Por qué se nos olvidan los sueños al despertar: qué dice la neurociencia
La ciencia explica por qué se nos olvidan los sueños al despertar: qué ocurre en el cerebro durante el sueño, por qué algunos sueños se recuerdan y otros desaparecen en segundos.
Los sueños, origen, tipos
La biología del sueño
¿Por qué razones soñamos?
Hay algo curioso que nos ocurre prácticamente a todos. Abrimos los ojos por la mañana convencidos de que acabamos de vivir una historia larguísima. Quizás era una conversación absurda con alguien que no vemos desde hace años. Tal vez estábamos en una ciudad desconocida o haciendo algo imposible, como volar o respirar bajo el agua. Durante unos segundos el recuerdo parece claro. Está ahí y de repente desaparece. A veces no dura ni un minuto. Basta con incorporarse en la cama, mirar la hora o pensar en el desayuno para que el sueño se esfume casi por completo. ¿Por qué se nos olvidan los sueños?
Por qué se nos olvidan los sueños al despertar
Lo primero que conviene entender es que olvidar los sueños no es un fallo de memoria. En realidad, parece ser el funcionamiento normal del cerebro. Cada noche atravesamos varios ciclos de sueño. En ellos se producen múltiples experiencias oníricas, muchas más de las que solemos imaginar.
No todo se almacena, por supuesto. Si así fuera, viviríamos saturados de recuerdos insignificantes. Pero existe un sistema relativamente eficiente para decidir qué conservar.
Nada más despertarnos, el cerebro tiene trabajo que hacer. Identificar dónde estamos, planificar el día, responder a estímulos externos, procesar sonidos, revisar pendientes. Todo eso llega de golpe. Los recuerdos del sueño, que ya eran débiles, compiten en clara desventaja. Por eso muchas personas experimentan esa sensación tan familiar de tener un sueño perfectamente presente durante unos segundos y perderlo por completo mientras caminan hacia el baño. No es que el sueño se haya borrado de repente. Lo más probable es que nunca llegara a consolidarse de forma estable.
Qué ocurre en el cerebro durante el sueño REM
Hablamos del sueño REM, en el que se produce una actividad cerebral muy intensa. Zonas de nuestro cerebro se relacionan con emociones y procesos visuales. No resulta difícil entender por qué. Muchos sueños tienen una carga emocional enorme. Sentimos miedo, alegría, nostalgia o ansiedad con una intensidad sorprendente. A veces incluso más intensa que en situaciones reales.
Mientras tanto, algunas regiones vinculadas al razonamiento lógico funcionan a menor rendimiento. Y eso explica algo fascinante. Cuando soñamos solemos aceptar situaciones absurdas sin plantearnos preguntas. Los expertos lo llaman desequilibrio entre lógica y emoción.
Por qué recordamos algunos sueños y otros no
Si la mayoría de los sueños se olvidan, surge una pregunta inevitable. ¿Por qué algunos sueños sí que los recordamos? Parece ser que el instante preciso de despertar da la respuesta a esta pregunta. Recordaremos más de los sueños si despertamos en la fase REM o unos instantes después.
Si transcurre más tiempo, las posibilidades disminuyen. Las emociones también juegan un papel fundamental. Los sueños emocionalmente intensos suelen dejar más huella. Una persecución angustiante, una caída al vacío, una situación extraordinariamente feliz o un encuentro inesperado con alguien querido generan una activación emocional que favorece el recuerdo. No significa que se almacenen igual que un recuerdo real, pero sí tienen más opciones de sobrevivir al despertar.
Luego están las diferencias individuales. Hay personas que recuerdan sueños constantemente. Algunas pueden describir varios cada semana. Otros pasan meses sin recordar ninguno. Esto no significa necesariamente que unas sueñen más que otras.
A eso hay que añadir variables cotidianas. Dormir mal, sufrir estrés crónico, consumir determinados medicamentos o mantener horarios muy irregulares puede influir en la forma en que recordamos los sueños. La calidad del descanso importa más de lo que solemos pensar.
Y existe un detalle interesante: las personas que muestran curiosidad por sus sueños suelen recordarlos mejor. No porque tengan un cerebro especial, sino porque prestan atención a algo que la mayoría ignora. Esa atención repetida día tras día, parece reforzar la capacidad de recuperar recuerdos oníricos.
El papel de la noradrenalina en el olvido de los sueños
La noradrenalina tiene importantes funciones relacionadas con nuestro cerebro, como son la memoria, vigilancia, atención, concentración, etc.
Lo llamativo es lo que ocurre durante el sueño REM. El cerebro sigue generando experiencias mentales complejas, pero lo hace en un entorno neuroquímico poco favorable para consolidar recuerdos duraderos. Dicho de otra forma, vivimos la experiencia, pero los mecanismos que normalmente ayudarían a archivarla están funcionando a medio gas.
Varios estudios realizados durante las últimas décadas han encontrado evidencias compatibles con esta idea. No se trata de una teoría cerrada ni definitiva. El cerebro nunca es tan simple, intervienen muchos neurotransmisores distintos y numerosos circuitos neuronales. Sin embargo, la noradrenalina aparece de forma recurrente como una pieza importante en este fenómeno.
Trucos para recordar los sueños por la mañana
Aunque olvidar los sueños es normal, algunas personas desean recordarlos mejor. No existen fórmulas mágicas, tampoco hay métodos garantizados por la ciencia que funcionen siempre. Aun así, varias estrategias parecen aumentar las probabilidades.
Mantener un diario de sueños es una de las técnicas más conocidas y probablemente la que cuenta con más respaldo práctico. La idea consiste en escribir cualquier recuerdo nada más despertar. No importa si son detalles mínimos: una cara, un lugar, una emoción o una frase suelta. Al principio puede parecer inútil. Con el tiempo, muchas personas observan que empiezan a recordar más fragmentos y con mayor claridad.
Despertarse de forma gradual. Las alarmas estridentes no son precisamente amigas de la memoria onírica. Cuando el despertar es extremadamente brusco, la transición desde el sueño hacia la vigilia ocurre demasiado rápida. En algunos casos eso dificulta recuperar detalles del sueño que todavía estaban accesibles. No siempre es posible controlar cómo nos despertamos, pero cuando lo es, una transición más suave suele resultar beneficiosa.
Dormir las horas necesarias. Aquí no hay atajos. Las fases REM tienden a ser más largas durante la segunda mitad de la noche. Si dormimos pocas horas reducimos parte de ese tiempo y disminuyen las oportunidades de despertar durante una fase favorable para recordar sueños. Dormir mejor sigue siendo uno de los consejos más efectivos para casi todo lo relacionado con el cerebro.
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