El Museo Reina Sofía en la era post Covid-19: 30% del aforo y una contemplación más íntima de las obras
Resulta extraño sentir el taconeo de los zapatos en unos pasillos tan silenciosos. Debe ser la misma sensación de intrusismo que se siente al llegar a casa después de varios meses de viaje. El espacio parece distinto, más amplio, más desconocido, a pesar de ser el mismo que cerró las puertas el pasado 14 de marzo por el estado de alarma.
El ‘Guernica’ de Picasso, millones de veces observado, se ha tenido que conformar con el silencio y la única compañía de los dibujos preparatorios de la obra destinada a la Exposición Universal de 1937 y las fotografías del proceso creativo que salieron de la cámara de Dora Maar, la fotógrafa surrealista y pareja sentimental del artista malagueño en aquella época.
Más dos meses han estado sus salas sumidas en la soledad, las multitudes no se arremolinaban a su alrededor, pero los habitantes del Museo Reina Sofía de Madrid, que también han cumplido el confinamiento, no se han cansado de esperar. No han perdido el interés, quieren seguir teniendo receptores que hagan de sus formas un mensaje legible.
Juan Genovés, el pintor valenciano recientemente fallecido, afirmaba que el arte necesita del espectador para una consagración absoluta. «Cuando uno se sienta delante de un cuadro y se pone a mirarlo es capaz de meterse en él mucho más de lo que lo hace el artista. Siempre he sentido mucho respeto por el espectador porque, sin duda, es el que hace el cuadro de verdad. El artista, si no tuviera espectador, no haría nada porque su obra sería algo vacuo», explicaba a menudo.
Con mascarillas, 30% de aforo y el flujo de público controlado
Junio va a traer de vuelta a los espectadores. Madrid deja de mirar de reojo a las provincias próximas que han salido de la fase cero. Los madrileños, por fin, caminan hacia la fase 1 del proceso de desescalada del Gobierno para dejar atrás la quietud y permitir que triunfe la algarabía en las galerías del Museo Reina Sofía. Eso sí, será obligatorio entrar con mascarillas protectoras, el aforo se reducirá al 30% y los flujos de público serán prudentemente organizados para evitar las aglomeraciones y encuentros que puedan poner en peligro la salud de los visitantes.
La pretensión del museo dirigido por Manuel Borja-Villel es abrir en las dos primeras semanas del mes de junio, una decisión que, según detallan, se está coordinando con el Museo del Prado y el Museo Thyssen, las otras dos grandes pinacotecas sitas en el Paseo del Prado, con el fin de tejer una estrategia conjunta. Por su parte, las exposiciones temporales ‘Musas Insumisas’ de Delphine Seyrig y ‘La tarea del pintor’ de Jörg Immendorff serán prorrogadas unos meses más después del parón por la crisis sanitaria.
Jorge García Gómez-Tejedor, jefe de Restauración del Museo Nacional Reina Sofía, detalla a OKDIARIO que las nuevas normas de acceso impulsarán formas más íntimas de interactuar con las obras de arte. «Efectivamente va a haber más espacio para contemplar los cuadros y, la verdad, creo que será algo satisfactorio. El público va a tener una nueva experiencia y, creo, será muy gratificante», concluye.
Experiencias nuevas y muy satisfactorias
Con respecto a la conservación de las obras de arte que aloja el museo con la nueva realidad que traerá la fase 1, cree García Gómez-Tejedor que no afectarán a la conservación de las obras, sino más bien todo lo contrario. «Realmente, la obra se va a encontrar en un espacio estable que está preparado para un público y unos aforos que ahora no se van a dar ni a un 30% llegaremos, por lo que, desde el punto de vista de la conservación y la restauración va a ser, incluso, más adecuado», explica.
«A los que trabajamos en museos nos gusta ver las salas llenas»
«A todos los que trabajamos en los museos, diría, nos gusta ver que las salas están llenas», apunta García Gómez-Tejedor, «y eso que me ocupo de la parte de conservación de las obras de arte y siempre parece que haya una contradicción entre el aforo y la conservación». Sin embargo, argumenta, «no es así, se trata de un diálogo que todos tenemos que hacer, por eso nos gusta que el museo esté lleno».
Apunta, además, que las obras y su conservación, a pesar del aforo anterior a la pandemia, muchísimo más amplio, ya estaban muy controladas. «Este cuadro», dice el jefe de Restauración del Reina Sofía, señalando a ‘El gran masturbador’ de Salvador Dalí, «parece que no tiene ninguna protección, pero está metido dentro de una cámara climática con un cristal antirreflejante, mientras que el marco y la parte trasera tienen gran protección para que la obra no sufra nada».
La visita termina con el surrealismo de fondo. Un movimiento artístico y literario impulsado por André Breton en el París de entreguerras que representaba en imágenes lo onírico, lo antinatural e, incluso, lo trágico que el ser humano sólo podría vivir en sueños porque trasciende lo racional. El surrealismo podría ser el movimiento más representativo de esta pandemia si no fuera porque, a diferencia de ‘El Ángel Exterminador’ de Luis Buñuel, el confinamiento por el Covid-19 ha sido igual de real que sus víctimas mortales.
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