Curiosidades
Psicología

Los expertos en psicología coinciden: las personas que miran la hora todo el rato no lo hacen porque tengan prisa, en realidad es su forma de controlar sus emociones

Mirar el reloj una vez cuando estamos esperando el autobús por ejemplo o si hemos quedado con alguien y vemos que no llega, es del todo lógico. Otra cosa es hacerlo varias veces mientras vemos la televisión, hablamos con alguien o estamos tranquilamente en casa y no tenemos que ir a ningún sitio. Pero hay personas que sí repiten este gesto casi sin darse cuenta. Miran la hora, siguen con lo que estaban haciendo y, cinco minutos después, vuelven a comprobarla. ¿Qué personalidad esconde esta acción?

Lo primero que podemos pensar es que tienen prisa o que se están aburriendo. Y si ocurre mientras hablamos con ellas, probablemente nos siente incluso un poco mal. Sin embargo la psicología deja claro, que mirar continuamente la hora no siempre significa que alguien quiera marcharse. Detrás puede haber algo tan sencillo como la costumbre, pero también una necesidad de saber en qué punto del día se encuentra y cuánto tiempo queda para lo siguiente. De hecho, conocer la hora nos proporciona una información muy concreta en cuestión de segundos y puede aportar algo de orden cuando tenemos la cabeza llena de cosas.

Las personas que miran la hora todo el rato no lo hacen porque tengan prisa

Uno de los conceptos que ayuda a entender este comportamiento es la denominada necesidad de cierre cognitivo. Los psicólogos Donna Webster y Arie Kruglanski desarrollaron incluso una escala para estudiar las diferencias entre personas en su deseo de obtener respuestas claras y evitar la ambigüedad. ¿Y qué tiene que ver esto con mirar el reloj? Pensemos en una mañana cualquiera. Tenemos que trabajar, hacer la compra, recoger a los niños o acudir a una cita. Aunque sepamos perfectamente cuáles son nuestros planes, conocer la hora nos permite situarlos. No elimina las obligaciones, pero hace que el día parezca algo más previsible.

Por eso hay personas que ni siquiera necesitan tener una cita para consultar continuamente el reloj. Saber cuánto tiempo ha pasado y cuánto queda hasta la siguiente tarea puede proporcionarles esa pequeña referencia que buscan. No significa necesariamente que sufran ansiedad ni que exista un problema psicológico. En muchas ocasiones simplemente les resulta cómodo tener el tiempo bajo control.

El cerebro también busca quitarse trabajo de encima

Hay otra explicación que encaja especialmente bien en este hábito: la llamada descarga cognitiva. El término se utiliza para describir algo que hacemos constantemente, aunque probablemente nunca lo llamemos así: apoyarnos en elementos externos para no tener que mantener toda la información en nuestra cabeza. Lo hacemos cuando apuntamos la lista de la compra para no memorizarla o ponemos una alarma para acordarnos de una cita. Los investigadores Evan Risko y Sam Gilbert explican la descarga cognitiva precisamente como el uso de acciones y recursos externos para reducir las exigencias mentales de una tarea.

El reloj puede cumplir una función parecida. Si estamos cocinando mientras esperamos una llamada y sabemos que después tenemos que salir, mirar la hora nos evita estar calculando continuamente cuánto tiempo queda. La información está delante de nosotros y basta un vistazo para recuperarla. Quizás por eso algunas personas siguen teniendo relojes en varias habitaciones aunque lleven el móvil encima, de modo que basta con mirar hacia uno de esos relojes para tener controlado el tiempo.

Hay personas que viven más pendientes de lo que viene después

Nuestra relación con el tiempo tampoco es exactamente igual para todos. El psicólogo Philip Zimbardo estudió durante años lo que denominó perspectiva temporal, es decir, la forma en la que orientamos nuestra atención hacia el pasado, el presente o el futuro. Dentro de este modelo existen personas especialmente orientadas hacia el futuro. Suelen prestar más atención a los objetivos, las consecuencias de sus decisiones y la planificación de lo que vendrá después. Eso no significa que estén mirando obligatoriamente el reloj cada cinco minutos, pero ayuda a entender por qué para algunas personas controlar el tiempo puede resultar más importante que para otras.

Pensemos, por ejemplo, en alguien que mientras desayuna ya está organizando mentalmente la mañana. Sabe a qué hora empieza a trabajar, cuándo tiene que salir y qué quiere dejar hecho antes. Para esa persona, mirar el reloj no tiene por qué ser una señal de impaciencia. Es simplemente una manera de comprobar que todo sigue encajando.

Mirar continuamente la hora no significa tener ansiedad

También puede ocurrir justo lo contrario. Estamos esperando algo que nos preocupa y miramos el reloj una y otra vez. En este caso, comprobar la hora puede convertirse en una forma de buscar tranquilidad momentánea: todavía quedan veinte minutos, todavía hay tiempo, todavía no debería haber ocurrido. Pero debemos tener cuidado con sacar conclusiones únicamente por este gesto. Mirar mucho el reloj no permite saber por sí solo si una persona tiene ansiedad, de la misma forma que colocar relojes por toda la casa tampoco demuestra una necesidad excesiva de control.

A veces será aburrimiento. Otras, una costumbre adquirida durante años. Y en determinados momentos puede ser simplemente nuestra forma de ordenar mentalmente el día. Lo interesante es que ese gesto tan pequeño nos proporciona una información inmediata y elimina, aunque sea durante unos segundos, una incertidumbre: saber exactamente qué hora es.