Curiosidades
Prevención

Los bomberos aclaran y avisan a la población: «El olor a gas y una mala combustión de la caldera son incidentes completamente distintos»

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Todos alguna vez hemos sentido un olor extraño en la cocina o visto una llama que cambia de color. En el peor de los casos, algunas personas hasta experimentan un dolor de cabeza. Pues hay que prestar atención a todo esto, porque son señales que conviene no pasar por alto durante los meses de calefacción.

Si, el olor a gas es la más conocida de todas, pero los servicios de emergencia advierten de que no es la única alerta que puede dar una instalación doméstica. De hecho, algunos de los riesgos más serios no se pueden oler. Por eso, los bomberos han querido aclarar una confusión muy extendida entre la población, que tiende a meter en el mismo saco a estos incidentes.

Olor a gas y mala combustión: ¿Por qué los bomberos insisten en que son incidentes distintos?

El sargento Abel Allende, del Servicio de Extinción de Incendios de Palencia, lo resume con claridad: el olor a gas y una mala combustión de la caldera son «dos incidentes completamente distintos».

El primero indica una posible fuga de combustible (gas natural, butano o propano), mientras que el segundo genera monóxido de carbono, un gas que no huele y que, por tanto, no se detecta con el olfato.

Recordemos entonces que el gas que llega a los hogares es inodoro en origen. Las compañías le añaden sustancias odorizantes, como los mercaptanos, que le dan ese olor característico a huevo podrido precisamente para que cualquier fuga se perciba a tiempo.

En cambio, el monóxido de carbono carece de color, olor y sabor, y se forma cuando el combustible se quema sin suficiente oxígeno, algo habitual en calderas mal ajustadas o mal ventiladas.

Y desde luego, los riesgos también son diferentes. Una fuga puede provocar una explosión si el gas encuentra una chispa, mientras que el monóxido actúa en silencio. Este se une a la hemoglobina de la sangre con mucha más facilidad que el oxígeno y priva al organismo de él.

Según el Programa de Toxicovigilancia impulsado por el Ministerio de Sanidad, causa entre 5.000 y 10.000 intoxicaciones y una media de 125 muertes al año en España.

¿Qué hay que hacer si se detecta olor a gas en casa?

Ante un olor a gas, la prioridad es evitar cualquier chispa y diluir el combustible acumulado. Allende explica, en declaraciones recogidas por la agencia Ical, que si la concentración está dentro del rango de explosividad basta la chispa de un interruptor para provocar una deflagración.

Ante este marco, ventilar mantiene el gas por debajo de ese umbral. Los bomberos recomiendan seguir estos pasos:

Y si el olor procede de la escalera o de otra vivienda, conviene ventilar la caja de escalera y avisar a los vecinos sin tocar los timbres. Tampoco se debe usar el ascensor ni encender las luces del rellano.

Aquí va otro detalle útil: el butano y el propano pesan más que el aire y tienden a acumularse en las zonas bajas, mientras que el gas natural asciende hacia el techo.

¿Cómo podemos reconocer una mala combustión de la caldera?

Al no tener olor, el monóxido exige fijarse en otras pistas. La más visible es la llama: si es azul, la combustión es correcta; si se vuelve amarillenta, algo falla y la caldera puede estar generando monóxido. También son motivo de alerta las manchas de hollín alrededor del aparato o una condensación anormal en los cristales del cuarto donde está instalado.

Y en nuestros cuerpos, da otras señales. Los síntomas de intoxicación incluyen dolor de cabeza, mareo, náuseas, somnolencia y sensación de pesadez, y suelen confundirse con los de una gripe.

Si aparecen, los bomberos aconsejan ventilar la vivienda de inmediato y cerrar el suministro de gas de la caldera. Cuando los síntomas afectan a varias personas de la casa a la vez, o mejoran al salir, la sospecha se refuerza.

Entre tanto, el tipo de caldera también influye. Las atmosféricas toman el aire de la propia habitación y son las más peligrosas, porque dependen de que el cuarto esté bien ventilado; la normativa ya no permite instalarlas, aunque muchas siguen funcionando.

Las estancas, en cambio, cogen el aire del exterior y no alteran la calidad del aire interior, aunque tampoco están libres de sufrir fugas.

Revisiones y detectores: la mejor prevención en casa

La prevención empieza por el mantenimiento. Los bomberos recomiendan revisar la caldera de forma periódica con un instalador autorizado, comprobar los tiros y conductos de salida de humos tras un tiempo sin usarla y no tapar nunca las rejillas de ventilación, «ni siquiera» para evitar el frío.

Si se sospecha de un mal funcionamiento, conviene cerrar la puerta del cuarto de la caldera y dejar una ventana entreabierta.

Por último, la otra herramienta son los detectores. Funcionan con pilas, se colocan en zonas altas o en el techo y emiten un pitido al detectar gas, monóxido o humo en las primeras fases de un incendio.

Se venden en ferreterías a un precio módico y son obligatorios en buena parte de Europa, pero no en España, por lo que su instalación depende de la decisión de cada familia.