Ramón Llull, filósofo español: «No tengas amistad con quien tenga poderosos enemigos»
El filósofo mallorquín vivió en una época marcada por las alianzas y el poder
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Meterse en los problemas de los demás puede salir caro a veces, incluso cuando lo hacemos por ayudar a un amigo. Una discusión que al principio nos resulta completamente ajena puede acabar afectándonos por algo tan simple como tomar partido. Y aunque hoy esto pueda suceder en el trabajo, en la familia o incluso en las redes sociales, la preocupación viene de bastante atrás.
Ramón Llull la resumió hace más de 700 años en una frase muy directa: «No tengas amistad con quien tenga poderosos enemigos». Leída ahora puede parecer un consejo bastante interesado. Si un amigo tiene problemas, lo normal no es salir corriendo. Pero el filósofo mallorquín vivió en una época en la que ponerse al lado de alguien podía tener consecuencias mucho más serias de las que imaginamos actualmente.
Ramón Llull, filósofo español: «No tengas amistad con quien tenga poderosos enemigos»
A todos nos ha pasado tener un amigo o un familiar que de repente discute con alguien y nosotros nos ponemos de su lado por empatía. No conocemos a la otra persona pero opinamos igual que nuestro amigo, y eso es precisamente lo que aborda la frase de Llull y de hecho, hace que siga siendo fácil de entender tantos siglos después. La amistad no obliga a hacer nuestros todos los enfrentamientos de otra persona, pero es algo tan inevitable, que es mejor mantenerse alejado de eso conflictos.
La palabra «poderoso» tampoco está ahí por casualidad. En plena Edad Media, tener enfrente a alguien con dinero, influencia o una posición social importante podía complicar mucho las cosas. Además, las relaciones familiares y personales estaban estrechamente relacionadas con las alianzas y los intereses. Si uno se acercaba demasiado a una de las partes, podía terminar señalado como integrante de ese mismo bando. Hoy las circunstancias son otras, pero basta con conocer a alguien que encadena problemas con compañeros, familiares o vecinos para comprender la idea. Antes de entrar en una pelea que no es nuestra, quizá convenga saber bien de dónde viene.
Ramón Llull reunió alrededor de mil consejos en un libro
La sentencia se atribuye al «Llibre de mil proverbis» («Libro de los mil proverbios»), escrito por Llull a comienzos del siglo XIV. La obra reúne alrededor de un millar de frases sobre asuntos muy variados y bastante cotidianos: desde la amistad y el amor hasta la justicia, la esperanza, la pobreza o la humildad. Llull utilizó aquí una fórmula muy diferente a la de sus obras filosóficas más complejas. Los proverbios tenían que ser breves y fáciles de recordar. No pretendía explicar en varias páginas qué hacer ante cada situación, sino condensar una enseñanza en unas pocas palabras.
De esta obra y de otros textos suyos han llegado hasta nuestros días numerosas sentencias. Entre las más conocidas están «Pobre es quien recibe, y no da», «La paciencia comienza con lágrimas y, al fin, sonríe» o «Vive mejor el pobre dotado de esperanza que el rico sin ella». La amistad ocupó también un espacio entre sus reflexiones. Y, como demuestra la frase sobre los enemigos, Llull no se quedó únicamente con su parte más amable. También escribió sobre las complicaciones que podían acompañar a determinadas relaciones.
Quién fue Ramón Llull
Ramón Llull nació en Mallorca hacia 1232. También conocido como Raimundo Lulio, fue filósofo, escritor, teólogo, místico y misionero. Su vida no estuvo siempre dedicada a los libros. Durante su juventud estuvo vinculado a la corte y disfrutó de una posición acomodada. El cambio llegó alrededor de los treinta años. Según su relato biográfico, varias experiencias religiosas hicieron que abandonara aquella etapa y orientara su vida hacia el estudio y la fe. Después vendrían años de viajes, proyectos y una producción escrita enorme.
Recorrió diferentes lugares del Mediterráneo y viajó también al norte de África. Entre sus objetivos estaba conseguir que se crearan centros donde los futuros misioneros pudieran estudiar otras lenguas, una idea para la que buscó el respaldo de reyes, papas y personajes influyentes. Su importancia también está relacionada con la lengua en la que escribió. Además del latín, utilizó el catalán para hablar de materias como filosofía, ciencia y teología, algo poco habitual entonces. Por ello, Llull ocupa un lugar fundamental en la historia del catalán literario.
No todos los enemigos de un amigo tienen que ser nuestros
Tomar la frase al pie de la letra sería otra cosa. Una persona puede tener un enemigo poderoso precisamente porque está sufriendo una injusticia. En una situación así, alejarse únicamente porque la otra parte tiene más influencia convertiría la prudencia en conveniencia. El caso cambia cuando alguien vive saltando de un enfrentamiento a otro y pretende que sus amigos participen en todos ellos. Escuchar no obliga a intervenir y apoyar a una persona tampoco significa pensar que siempre tiene razón. Quizá ahí esté la parte del consejo de Llull que mejor ha envejecido. No hace falta abandonar a un amigo cuando tiene problemas, pero tampoco tenemos por qué convertir automáticamente sus peleas en las nuestras.