Ni poto ni monstera: la mejor planta de interior que puedes poner en tu casa para aliviar el calor y crear un refugio verde en verano
El interés por tener una planta de interior (o muchas) ha crecido con fuerza en los últimos años, pero vamos a ser honestos: no siempre es para decorar y que quede mono. Con los veranos cada vez más calurosos, muchos hogares españoles buscan alternativas que sean baratas, silenciosas y fáciles de mantener. Y como la naturaleza es sabia, las plantas entran en ese debate.
El poto y la monstera dominan las tendencias de decoración vegetal, pero vamos, que su efecto sobre la temperatura del hogar es limitado. Justamente, existe una especie con una de las tasas de transpiración más altas de toda la botánica ornamental. Es una planta capaz de liberar agua de forma constante y de reducir la temperatura del ambiente de manera medible.
La mejor planta de interior para el verano no es una monstera ni un poto: ¿Cuál es?
La Dypsis lutescens, conocida popularmente como palmera areca, es originaria de Madagascar y se ha convertido en la especie de referencia cuando se habla de refrigeración vegetal.
Un ejemplar adulto de unos dos metros de altura puede liberar hasta un litro de agua cada 24 horas a través de sus hojas. Hablamos entonces de una tasa de transpiración que la botánica ornamental rara vez registra en otras plantas de interior.
La temperatura no cae por arte de magia. Lo que ocurre es una evaporación continua que enfría el aire de forma inmediata, igual que funciona el sudor en el cuerpo humano. Estudios de referencia, incluidos los de la NASA sobre vegetación en espacios cerrados, confirman que una buena colección de plantas puede bajar el termómetro hasta cuatro grados.
A diferencia del poto (que crece en vertical o colgante) o de la monstera (que se extiende en horizontal), la areca aporta un volumen tridimensional de vegetación: sus hojas arqueadas y densas crean un filtro de aire en todas las direcciones. Esa arquitectura vegetal es lo que la diferencia del resto.
¿Por qué la areca enfría mejor que cualquier otra planta de interior?
El mecanismo va directo al grano. La palmera areca transpira activamente a través de sus hojas, y esa evaporación extrae calor del aire cercano. Cuanto más densa es la masa vegetal, mayor es el efecto. De ahí que la areca resulte más eficaz que plantas de hoja única o de crecimiento escaso.
Su follaje proporciona sombra tridimensional. Esto, desde luego, no solo protege el suelo del balcón o del salón, sino también las paredes adyacentes.
Eso reduce la inercia térmica de la fachada (la cantidad de calor que el muro absorbe durante el día y libera por la noche), uno de los factores que más influye en la temperatura interior durante el verano.
Cuando se colocan varios ejemplares en grupo, el efecto se multiplica. La zona puede llegar a estar entre dos y cuatro grados por debajo del entorno, lo que los botánicos denominan un ‘microclima tropical’ inducido por la vegetación.
La areca también filtra toxinas como el benceno y el formaldehído, y contribuye a reducir el dióxido de carbono. Podríamos entonces añadir que es tan noble que mejora el aire que se respira.
Cómo colocar y cuidar la palmera areca para que funcione al máximo en verano
Por empezar, esta planta de interior no tolera el sol directo. Sus hojas se queman con facilidad si reciben radiación solar sin filtrar, así que la ubicación correcta es junto a una ventana con luz brillante pero tamizada, o en una terraza con sombra parcial. El interior de un salón bien iluminado es su entorno ideal en un piso español.
En cuanto a la maceta, el barro es el material más recomendable. La porosidad del barro permite que parte del agua se evapore también a través de las paredes del recipiente, lo que añade una capa adicional de enfriamiento al efecto de las hojas.
El riego debe ser moderado y constante: el sustrato tiene que mantenerse ligeramente húmedo, pero sin encharcarse. La areca es sensible a la pudrición de raíces. En verano conviene pulverizar las hojas con agua para compensar el calor y prevenir la aparición de ácaros, que proliferan en ambientes muy secos.
Por último, la fertilización mensual durante los meses de calor (con abono diluido a la mitad) activa el crecimiento y mantiene las hojas en buen estado. Un ejemplar bien cuidado puede superar los dos metros en pocos años, que es cuando su efecto refrigerador empieza a notarse de verdad.
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