El paraíso con menos de 100 habitantes en Asturias donde desconecta Luis Enrique es un refugio con acantilados de película
Se trata de un paraíso que únicamente cuenta con 30 viviendas
El entrenador del Paris Saint-Germain se ha enamorado de Asturias
En fechas señaladas, la población de Soirana aumenta considerablemente
La vida de Luis Enrique transcurre habitualmente entre estadios llenos, ruedas de prensa, decisiones tácticas y una exposición mediática constante. Sin embargo, cuando el calendario le concede unos días de respiro, el técnico del Paris Saint-Germain cambia radicalmente de escenario.
Lejos de las grandes ciudades y del bullicio que acompaña a una de las figuras más reconocidas del fútbol europeo, existe un pequeño enclave del occidente asturiano que se ha convertido en su refugio personal.
Se trata de Soirana, una discreta aldea situada en el concejo de Navia que apenas aparece en las rutas turísticas más conocidas de Asturias. Allí, entre caminos rurales, extensos prados y el sonido permanente del mar Cantábrico, el entrenador encuentra el entorno perfecto para desconectar de las exigencias profesionales que marcan su día a día.
La diferencia entre la vida que lleva durante la temporada y la tranquilidad que ofrece este lugar no puede ser mayor. Mientras en Francia vive rodeado de compromisos deportivos y atención mediática, en Soirana predominan el silencio, la naturaleza y un ritmo de vida que parece mantenerse ajeno al paso del tiempo.
Un paraíso rodeado de naturaleza
La singularidad de Soirana comienza por sus dimensiones. Se trata de una población extremadamente reducida, formada por apenas unas decenas de viviendas dispersas en un entorno eminentemente rural. El número de residentes habituales no alcanza el centenar y, durante gran parte del año, apenas medio centenar de personas mantienen viva la actividad cotidiana del lugar.
Esa escasa densidad de población es precisamente uno de los factores que más contribuyen a la atmósfera de tranquilidad que caracteriza a la aldea. Aquí no existen grandes concentraciones de visitantes, ni tráfico intenso, ni una oferta de ocio propia de los destinos turísticos más concurridos. La rutina diaria está marcada por la calma y por una estrecha relación con el entorno natural.
Aunque durante determinadas fechas, especialmente en verano, Semana Santa o las fiestas navideñas, regresan familiares y propietarios de segundas residencias, la esencia del pueblo apenas cambia. Incluso en esos momentos de mayor movimiento, Soirana conserva la sensación de aislamiento que la distingue de otros puntos de la costa asturiana.
Su ubicación constituye otro de sus grandes atractivos. La localidad se asienta sobre la rasa costera, una formación geográfica característica del litoral cantábrico que combina extensas superficies llanas con espectaculares vistas sobre el mar. Desde numerosos puntos de la zona es posible contemplar acantilados que caen abruptamente sobre las aguas, creando paisajes que parecen sacados de una película.
El aislamiento que muchos consideran un privilegio
Llegar hasta Soirana no es tan sencillo como acceder a otros destinos turísticos más populares. Las carreteras que conducen hasta la aldea son estrechas y serpentean entre campos y zonas rurales, una circunstancia que contribuye a reforzar la sensación de encontrarse en un territorio apartado de las grandes rutas de comunicación.
Cuando cae la noche, esa percepción se multiplica. La escasa iluminación existente en algunos tramos obliga a conducir con especial atención, algo que para muchos visitantes supone un desafío, pero que para quienes buscan tranquilidad se convierte en parte del encanto del lugar.
Precisamente esa relativa dificultad de acceso ha ayudado a preservar el carácter auténtico de la zona. El paso de los años apenas ha alterado la esencia de una comunidad que continúa desarrollando su vida lejos de las dinámicas urbanas y del turismo masivo.
Para figuras públicas sometidas a una exposición constante, como ocurre con Luis Enrique, este tipo de entornos representan un valor difícil de encontrar. La privacidad, cada vez más escasa en otros lugares, sigue siendo una realidad cotidiana en esta pequeña aldea del occidente asturiano.
Unos paisajes inolvidables
Uno de los mayores atractivos de Soirana es la posibilidad de disfrutar de la naturaleza sin necesidad de realizar grandes desplazamientos. Los alrededores ofrecen numerosos recorridos sencillos que permiten descubrir algunos de los paisajes más característicos de la costa asturiana.
Los senderos atraviesan praderas abiertas y zonas de vegetación autóctona desde las que se obtienen panorámicas privilegiadas del mar. Son rutas aptas para pasear con tranquilidad, sin grandes desniveles y con el sonido de las olas acompañando gran parte del recorrido.
Entre los trayectos más habituales destaca el que conecta la aldea con Puerto de Vega, una localidad marinera situada a poca distancia. Allí el ambiente resulta algo más animado, con mayor actividad comercial y una tradición pesquera profundamente arraigada.
El contraste entre ambos núcleos resulta especialmente atractivo. Mientras Soirana representa la calma absoluta, Puerto de Vega aporta movimiento, historia y una conexión directa con la cultura marinera del occidente asturiano. Esta combinación permite disfrutar de dos realidades muy diferentes sin necesidad de recorrer grandes distancias.
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