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Se insta a los hogares españoles a seguir la «regla de la colada de 30 minutos» en junio

  • Laura Mesonero
  • Laura Mesonero Ortiz (Madrid, 2002) Periodista especializada en SEO editorial y desarrollo de audiencias digitales, con experiencia en medios nacionales de referencia como La Razón (Grupo Planeta), The Objective media y ahora en OkDiario. Experta en estrategia de contenidos orientada a Google Discover y Google Search. Perfil híbrido entre redacción, análisis de datos y visión estratégica.

Con la primavera entrando en su recta final y a tan solo unas semanas del comienzo oficial del verano, son muchos los que aprovechan el aumento de las temperaturas para dejar de usar la secadora y volver a secar la ropa al aire libre. Los días más largos y el calor invitan a tender en terrazas, balcones y patios con la confianza de que las prendas estarán listas en pocas horas. Sin embargo, lo que muchos pasan por alto es que las altas temperaturas suelen ir acompañadas de una mayor humedad ambiental, especialmente en las zonas costeras o cercanas al mar.

En este contexto, un gesto aparentemente insignificante, como dejar la colada demasiado tiempo dentro del tambor de la lavadora, puede acabar afectando tanto al olor como a la durabilidad de las prendas. Por ello, los expertos insisten en que seguir una sencilla pauta conocida como la «regla de los 30 minutos» puede marcar una gran diferencia durante los meses más cálidos.

En qué consiste la regla de los 30 minutos

La recomendación es simple: una vez que finaliza el programa de lavado, la ropa no debería permanecer más de media hora dentro de la lavadora. Aunque pueda parecer una cuestión menor, el interior del tambor se convierte en un entorno ideal para la proliferación de bacterias cuando las prendas húmedas permanecen demasiado tiempo encerradas.

El calor propio de la temporada, combinado con la humedad acumulada tras el lavado, favorece la aparición de microorganismos responsables de los malos olores e incluso de pequeñas colonias de moho que pueden acabar impregnando los tejidos. Por eso, sacar la ropa lo antes posible y tenderla inmediatamente es una de las medidas más eficaces para mantener la frescura de las prendas.  

El calor no siempre juega a favor

Existe la creencia de que durante el verano cualquier prenda se seca rápidamente y sin complicaciones. Sin embargo, los especialistas recuerdan que el calor no siempre garantiza un secado óptimo. En ciudades costeras o en jornadas especialmente húmedas, la ropa puede tardar más de lo esperado en perder completamente la humedad acumulada.

Además, cuando las prendas permanecen durante horas dentro de la lavadora tras finalizar el ciclo, comienzan a desarrollar ese característico olor a humedad que muchas veces obliga a repetir el lavado. Según explican expertos del sector de la lavandería, la cuenta atrás comienza en el mismo instante en que termina el programa.

El bicarbonato, un aliado para la colada de verano

Junto a la regla de los 30 minutos, los especialistas recomiendan asegurarse de que la ropa esté completamente seca antes de guardarla en armarios o cajones. Incluso una ligera humedad residual puede provocar malos olores con el paso de los días.

Para quienes buscan una ayuda adicional, el bicarbonato de sodio sigue siendo uno de los remedios más efectivos. Este producto ayuda a neutralizar los olores, mejora la acción del detergente y contribuye a eliminar parte de las bacterias responsables de los problemas de olor persistente.

En los casos más complicados, los expertos aconsejan dejar las prendas en remojo durante media hora en una mezcla de agua caliente y bicarbonato antes de volver a lavarlas.

Un pequeño gesto que protege la ropa

Aunque durante junio y los meses de verano resulte tentador confiar en que el calor solucionará cualquier problema relacionado con la colada, los profesionales recuerdan que el cuidado de las prendas empieza mucho antes de tenderlas. Sacar la ropa del tambor en los primeros 30 minutos tras finalizar el lavado no solo ayuda a evitar olores desagradables, sino que también reduce la aparición de bacterias y contribuye a conservar mejor los tejidos.