Jesús Calleja

La confesión de Jesús Calleja (61 años) sobre su infancia: «Casi no tuve juguetes porque no podíamos comprarlos»

Jesús Calleja
Jesús Calleja (IA).
Janire Manzanas

Jesús Calleja se describe a sí mismo como un hombre «aventurero», «viajero» y, por encima de todo, «feliz». A sus 61 años, ha tenido la oportunidad de recorrer todos los continentes y conocer algunos de los rincones más increíbles del mundo. Además, el 25 de febrero de 2025 se convirtió en el primer turista espacial español de la historia tras un viaje a bordo de la nave New Shepard, de la compañía Blue Origin.

Pero tras esta vida llena de viajes y experiencias se encuentra una trayectoria marcada por el esfuerzo, el trabajo y la capacidad de superación, que le ha ayudado a conseguir prácticamente todo aquello que se ha propuesto. Nacido en Fresno de la Vega, un pequeño municipio de la provincia de León, el conocido montañero explica en una entrevista que pasó su infancia rodeado de naturaleza, junto a sus padres y sus dos hermanos. «Mi familia era humilde. Tenía una peluquería de señoras que daba para lo justo», declara.

La confesión de Jesús Calleja sobre su infancia

Jesús Calleja nació en Fresno de la Vega, un pequeño municipio de León de apenas 500 habitantes. Allí creció junto a sus dos hermanos, Kike, que hoy continúa acompañándolo en muchas de sus aventuras, y Julián, que falleció a causa de un cáncer. Los tres pasaban buena parte de su tiempo en Alta Peluquería de Señoras Julián, el negocio familiar.

«De pequeños, mis padres nos montaban en un Simca 1200 con una baca donde llevábamos una tienda de campaña y, sin saber otro idioma, recorríamos toda Europa. Siempre cargados de queso, jamón y latas de fabada porque no teníamos para ir a restaurantes. Para dormir, acampábamos. Aunque esto nunca fue un problema para nosotros. Mis padres nos decían, aún con sus limitaciones, que «el futuro estaba en lo que viviéramos, porque es lo que te abre la mente»», confesó en una entrevista con Vanity Fair.

Su madre fue siempre una figura de referencia para él y la considera su gran heroína. «Mi madre era rompedora y eso me ayudó mucho a perseguir mis sueños». Su padre, por su parte, despertó en él la pasión por la aventura y le hablaba de grandes exploradores como Edmund Hillary, quien junto al sherpa nepalí Tenzing Norgay se convirtió en la primera persona en alcanzar la cima del Everest. Jesús le prometió que algún día él también lo conseguiría. «La promesa la cumplí en el año 2005 y entonces hice el mayor cambio de mi vida, porque ya nada sería igual».

Durante su infancia, Jesús fue un niño hiperactivo y algo enfermizo, pero al llegar a la adolescencia empezó a acudir diariamente al gimnasio y a subir las montañas cercanas a su casa mientras cargaba leña. «Mi día a día parecía una película de Rocky. Hacía ejercicio hasta reventar y volvía muerto. Todo aquello era para demostrarme a mí mismo que podía ser fuerte», explicaba en su libro. A partir de ahí decidió abandonar el negocio familiar, donde había trabajado junto a sus hermanos y en el que incluso llegó a ganar, con 23 años, un campeonato de peluquería masculina en Burgos. Después de ahorrar algo de dinero, se marchó a trabajar a los Alpes y a Nepal como guía de expediciones.

Lejos de recordar su infancia desde la amargura, el presentador habla de aquellos años con agradecimiento. Considera que aquellas circunstancias fueron fundamentales para forjar su manera de entender la vida, basada en el esfuerzo, la humildad y la capacidad de disfrutar de las cosas sencillas. Crecer en el seno de una familia humilde y trabajadora le permitió aprender desde muy pequeño a valorar aquello que realmente importa.

Buena parte de esa filosofía vital la relaciona directamente con sus padres, que siguen ocupando un lugar esencial en su vida. A pesar de su avanzada edad, ambos conservan una gran vitalidad y siguen compartiendo con su hijo todo el tiempo pueden.

Nepal le cambió la vida

«No vengo de una familia rica, no tengo una carrera… Pero, con buenas decisiones y sin temor a los cambios, he sabido vivir como he querido». Nepal terminó conquistando al aventurero leonés, que llegó a vivir allí durante casi 16 años. El dinero que ganaba como guía los destinaba a financiar nuevas expediciones, entre ellas el descenso del río Zambeze, el aprendizaje para pilotar avionetas o sus experiencias conviviendo con pueblos nativos de Nueva Guinea.

En Nepal conoció a Ganesh Man Lana, un joven que vivía en la calle y padecía tuberculosis. Jesús decidió ayudarlo y lo llevó a España para que pudiera recibir tratamiento. «Era salado como él solo, se inventaba todo y era un mentirosillo, pero se buscaba la vida», contaba Calleja. Finalmente, lo adoptó y se hizo cargo de él con ayuda de sus padres. Con el tiempo, Ganesh estudió electrónica y se convirtió en su mano derecha. Además, Calleja acogió también a Sunesh y Sundari, que hoy considera sus hijos.