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Hay coches clásicos que representan una época y otros que parecen haber sido concebidos para adelantarse a ella. El Cadillac Elegante de 1953 pertenece claramente a la segunda categoría. Nacido como un proyecto completamente artesanal y construido sobre el chasis de un Cadillac Series 62, este automóvil de una sola unidad combina el gigantismo americano de los años cincuenta con la sofisticación del diseño italiano y unos detalles de lujo difíciles de encontrar incluso entre los modelos más exclusivos de su tiempo. Carrocería de aluminio, pintura blanca nacarada, elementos bañados en oro, un techo rígido retráctil y un interior tapizado en tonos rojos son algunas de las características que convierten a este ejemplar en una auténtica pieza de colección. Ahora, después de 73 años sin haberse ofrecido públicamente, el Elegante ha llegado al mercado de subastas de la mano de Kruse Auctions.
Un Cadillac que nació para ser único
La historia del Elegante no comienza en un departamento de diseño de Cadillac, sino en el empeño de dos aficionados al automóvil. El artista comercial neoyorquino Harry Birdsall y su amigo Joe Mascari decidieron crear un coche que no se pareciera a nada de lo que circulaba por las carreteras estadounidenses.
Birdsall realizó los primeros bocetos de este gran turismo inspirado en las formas de los aviones y, para convertir aquella idea en algo mucho más sofisticado, recurrieron al diseñador Albrecht von Goertz.

El nombre de Goertz resulta especialmente significativo para cualquier aficionado al diseño automovilístico. En aquel momento todavía no había alcanzado la fama internacional que conseguiría posteriormente gracias a modelos como el BMW 507, pero el Elegante ya dejaba entrever su particular manera de entender las proporciones, las superficies y la elegancia de un automóvil deportivo de lujo.
El proyecto terminó viajando hasta Italia, donde la carrocería fue construida artesanalmente por Carrozzeria Rocco Motto, en Turín. El resultado fue una carrocería de aluminio realizada a mano que tardó alrededor de 30 meses en completarse y cuyo coste alcanzó los 30.000 dólares de la época, aproximadamente 27.000 € al cambio actual, una cantidad extraordinaria para mediados de los años cincuenta.

Una carrocería de aluminio con alma italiana
Aunque bajo su espectacular carrocería se encuentra un Cadillac Series 62 de 1953, basta con contemplarlo unos segundos para entender que poco queda del diseño convencional del modelo original. El Elegante fue concebido como un automóvil completamente diferente, con una silueta baja, alargada y especialmente llamativa.
Su carrocería está realizada en aluminio moldeado artesanalmente y acabada en un particular tono blanco nacarado, que cambia de aspecto según incide la luz. El resultado combina la presencia de los grandes automóviles estadounidenses de la época con una delicadeza más propia de los carroceros europeos.

Uno de sus elementos más llamativos es el techo rígido retráctil, accionado mediante un sistema electrohidráulico. No se trata, por tanto, de una solución meramente estética: el Elegante incorporaba una compleja tecnología para la época que permitía ocultar el techo y transformar visualmente el vehículo. También las ventanillas empleaban el sistema hidráulico de General Motors.
El diseño exterior se completa con unas prominentes aletas traseras y detalles metálicos que llaman inmediatamente la atención. Pero son precisamente los acabados los que hacen que este Cadillac se desmarque todavía más de cualquier otro coche de los años cincuenta.

El lujo no se quedó en la carrocería. Numerosos elementos del Elegante incorporan baño de oro de 14 quilates, desde distintas molduras hasta piezas decorativas y detalles del exterior. La combinación del blanco nacarado con los elementos dorados hace que el coche tenga una apariencia casi de pieza de joyería a tamaño real.
Un interior pensado como un salón de lujo
El exceso continúa en el habitáculo. Frente a la sobriedad habitual de muchos clásicos, el Elegante apuesta por un ambiente mucho más teatral, con tapicería de cuero italiano en rojo vino, moqueta roja y numerosos detalles dorados. El contraste con la carrocería exterior blanca genera una estética que hoy podría parecer propia de un concept car diseñado para una película futurista.

Incluso el volante escapa de lo convencional. Está fabricado en Lucite, un material transparente que contribuye a reforzar la sensación de que todo en este automóvil fue diseñado específicamente para él. No hay intención de pasar desapercibido: cada elemento busca convertirse en parte de la historia del coche.
Y bajo todo ese despliegue visual permanece la mecánica Cadillac. El Elegante utiliza el chasis de un Series 62 de 1953, junto a un motor V8 de 331 pulgadas cúbicas y una transmisión automática Hydra-Matic de cuatro velocidades. Es decir, detrás de una carrocería completamente excepcional se encuentra la base mecánica de uno de los grandes Cadillac de la época.

Birdsall llegó a plantearse la posibilidad de producir una pequeña serie de Elegante. La idea era fabricar aproximadamente diez unidades, pero aquel proyecto nunca llegó a materializarse. Por eso el coche que ahora ha salido a subasta no es simplemente un ejemplar escaso: es el único que existe.
73 años después, por primera vez a la venta
Precisamente ahí reside una de las claves de la subasta actual. El Elegante no es un coche que haya pasado periódicamente de una colección privada a otra ni una pieza que aparezca cada cierto tiempo en el mercado de clásicos. Según Kruse Auctions, nunca antes había sido ofrecido públicamente desde su creación. La casa de subastas lo incorporó como uno de los grandes protagonistas de su 56ª Auburn Auction & Show, celebrada en Auburn, Indiana, entre el 3 y el 5 de septiembre de 2026.

Con 4.331 millas, unos 6.971 kilómetros, y el número de chasis 536262805, el automóvil llega a la subasta acompañado de una historia especialmente documentada y de una restauración destinada a conservar sus características originales.