Jordi Roca: «La alegría, en los tiempos que vivimos, casi es un acto de rebeldía»
Jordi Roca retoma su actividad tras someterse a una operación
El chef habla de creatividad, aromas y recuerdos en su nueva colaboración con The Macallan
Su próximo gran sueño está lejos de la cocina: ganar un Grammy
A comienzos de verano, Jordi Roca decidió bajar el ritmo. El chef pastelero de El Celler de Can Roca anunciaba que se retiraba durante un tiempo de la actividad para someterse a una operación. Ahora, recuperándose y con la creatividad intacta, vuelve a ponerse en marcha con un proyecto que conecta algunos de los territorios que mejor conoce: la gastronomía, los aromas, la memoria y la imaginación.
Nos recibe con motivo de su nueva colaboración con The Macallan, que llega a España con el capítulo final de The Harmony Collection y la inauguración de Coconut Dreams en Puente Romano Marbella. Una experiencia inmersiva inspirada en el universo creativo de la colección que podrá visitarse hasta el 20 de agosto y que nace alrededor de los matices del coco y de la mirada de Roca, una de las figuras más influyentes de la gastronomía internacional.
La última edición de The Harmony Collection presenta dos exclusivos single malts: Inspired by Fresh Coconut, disponible en España, e Inspired by Toasted Coconut, reservado para el canal Duty Free internacional. Dos interpretaciones del coco que sirven como punto de partida para un viaje creativo en el que el aroma es, precisamente, el primer paso. «Empieza por el aroma. El aroma es el que marca el camino», explica Jordi Roca. «A partir de ahí se despierta la imaginación, aparecen los recuerdos y todo empieza a entrelazarse». Después llega la parte menos visible, pero imprescindible, del proceso creativo: «un proceso de prueba y error, de ajustar, escuchar y volver a empezar, hasta encontrar la armonía entre la idea, el plato y, en este caso, el whisky».
El aroma como brújula
En la cocina de Roca, el aroma nunca es un elemento accesorio. Es memoria, emoción y también una herramienta para construir nuevas experiencias. Y cuando el whisky se convierte en el hilo conductor, el reto consiste en descubrir cómo dialogar con un lenguaje nuevo. «En El Celler llevamos muchos años explorando las armonías entre la cocina y el vino, así que trabajar con un whisky no es tan diferente en esencia”, asegura. “La diferencia está en descubrir un nuevo lenguaje».
Ese lenguaje tiene que ver con la complejidad. «Es un destilado con una complejidad enorme, lleno de matices y capas aromáticas, y eso abre muchísimas posibilidades creativas». El resultado, reconoce, ha sido «un ejercicio muy enriquecedor».
El coco ocupa el centro de esta nueva exploración. Un ingrediente aparentemente sencillo que, en contacto con la madera y el tiempo, revela una paleta aromática mucho más amplia. «Siempre me sorprende la capacidad que tienen los whisky makers de The Macallan para extraer tantos matices de la madera”, cuenta Roca. «En esta ocasión, el coco aparece de una forma muy clara y elegante, pero lo interesante es que no llega solo».
Lo acompañan «notas especiadas, tostadas y de una gran complejidad aromática que hacen que el conjunto sea muy rico y sugerente».
«Ver la vida de color de rosa»
Hay algo especialmente reconocible en la forma de entender la gastronomía de Jordi Roca: su capacidad para convertir un plato en una emoción. Su cocina dulce no busca únicamente sorprender al paladar, sino también despertar recuerdos, provocar una sonrisa o crear un momento que permanezca en la memoria.
Por eso, cuando se le pregunta qué emociones quería despertar con esta colección, la respuesta es clara: «Sobre todo, la alegría». «La alegría de compartir, de celebrar y de mirar la vida con optimismo, de verla de color de rosa», explica. Una declaración que adquiere un significado especial en el momento actual: «Creo que, en los tiempos que vivimos, mantener esa actitud casi es un acto de rebeldía».
Para Roca, un postre también puede ser una forma de transmitir esa energía. «Me gusta pensar que un postre también puede transmitir esa energía positiva».
El lujo de sentarse a la mesa
En un momento en el que el concepto de lujo parece haberse desplazado de la acumulación de objetos hacia el valor de las experiencias, la gastronomía ocupa un lugar privilegiado. Para Roca, sin embargo, no se trata exactamente de una novedad. «Creo que la gastronomía siempre ha sido una forma de celebrar la vida», afirma. «Compartir una mesa es crear recuerdos, y esos recuerdos permanecen para siempre».
Puede que hoy exista una mayor conciencia sobre el valor de lo vivido frente a lo material, pero la esencia permanece: «Quizá hoy valoramos más las experiencias que las cosas materiales, pero una buena comida siempre ha sido un lujo, porque tiene la capacidad de emocionarte, de reunir a las personas y de quedarse contigo mucho tiempo después de que termine».
Él lo sabe también desde el otro lado de la mesa. Entre las experiencias que recuerda con mayor cariño está una cena en Les Prés d’Eugénie, con Michel Guérard. Pero lo que permanece en su memoria no es únicamente el menú. «Antes del servicio, tuvimos la oportunidad de conversar con él y me hablaba, con la ilusión de un joven cocinero, de cuando fue nombrado Meilleur Ouvrier de France en pastelería y de todos los proyectos que todavía quería hacer».
Guérard tenía entonces más de ochenta años, pero mantenía intacta la pasión. «Tenía más de ochenta años y seguía transmitiendo una pasión contagiosa. Aquella conversación ya fue inolvidable». Después llegaría “una cena impecable, una celebración de la gran cocina francesa».
El sabor de la infancia
Si el aroma puede abrir la puerta de la imaginación, también puede hacerlo con la memoria. Para Jordi Roca existe uno capaz de transportarlo instantáneamente a su infancia: el caramelo quemado. «Me lleva directamente a la cocina de Can Roca, cuando ayudaba a mi madre a preparar los flanes del menú», recuerda. Tenía apenas «siete u ocho años» y ya entonces aquella tarea tenía para él una importancia especial: «Para mí era toda una responsabilidad hacer el caramelo sin que se quemara demasiado».
Han pasado décadas, pero el efecto permanece. «Ese aroma sigue teniendo el poder de llevarme allí en un instante».
Quizá ahí esté una de las claves de su forma de entender la creatividad: en la capacidad de mirar hacia adelante sin dejar de escuchar lo que viene de atrás. Los aromas, los recuerdos, las experiencias y los vínculos se convierten en materia prima para crear algo nuevo.
El sueño de un Grammy
Después de tantos reconocimientos en el mundo de la gastronomía, podría parecer que quedan pocos retos por conquistar. Pero Jordi Roca todavía guarda uno, y no tiene nada que ver con una estrella Michelin: «Ganar un Grammy».
La respuesta tiene algo de juego y, al mismo tiempo, resume perfectamente su relación con la creatividad. La música se ha convertido en otro territorio desde el que experimentar, divertirse y seguir buscando. «La música se ha convertido en una forma muy bonita de seguir jugando y de seguir creando desde otro lenguaje», explica. «No sé si ocurrirá algún día, pero la ilusión también consiste en permitirse soñar con cosas que parecen imposibles».
Y quizá esa sea la mejor manera de entender a Jordi Roca en este momento: después de una pausa necesaria, vuelve a crear desde la curiosidad. Del aroma a la memoria, del coco al whisky, de la pastelería a la música. Siempre buscando ese punto en el que una idea deja de ser solo una idea y se convierte en una emoción.
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