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Hallazgo estremecedor en el Sahara: uno de los meteoritos más extraños jamás vistos contiene restos de un planeta desaparecido hace 4.500 millones de años

  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

Para entender lo que ocurre en el universo no sólo hay que viajar al espacio, sino analizar los meteoritos y asteroides que llegan a la Tierra. En ese sentido, el desierto del Sahara puede ser fundamental para comprender nuestro Sistema Solar.

Por ejemplo, un equipo de científicos está analizando el meteorito Northwest Africa 12774, también conocido como NWA 12774, y es de vital importancia porque pertenece al tipo angritas (rocas volcánicas antiquísimas y poco frecuentes).

Pero lo más llamativo es que el meteorito no nació como un pequeño asteroide, sino que proviene de un cuerpo planetario mucho mayor. Podría tener unas dimensiones similares a la Luna o a Marte.

El meteorito del Sahara que podría venir de un planeta desaparecido hace 4.500 millones de años

La investigación se ha publicado en la revista especializada Earth and Planetary Science Letters y está firmada por Aaron S. Bell, Laura Waters y Mark Ghiorso.

Al estudiar el meteorito NWA 12774 han llegado a la conclusión de que la roca podría conservar pruebas de un antiguo embrión planetario desaparecido en el Sistema Solar.

No es la primera vez que los científicos encuentran pruebas de un antiguo planeta cercano, ¿pero cómo consiguen identificarlo? En este caso, lo que llamó la atención fue la enorme cantidad de aluminio que contenía el interior de la roca.

Este rasgo es una huella de presión. Es decir, es un indicativo de que la roca se formó bajo unas condiciones que no encajan con un objeto pequeño.

Normalmente las angritas provienen de asteroides de menor tamaño, pero el meteorito descubierto en el Sahara se sale de esta definición. Y es que todo apunta a un gran protoplaneta, un planeta embrionario que existió en las primeras etapas del Sistema Solar.

La prueba de que el meteorito del Sahara no tiene su origen en un asteoride

La prueba más evidente de que el meteorito del Sahara no tiene su origen en un asteroide está en los datos de presión.

Para formar los cristales de clinopiroxeno enriquecidos en aluminio se necesitan más de 17 kilobares, una presión más de 17 veces superior a la del punto más profundo de los océanos terrestres.

En ningún caso un asteroide pequeño podría generar esas condiciones en su interior, por lo que la explicación más lógica es que el cuerpo espacial era más grande.

Como mínimo los científicos han calculado que tendría que poseer un tamaño de escala planetaria.

Además, los cristales de NWA 12774 tenían bordes muy definidos y patrones químicos delicados. Si hubieran cristalizado a gran profundidad, esas señales probablemente se habrían perdido. Y eso es lo más raro de todo.

Es decir, registra presiones enormes, pero también señales de formación relativamente cercana a la superficie. La explicación más coherente es que esa superficie pertenecía a un planeta mucho mayor.

Las primeras estimaciones sobre el planeta originario es que tenía un tamaño similar al de la Luna o, incluso, acercarse al tamaño de Marte.

Qué cambia el meteorito NWA 12774 sobre lo que sabemos del Sistema Solar

Hace unos 4.500 millones de años el Sistema Solar vivía un auténtico caos donde los cuerpos crecían, chocaban, se fusionaban o se fragmentaban.

En ese contexto, lo más razonable es que el protoplaneta de origen se formase y luego desapareciera tras una gran colisión. La consecuencia es que los meteoritos quedasen dispersos por todo el espacio.

De esta manera, el meteorito NWA 12774 llegó a la Tierra, y ahora funciona como una prueba física del camino que siguieron los planetas del Sistema Solar que no llegaron a nuestros días.