Carlos Alcaraz dice adiós a la casa de madera que marcó su carrera: su nuevo hogar
Carlos Alcaraz ha cerrado una etapa clave de su carrera al dejar la casa prefabricada de madera en la que vivía
Durante años, esa vivienda funcional y cercana a las pistas le permitió centrarse por completo en el entrenamiento y la competición
Ahora, el tenista ha regresado al hogar familiar en El Palmar, Murcia, donde está empadronado
Carlos Alcaraz ha iniciado una nueva etapa personal y profesional que va mucho más allá de un simple cambio de entrenador. Tras poner fin a su relación laboral con Juan Carlos Ferrero, el tenista murciano también ha dejado atrás el modo de vida que había mantenido durante años en la Academia Equelite de Villena. La mudanza simboliza un cierre de ciclo: Alcaraz abandona la casa prefabricada de madera en la que residía dentro del complejo deportivo y regresa al hogar familiar, en El Palmar, el lugar donde todo comenzó.
Durante siete años, Villena fue su base de operaciones. Allí vivía en una vivienda prefabricada de aproximadamente 90 metros cuadrados, construida en madera y diseñada para facilitarle una rutina enfocada casi exclusivamente en el tenis. La casa contaba con un pequeño porche, jardín, salón, cocina, baño y una habitación adicional para invitados. No era una vivienda lujosa, pero sí funcional y estratégicamente ubicada a pocos metros de las pistas, el gimnasio y el resto de instalaciones de alto rendimiento. Todo estaba pensado para reducir desplazamientos, evitar distracciones y permitir que Carlos se centrara por completo en entrenar, competir y recuperarse.
Ese estilo de vida, casi monástico, fue clave en su meteórico ascenso a la élite del tenis mundial. Desde muy joven, Alcaraz asumió que su carrera exigía sacrificios y disciplina. Con apenas 15 años se trasladó a Villena para formarse bajo la tutela de Ferrero, y esa decisión marcó su desarrollo deportivo. La casa prefabricada se convirtió en su refugio entre torneos, viajes y sesiones interminables de entrenamiento, un espacio íntimo en el que podía descansar y desconectar sin salir del entorno profesional.
Ahora, al hablar de «las casas» de Carlos Alcaraz, la referencia principal vuelve a ser su residencia oficial, donde está empadronado: la vivienda familiar en El Palmar, pedanía murciana situada al suroeste de la ciudad de Murcia. Se trata de una zona residencial tranquila, bien comunicada y con servicios cercanos, que en los últimos años ha experimentado una notable mejora urbana. Calles renovadas, zonas verdes, nuevo arbolado y sistemas de riego han reforzado el carácter apacible del barrio, donde los precios de la vivienda se mantienen dentro de una horquilla moderada.
La casa familiar se encuentra en un edificio construido en 2001, un bloque de cuatro plantas con dos vecinos por piso, jardín comunitario, ascensor, trasteros y garajes. En total, el inmueble alberga 29 viviendas y varios espacios destinados al aparcamiento. Es un entorno discreto, alejado del lujo ostentoso, muy en línea con la imagen que Alcaraz proyecta fuera de la pista. En el documental de Netflix se pudieron ver algunos detalles del interior: una habitación sencilla, con una cama individual, estanterías repletas de zapatillas deportivas y una terraza que da a la calle, desde la que la familia suele asomarse en ocasiones especiales.
El salón de la casa se hizo especialmente viral por su naturalidad. Trofeos colocados en estanterías de Ikea, una mesa cubierta con un hule clásico y un ambiente que muchos identificaron como el de cualquier hogar familiar español. Esa escena reforzó la percepción de que, pese al éxito internacional y los millones en premios, Carlos sigue muy vinculado a sus raíces y a una vida cotidiana normal.
Otro espacio fundamental en su día a día es su propia academia, situada también en El Palmar, en la Avenida Buenavista. Aunque lleva su nombre y su imagen está presente en las instalaciones, Carlos no reside allí. El complejo no cuenta con zonas residenciales, a diferencia de Equelite, y funciona como centro deportivo y de formación. Fundado en 1993, dispone de 17 pistas, cafetería, restaurante y piscina, y se ha convertido en un punto de referencia para jóvenes tenistas y aficionados.
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