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De Niza a Mónaco en barco privado: la experiencia que hay que hacer al menos una vez en la vida en la Costa Azul

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(Foto: Adobe Stock)
Ana Márquez

Hay lugares que cambian por completo cuando los miras desde el mar. La Costa Azul es uno de ellos. Desde tierra, la Riviera francesa es una sucesión de playas, villas imposibles y puertos llenos de barcos. Pero cuando dejas atrás el paseo marítimo de Niza y empiezas a bordear la costa, el paisaje adquiere otra dimensión. Y, sobre todo, desaparece la sensación de estar siguiendo el mismo recorrido que todos los demás.

La experiencia comienza mucho antes de subir a bordo. Alquilar un barco con Samboat es tan sencillo como entrar en su web o en la app, elegir el destino y empezar a buscar. Hay embarcaciones de distintos tamaños y características (a motor, de vela…), por lo que sólo hay que escoger la que mejor encaje con el número de personas que vais a ser y decidir si queréis llevar el timón vosotros mismos o contar con un patrón. También se puede elegir entre media jornada o un día completo.

En mi caso, la opción estaba clara: el barco Four Winns con patrón. Una vez hecha la reserva, fue él mismo quien se puso en contacto para concretar los últimos detalles, desde la hora de encuentro hasta el punto exacto en el puerto de Niza. Y a partir de ahí, poco más que hacer. Llegar, subir a bordo y dejar que el Mediterráneo haga el resto.

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(Foto: SamBoat)

Y vaya si lo hace. Nada más salir del puerto, Niza empieza a quedarse atrás y la Costa Azul se presenta desde una perspectiva que resulta imposible conseguir caminando. El agua completamente azul, las fachadas de colores, las pequeñas calas y las grandes villas que se asoman a la costa van apareciendo una detrás de otra. El plan no necesita demasiado más: bañador, algo de comer, una copa y muchas ganas de no mirar el reloj.

La ruta nos llevó desde Niza hacia Mónaco, recorriendo algunos de los rincones más exclusivos de la Riviera. Una de las curiosidades del trayecto fue acercarnos a la zona donde estaban navegando algunos de los grandes yates que suelen protagonizar las postales del Mediterráneo. Entre ellos, los de Fernando Alonso y Mark Zuckerberg.

 

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El patrón también puso su particular banda sonora a la travesía. Una selección de música mezclada por él mismo que encajaba sorprendentemente bien con el momento: mar abierto, sol, una ligera brisa y la costa francesa desfilando a nuestro lado. No había necesidad de organizar demasiadas cosas. Ese era precisamente el encanto.

Uno de los momentos más curiosos fue pasar frente a Villa Les Cèdres, en Saint-Jean-Cap-Ferrat, una de las propiedades más extraordinarias de la Riviera. La finca, construida en 1830, ocupa alrededor de 18.000 metros cuadrados y cuenta con 14 habitaciones, una biblioteca con más de 3.000 libros y una piscina olímpica, entre otros espacios. La propiedad llegó a venderse en 2019 por una cifra cercana a los 350 millones de euros al empresario ucraniano Rinat Akhmetov, una cantidad que la situó durante años entre las viviendas privadas más caras del mundo.

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Villa Les Cèdres. (Foto: Ana Márquez)

Vista desde el mar, la perspectiva es todavía más espectacular. La vegetación, la extensión de la finca y su ubicación privilegiada hacen que resulte difícil imaginar que detrás de aquella costa pueda esconderse una propiedad de semejantes dimensiones.

Fondear frente a algunas de las playas más bonitas de la Costa Azul

Pero quizá lo mejor del día fueron las paradas improvisadas. Fondear frente a algunas de las playas más bonitas de la Costa Azul, darse un baño lejos del bullicio y comer a bordo, con el barco prácticamente inmóvil y el Mediterráneo alrededor. No hay restaurante con vistas que pueda competir con eso.

También es ahí donde se entiende por qué alquilar un barco cambia la experiencia de viajar por esta zona. Hay pequeñas calas, rincones de la costa y perspectivas de las villas que simplemente no están al alcance de quien se mueve únicamente por carretera. El mar permite detenerse donde apetece, cambiar de rumbo y convertir el propio trayecto en parte del viaje.

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(Foto: Ana Márquez)

Y hacerlo con patrón tiene, además, una ventaja evidente: no hay que preocuparse por nada. Él conoce la zona, se ocupa de la navegación y permite que el grupo se dedique exclusivamente a disfrutar. Para una escapada entre amigos, una celebración o simplemente para reservarse unas horas diferentes durante un viaje a Niza, es uno de esos planes que parecen mucho más complicados de organizar de lo que realmente son. Samboat se encarga de poner el barco. Tú solo tienes que decidir con quién quieres compartirlo, cuánto tiempo y hasta dónde quieres llegar.