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Abraham Lincoln, presidente de los EEUU, sobre la justicia: “La justicia más severa puede no ser siempre la mejor política”

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Castigar a un hijo sin salir todo el verano por una mala nota o despedir a un equipo entero por el error de uno puede parecer justo. Sin embargo, Abraham Lincoln advirtió en plena guerra civil estadounidense de que la medida más dura no siempre resuelve el problema.

El presidente lo dejó por escrito el 17 de julio de 1862, en un mensaje al Congreso sobre la ley que permitía confiscar los bienes de los rebeldes del Sur. «La justicia más severa puede no ser siempre la mejor política», afirmó.

¿Qué quería decir Lincoln con la justicia más severa?

Lincoln no discutía que los confederados merecieran perder sus bienes. Para él, que quienes provocaban una guerra sin causa pagaran su coste era «demasiado evidente para ponerlo en duda». Proteger las propiedades de quienes querían derribar al Gobierno le parecía absurdo desde la pura justicia.

El presidente veía el problema en la aplicación. Repartir el castigo con criterio sería muy difícil y, en gran medida, imposible, según dejó escrito.

Su salida fue reservar un margen para el perdón. Con esa puerta abierta, los sublevados sabrían que tenían «algo que perder si persistían y algo que salvar si desistían». La frase ligaba la pena a un objetivo práctico, que el Sur dejara las armas.

La ley contra los rebeldes que Lincoln estuvo a punto de devolver

La norma pretendía reprimir la insurrección, castigar la traición y confiscar las propiedades de los rebeldes. El presidente preparó un borrador para devolverla al Congreso, y la frase sobre la justicia forma parte de ese texto.

Su principal reparo era jurídico. La Constitución limitaba la pérdida de bienes por traición a la vida del culpable, y la ley la extendía para siempre.

El Congreso aprobó entonces una resolución aclaratoria. Con ella, Lincoln firmó la ley, aunque envió igualmente el borrador a las cámaras. En ese texto defendía, además, que los mandos militares pudieran usar en territorio enemigo los bienes que necesitaran sus tropas, siempre que dejaran constancia de lo que tomaban.

Tampoco se opuso a que los esclavos de los condenados quedaran en libertad. Lincoln ni siquiera creía físicamente posible devolver a esas personas a su antigua situación.

Meses después, el 1 de enero de 1863, firmó la Proclamación de Emancipación, que declaró libres a los esclavos de la Confederación, según la biografía oficial de la Casa Blanca.

La vida de Abraham Lincoln, el 16º presidente de Estados Unidos

Abraham Lincoln nació el 12 de febrero de 1809 en el condado de Hardin, en Kentucky. Cuando tenía siete años, la familia se trasladó a Indiana, una región salvaje con osos en los bosques, según contó él mismo. Su madre murió dos años después.

El futuro presidente aprendió casi por su cuenta mientras trabajaba en el campo, partía troncos y atendía una tienda en New Salem, en Illinois. Fue capitán en la guerra de Halcón Negro, pasó ocho años en el Legislativo de ese estado y ejerció como abogado itinerante.

Se casó con Mary Todd, con quien tuvo cuatro hijos, de los que sólo uno llegó a la edad adulta. En 1858 perdió la carrera al Senado frente a Stephen A. Douglas. Los debates con su rival le dieron fama nacional y la candidatura republicana de 1860.

Ganó la reelección en 1864 y sufrió un atentado mortal el Viernes Santo, 14 de abril de 1865, en el teatro Ford de Washington, a manos del actor John Wilkes Booth. Hoy una pared del Monumento a Lincoln reproduce su segundo discurso de investidura, que pedía actuar «sin malicia hacia nadie, con caridad para todos».