Crítica del final de ‘The Boys’: la despedida perezosa de una serie irreconocible
Tras cinco temporadas, la sátira superheroica peca de abandonar todas sus virtudes
En 2027 se estrenará 'Vought Rising', la nueva precuela del mismo universo
Harvey Dent decía en El Caballero Oscuro (2008) aquello de que «o mueres como un héroe o vives lo suficiente para convertirte en un villano». Y no deja de ser irónico ver cómo la frase insignia de aquel mito fundacional para el género puede aplicarse ahora al recorrido final de The Boys, la serie que siempre tuvo por bandera ser la sátira de la romantización de los superhéroes dentro de la industria audiovisual.
La quinta temporada terminó ayer en Prime Video y su conclusión escenifica a la perfección la trayectoria general de la despedida de Hughie y compañía: la creación de Eric Kripke ha dinamitado su personalidad para ser tan correcta como irreconocible.

Le sucede a la mayoría de las series de nuestros días. No todas pueden ser Los Soprano, Mad Men o Breaking Bad. Casi todas las ficciones de la televisión comienzan con fuerza y, si tienen suerte, los estudios que las financian van renovando su argumento año tras año. El declive es esperable y la autoexigencia suele hacer mella en el trabajo de cualquier equipo de creativos. El final de The Boys venía precedido de una cuarta temporada tirando a mediocre, pero lo de estos últimos ocho capítulos merece una mención aparte. Historias de relleno, justificaciones perezosas y múltiples diálogos innecesarios han convertido el adiós de la adaptación de los cómics de Garth Ennis y Darick Robertson en una odisea tediosa, sin un sólo atisbo del ingenio punk que siempre había formado parte de su ADN.
El final de ‘The Boys’: una despedida sin rumbo

Cuando comencé la quinta temporada a principios de abril, tuve la sensación de que me había perdido algo. El desenlace de las tramas anteriores invitaba a un cambio sustancial y sobre todo a la continuidad de esa senda cínica y oscura tan propia de la franquicia. Sin embargo, no era cosa mía; la serie había decidido renunciar a la evolución lógica de su espíritu, recuperando personajes a granel sin demasiado sentido y apoyándose en el dulce conformismo de mecánicas manidas.

El final de The Boys parece haber estado más pendiente de ser la lanzadera de Vought Rising– la precuela que Prime estrenará en 2027– que de funcionar como una catarsis propia. La incorrección política ha dado un paso al lado. La toma de decisiones narrativas es absurda y naíf.
Y de repente, apareció la moral
La irreverencia era una virtud innegociable dentro de la propiedad intelectual. El trabajo de Kripke tenía para todos, pero al final del camino ha terminado rindiendo cuentas únicamente a la actualidad política más previsible de parodiar.

El cierre no defrauda por expectativas, sino por el proselitismo de una empatía forzada y tardía. Por contentar a todos, The Boys se ha vendido a la moral con unos principios que venía destruyendo capítulo tras capítulo, temporada tras temporada; como aquellos ateos en vida que buscan santificarse en su lecho de muerte.