El imperio empresarial de Jessica Goicoechea crece: su marca de bikinis alcanza los 3 millones de euros y abre una nueva sociedad
Jessica Goicoechea ha ampliado su imperio empresarial con una nueva sociedad
La modelo lleva años convirtiendo su imagen y su enorme comunidad en un negocio alrededor de la moda
La nueva empresa se suma a sociedades como Goi Swimwear, vinculada a sus negocios de moda y publicidad

Hay una Jessica Goicoechea que aparece en Instagram, protagoniza campañas, pisa alfombras rojas y convierte cada bikini en objeto de deseo, y hay otra bastante menos visible que lleva años haciendo números, creando sociedades y buscando nuevas vías para rentabilizar el nombre que ha convertido en una marca. La catalana, que comenzó su carrera como modelo y encontró en las redes sociales el escaparate perfecto para multiplicar su popularidad, ha ido construyendo poco a poco un negocio que ya no depende únicamente de una campaña publicitaria o de una colaboración puntual. Según consta en el Boletín Oficial del Registro Mercantil (BORME), Goicoechea ha constituido en Barcelona MUMU 22 CAPITAL, una sociedad limitada que comenzó oficialmente su actividad el 19 de junio de 2026 y que nace con un capital social de 100.000 euros. Ella figura como socia única y administradora única y el objeto social apunta directamente hacia la inversión: compra, suscripción, tenencia, permuta y venta de valores mobiliarios nacionales y extranjeros, además de acciones o participaciones sociales, siempre por cuenta propia y sin actividad de intermediación. Dicho de otra manera: la influencer que durante años ha convertido su imagen en negocio acaba de abrir también una puerta empresarial hacia la gestión patrimonial.
Pero para entender el movimiento hay que mirar primero al negocio que probablemente mejor representa cómo ha conseguido Goicoechea transformar seguidores en dinero: GOI, su firma de bikinis. La marca nació en Barcelona en 2019, después de que Jessica descubriera durante un viaje a Bali los microbikinis y detectara que ese tipo de producto apenas tenía representación en España. La apuesta fue clara desde el principio: diseños pequeños, atrevidos, sexys y fabricados con una filosofía de producción local y materiales sostenibles. Lo que empezó como una marca de moda de baño ha terminado convirtiéndose en uno de los proyectos empresariales más reconocibles asociados a su nombre, hasta el punto de que GOI ya ha vestido a rostros internacionales como Eva Longoria, Tini Stoessel, Emilia Mernes, Nicki Nicole o Georgina Rodríguez. La propia firma explica que ha ido ampliando su propuesta y que actualmente mantiene el foco en el swimwear, después de haber probado en sus primeros años con una oferta más amplia de ropa.
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Y aquí aparecen las cifras que permiten medir que detrás de los posados en bikini hay bastante más que una operación de postureo empresarial. GOI se ha marcado como objetivo alcanzar los tres millones de euros de ventas, mientras su negocio se ha ido internacionalizando y Estados Unidos se ha convertido en uno de sus principales mercados después de España. La compañía cuenta con un equipo de seis empleados fijos y hasta cinco colaboradores freelance, ha probado el formato físico con pop-ups en Madrid, Barcelona, Ibiza y Formentera y se ha planteado incluso abrir su primera tienda física en Barcelona. El proyecto, además, ya no es exclusivamente español: la marca nació con producción local y ha diversificado parte de la fabricación hacia Portugal y Turquía, mientras mantiene una estrategia de expansión internacional con el foco puesto especialmente en Estados Unidos. No es, por tanto, simplemente la marca de bikinis que lleva el nombre de una influencer: es el negocio alrededor del que Goicoechea ha construido buena parte de su faceta empresarial.
La sociedad que sostiene jurídicamente esta actividad también tiene una historia interesante. GOI Swimwear S.L. fue constituida inicialmente en 2018 bajo la denominación Jessica Goicoechea S.L., con la propia modelo como administradora única y socia única en aquel momento, y en noviembre de 2025 pasó a llamarse oficialmente GOI Swimwear S.L. El objeto social registrado incluye la intermediación en el mercado publicitario a través de internet, la creación y explotación de portales, la representación de modelos publicitarios y las actividades propias de una agencia de publicidad y relaciones públicas. En 2024, la sociedad amplió su capital hasta 3.158 euros y, según los datos empresariales disponibles, ha ido ganando posiciones en los rankings de empresas. Es decir, la estructura mercantil de Goicoechea ha ido evolucionando a medida que también lo hacía su negocio: primero estaba el nombre de la modelo, después llegó la marca y ahora la sociedad se presenta bajo el nombre de esa marca.

La historia de GOI ayuda también a entender el fenómeno Goicoechea. Jessica nació en Barcelona en 1996 y empezó muy joven en el mundo de la moda, pero fue Instagram el que terminó multiplicando exponencialmente su alcance. De modelo pasó a creadora de contenido y, de ahí, a empresaria. Su perfil en redes no funciona únicamente como escaparate personal: es también una herramienta comercial capaz de poner una marca delante de millones de potenciales clientes. Esa combinación entre imagen, comunidad y negocio explica que haya podido lanzar productos propios, trabajar con grandes firmas y convertir su estética en una identidad comercial reconocible. GOI es probablemente el ejemplo más evidente de esa estrategia: Jessica no se limita a llevar los bikinis de su marca, sino que forma parte de la imagen y del desarrollo creativo de una firma que busca crecer más allá de España. La propia compañía señala que sus diseños se crean internamente y que Goicoechea participa en ellos.
Y la moda de baño no es la única pata de este particular imperio. Su trayectoria empresarial también ha estado ligada a la publicidad, la representación, la belleza y la creación de contenido, ámbitos que encajan directamente con el perfil que construyó desde las redes. La sociedad que ahora opera como GOI Swimwear llegó a tener incluso Goicosmetics entre sus denominaciones comerciales, reflejo de esa diversificación hacia el universo beauty. Pero la nueva MUMU 22 CAPITAL introduce una diferencia importante: ya no estamos hablando de vender bikinis, cosméticos o servicios vinculados a la imagen de Jessica, sino de una sociedad cuyo objeto está expresamente orientado a valores, acciones, participaciones e inversión patrimonial. No significa que se conozcan ya las inversiones concretas que haya realizado la compañía ni que los 100.000 euros de capital se hayan destinado a determinados activos; el registro únicamente permite conocer la actividad para la que ha sido creada. Pero sí deja una pista bastante evidente sobre el siguiente terreno en el que la modelo quiere jugar.
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Ahora, con la creación de MUMU 22 CAPITAL, la operación parece dar un paso diferente. Los 100.000 euros de capital social y el objeto de la nueva compañía apuntan a una estrategia que no depende exclusivamente de que Jessica aparezca delante de una cámara o protagonice una campaña. La inversión patrimonial permite separar, al menos sobre el papel, una parte de la actividad relacionada con la generación y gestión de patrimonio de aquella que tiene que ver directamente con la explotación comercial de su imagen. No significa necesariamente que la modelo haya invertido ya ese dinero en determinados activos o empresas —el objeto social describe las actividades que puede desarrollar la sociedad, no las operaciones concretas que haya realizado—, pero sí deja constancia de que ha creado una estructura preparada para hacerlo.
La nueva sociedad llega, además, en un momento en el que el fenómeno influencer ha cambiado radicalmente. Hace unos años, tener millones de seguidores podía parecer suficiente para convertirse en una celebridad; ahora, las grandes creadoras de contenido buscan ir un paso más allá y convertir esa audiencia en patrimonio, marcas y empresas. En el caso de Goicoechea, el recorrido resulta especialmente gráfico: la modelo ha pasado de monetizar su imagen en campañas y redes a levantar una firma propia de bikinis con vocación internacional y, ahora, a crear una sociedad específicamente preparada para gestionar inversiones por cuenta propia. Su nombre sigue siendo el escaparate, pero cada vez hay más negocio detrás del escaparate.
Así que, mientras Jessica sigue protagonizando titulares por sus looks, sus posados y sus redes, detrás de esa imagen hay una estructura empresarial que ya tiene varias capas. GOI nació en 2019 y apunta a los tres millones de euros de ventas; ha probado pop-ups, busca crecer en Estados Unidos y se plantea una primera tienda física. Y ahora Goicoechea añade MUMU 22 CAPITAL, una sociedad con 100.000 euros de capital social cuyo objeto es la inversión patrimonial y de valores. La chica de los microbikinis ha conseguido algo bastante más difícil que hacerse viral: convertir su nombre en un negocio con vocación de crecer, diversificarse y, ahora también, invertir.