulitzer en 1953 por su novela «El viejo y el mar» y, al año siguiente, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. España siguió ocupando un lugar destacado en su trayectoria literaria, presente en sus relatos sobre Pamplona y los Sanfermines, su fascinación por las corridas de toros y sus experiencias como corresponsal durante la Guerra Civil española.

Reflexiones de Ernest Hemingway