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Enrique Loewe, padre del lujo y empresario español: «El lujo que a mí me interesa es el de ser, no el de parecer»

Enrique Loewe Lynch tiene 85 años y se siente muy orgullosa de su trayectoria

"El lujo es el refinamiento, la calidad de vida. Es la cara más brillante de la belleza"

El empresario sigue muy pendiente del legado de su familia

Enrique Loewe Lynch,
Enrique Loewe Lynch posando. (Foto: Instagram)

Enrique Loewe Lynch mantiene intacta la inquietud intelectual que ha marcado toda su trayectoria. Empresario, impulsor cultural y una de las figuras más influyentes de la industria del lujo en España, el miembro de la cuarta generación de la familia fundadora de Loewe continúa defendiendo una visión del lujo alejada de la ostentación y estrechamente vinculada a la belleza, la artesanía y el desarrollo personal.

Desde su vivienda en Madrid, donde dedica buena parte de su tiempo a la rehabilitación física y al ejercicio, reflexiona sobre conceptos que han acompañado toda su vida profesional. Aunque convirtió la histórica firma familiar en una referencia internacional, asegura que sus intereses siempre estuvieron más cerca de la cultura y las humanidades que de las cifras empresariales.

¿Qué es el lujo para Enrique Loewe?

Hablar con Enrique Loewe sobre el lujo implica alejarse de las definiciones habituales asociadas al consumo exclusivo o a los bienes materiales. Para él, el concepto tiene una dimensión mucho más profunda y difícil de encerrar en una fórmula sencilla. «El lujo que a mí me interesa es el de ser, no el de parecer», ha declarado en El País.

Considera que el lujo está relacionado con el refinamiento y con una determinada manera de entender la calidad de vida. Lo vincula directamente a la belleza, aunque distingue entre aquella que busca impresionar y la que invita a la reflexión. Esa diferencia, según explica, ha guiado gran parte de su visión personal y profesional.

En su opinión, la verdadera esencia del lujo no reside en aquello que deslumbra, sino en lo que ilumina. «Lo más sencillo puede ser lo más enormemente bello. El lujo también es una emoción y una sensación, un misterio y un camino, una llamada especial de la belleza», explica.

La artesanía como máxima expresión

Si existe un concepto que Enrique Loewe ha defendido durante décadas es el de la artesanía. Mucho antes de que las grandes marcas internacionales incorporaran el trabajo artesanal a sus estrategias de comunicación, él ya insistía en la necesidad de reconocer el valor de quienes crean objetos únicos a través del conocimiento, la técnica y la dedicación.

Precisamente, el último lujo que se ha permitido está relacionado con ese ámbito. Se trata de la adquisición de una escultura realizada por uno de los finalistas del Loewe Foundation Craft Prize, el prestigioso premio internacional impulsado por la Fundación Loewe para reconocer a los artesanos más destacados del mundo.

Para el empresario, la artesanía representa una de las expresiones más genuinas del lujo contemporáneo. Considera que la capacidad de crear constituye un privilegio en sí mismo y que el trabajo artesanal aporta una dimensión humana difícilmente sustituible por los procesos industriales.

El desafío de preservar la autenticidad

La creciente popularidad de la artesanía plantea, sin embargo, nuevos interrogantes. La expansión del concepto y su incorporación a numerosos discursos comerciales ha despertado el debate sobre el riesgo de banalización o pérdida de autenticidad.

Enrique Loewe reconoce que existe esa posibilidad, aunque se muestra relativamente optimista. Considera que la artesanía posee una esencia propia que resulta difícil de falsificar y que, precisamente por su carácter auténtico, conserva una fortaleza especial frente a las modas pasajeras.

A su entender, el éxito actual de la artesanía responde a una necesidad social más profunda. Cada vez más personas buscan objetos y experiencias que transmitan significado, historia y calidad, en un contexto marcado por la producción masiva y la uniformidad. Esa tendencia ha contribuido a situar nuevamente la belleza y el trabajo bien hecho en el centro de muchas conversaciones.

También observa que la sensibilidad hacia la belleza se ha ampliado considerablemente en los últimos años. Ya no se limita a los ámbitos tradicionalmente considerados exclusivos, sino que se encuentra en espacios y expresiones que anteriormente pasaban desapercibidos. Para Loewe, la belleza puede aparecer en cualquier lugar, incluso en aquellos rincones que no destacan a primera vista.

Un legado con mucho significado

La historia de Enrique Loewe está inevitablemente ligada a una de las casas de lujo más importantes de Europa. Fundada hace 180 años, Loewe es la firma de lujo más antigua de España y una de las más veteranas del mundo. Sin embargo, el legado que él desea transmitir parece ir más allá del éxito empresarial.

Su discurso insiste en valores como la cultura, la creatividad y el conocimiento. A diferencia de otros referentes del sector, su visión del lujo no se construye únicamente sobre el consumo, sino sobre la capacidad de apreciar la belleza, fomentar el talento y preservar tradiciones que forman parte del patrimonio.

Cuando se acerca a los 85 años, continúa defendiendo una idea que resume buena parte de su trayectoria: el auténtico lujo no consiste en exhibir aquello que se posee, sino en desarrollar aquello que se es. Una filosofía que ha marcado su vida y que sigue guiando su mirada sobre el mundo contemporáneo.