Era uno de los oficios más típicos durante la posguerra: hoy ha desaparecido y apenas se utilizan en España
El oficio indispensable de la posguerra que se dio por extinto en España
Durante la posguerra se veían por todas partes, pero hoy casi nadie practica este habilidoso oficio
Este ingenioso oficio fue esencial para sobrevivir en la posguerra
La posguerra española supuso un periodo de reajuste económico, racionamiento y búsqueda de recursos básicos. En ese contexto, determinados trabajos vinculados a productos esenciales adquirieron un peso específico en el mercado laboral. Uno de ellos estuvo relacionado con la fabricación y distribución de un objeto cotidiano que hoy apenas se utiliza.
Aunque su origen se remonta a finales del siglo XIX, fue durante la posguerra cuando este oficio alcanzó una presencia más amplia en ciudades como Alcoy, Oviedo, Sevilla o Palma de Mallorca. La estructura del sector, su dependencia del Estado y las sucesivas crisis marcaron su evolución hasta su práctica desaparición en España.
¿Cuál fue uno de los oficios más típicos durante la posguerra y cuyo objeto hoy apenas se usa?
El oficio al que se hace referencia es el de cerillero, la persona encargada de fabricar cerillas o trabajar en su producción industrial. Antes de la generalización de los encendedores de gas, las cerillas eran el medio más común para encender fuego.
Estas se vendían en pequeñas cajas de cartón (conocidas en sus orígenes como «cajas de fuego») y estaban presentes en todos los hogares.
Cabe remarcar que la industria cerillera española estuvo fuertemente intervenida por el Estado. En 1892, una ley de 30 de junio nacionalizó el sector y creó el Gremio de Fabricantes de Fósforos de España, estableciendo un monopolio.
Posteriormente, en 1908, el contrato expiró y el Estado asumió directamente la gestión a través del Ministerio de Hacienda. En 1911, una nueva legislación redujo el número de fábricas a doce en todo el país.
En 1922, la Compañía Arrendataria de Fósforos obtuvo la concesión del monopolio, aunque bajo control estatal. Este modelo condicionó el funcionamiento del sector durante décadas, incluida la etapa de la posguerra, cuando la producción seguía dependiendo de decisiones administrativas y de precios regulados.
Las crisis que les tocó vivir a los cerilleros
A finales de los años veinte, la industria atravesaba ya dificultades. El socialista Luis Oliveira Romero, natural de Huelva y vinculado a Asturias, publicó en el verano de 1929 un análisis detallado en el periódico El Socialista.
Con experiencia directa en el sector y miembro de la Sociedad de Obreros Cerilleros «La Cerilla», expuso la situación que atravesaban las fábricas.
Desde diciembre de 1926, centros como los de Alcoy, Palma de Mallorca u Oviedo trabajaban solo tres, cuatro o cinco días a la semana.
Poco después, instalaciones en Carabanchel, Moncada, La Coruña, Sevilla o Tarazona adoptaron el mismo régimen parcial. Esta reducción de jornada implicaba una merma salarial continuada para los trabajadores.
Según Oliveira, el problema no residía únicamente en la competencia o en el uso clandestino de encendedores y piedras de mechero. El origen estaba en la subida del precio de la cerilla y en la percepción de una calidad deficiente. La consecuencia era clara: menos ventas, menos producción y más inestabilidad laboral.
El contexto político también influía. Durante el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera, la política económica buscaba proteger las industrias nacionales. Sin embargo, el carácter monopolístico del sector no impidió la prolongación de la crisis.
Las propuestas sindicales y el Comité Paritario
En el Congreso de la Unión General de Trabajadores (UGT), los obreros cerilleros plantearon varias medidas para revertir la situación. Entre las principales propuestas figuraban las siguientes:
- La renovación tecnológica de las fábricas, con maquinaria moderna que mejorase la productividad.
- La derogación del real decreto que había elevado el precio de las cerillas.
- La creación de un Comité Paritario nacional.
Este último punto era especialmente relevante. El Comité estaría integrado por representantes de la Compañía y de los trabajadores, con el objetivo de estudiar soluciones conjuntas. Más allá de regular condiciones laborales, se planteaba como un instrumento para reorganizar el sector y asegurar su viabilidad.
La apuesta por este tipo de órganos encajaba con la línea defendida por la UGT en aquellos años: mecanismos de negociación institucionalizados que permitieran abordar los conflictos industriales desde una estructura estable.
Del auge en la posguerra a la desaparición del oficio: ¿Qué ocurrió con los cerilleros?
Aunque la crisis de finales de los años veinte anticipaba problemas, la industria mantuvo su relevancia durante la posguerra.
En un país marcado por el racionamiento y la falta de recursos energéticos, las cerillas eran indispensables. Cocinas económicas, braseros y hornillos dependían de ellas. El trabajo en las fábricas cerilleras ofrecía empleo a hombres y mujeres en distintas provincias.
Sin embargo, el avance tecnológico terminó alterando de forma definitiva el panorama. La aparición y popularización de los encendedores de gas, más duraderos y reutilizables, redujo la demanda de cerillas. A ello se sumaron cambios en los hábitos domésticos y en los sistemas de cocina y calefacción.
La producción masiva y la competencia internacional también influyeron. Con el tiempo, muchas fábricas cerraron o reconvirtieron su actividad. Hoy las cerillas siguen existiendo, pero su uso es residual en comparación con el pasado. Lo que fue una actividad estratégica, vinculada a un monopolio y a debates sindicales de alcance nacional, ha quedado reducido a un recuerdo.
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