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Científicos reconstruyen el rostro de una mujer que vivió hace 3,67 millones de años y el resultado cambia lo que sabíamos sobre nuestra especie

Durante años, el cráneo de «Little Foot» fue casi un rompecabezas imposible. El fósil, considerado el esqueleto de Australopithecus más completo descubierto hasta ahora, llevaba décadas estudiándose, pero su rostro seguía siendo una incógnita. La presión de los sedimentos lo había deformado tanto que resultaba arriesgado intentar interpretar sus rasgos directamente sobre el hueso.

Eso ha cambiado ahora. Tras más de cinco años de trabajo digital, un equipo internacional ha conseguido reconstruir en tres dimensiones la cara de este homínido que vivió hace 3,67 millones de años. El estudio se publicó el  pasado 2 de marzo en la revista Comptes Rendus Palevol y supone un paso importante para entender mejor cómo eran físicamente algunos de nuestros ancestros más antiguos. El resultado no es sólo  una imagen llamativa. También introduce matices nuevos en el debate sobre la evolución y la distribución de los primeros homínidos en África.

Científicos reconstruyen el rostro de una mujer que vivió hace millones de años

«Little Foot» fue identificado en 1994 en las Cuevas de Sterkfontein, en Sudáfrica. Desde el principio llamó la atención por su grado de conservación. A diferencia de otros restos fragmentarios, este esqueleto aparecía prácticamente completo, algo poco habitual para una antigüedad que supera los tres millones y medio de años.

Sin embargo, el cráneo había sufrido fracturas y aplastamientos. La estructura facial estaba alterada y cualquier intento de reconstrucción física podía introducir errores. Durante mucho tiempo, eso limitó las comparaciones con otros ejemplares de Australopithecus. Y en paleoantropología, el rostro no es un detalle menor. La forma de las órbitas, el tamaño de los huesos faciales o la disposición general pueden aportar pistas sobre adaptación al entorno, alimentación e incluso sobre la historia evolutiva de distintas poblaciones.

El papel de la tecnología

El giro llegó en 2019, cuando el cráneo fue trasladado al sincrotrón Diamond Light Source, en el Reino Unido. Allí se realizó un escaneo de altísima resolución que permitió digitalizar cada fragmento sin tocar físicamente el fósil.

A partir de ese momento comenzó un proceso largo y minucioso. Los investigadores aislaron virtualmente los fragmentos óseos utilizando métodos semiautomatizados y sistemas de computación avanzada. No fue cuestión de semanas. El ajuste digital llevó años. El modelo final alcanza una resolución de 21 micras. Esa precisión permitió corregir deformaciones y recomponer el conjunto con un nivel de detalle que hasta hace poco era impensable. Según explicó la autora principal, Amélie Beaudet, investigadora del laboratorio PALEVOPRIM vinculado al CNRS, ahora disponen de una reconstrucción fiable que no era posible obtener directamente del espécimen físico.

El cráneo original (izquierda), la copia digital (centro) y el rostro reconstruido de «Little Foot». (Foto: © Amélie Beaudet)

Un parecido inesperado

Uno de los aspectos que más ha llamado la atención es la morfología de las órbitas. Las cuencas oculares aparecen amplias y el conjunto del rostro recuerda más a ejemplares de Australopithecus hallados en África Oriental que a otros descubiertos en el sur del continente. Ese matiz no es menor ya que «Little Foot» procede de Sudáfrica, pero sus rasgos se aproximan a fósiles encontrados miles de kilómetros al norte. La comparación reabre la discusión sobre cómo se movían y se relacionaban las distintas poblaciones de homínidos hace más de 3,5 millones de años.

Algunos investigadores plantean la posibilidad de desplazamientos entre regiones. Otros prefieren mantener la cautela. El número de cráneos completos disponibles sigue siendo reducido y cualquier conclusión debe tomarse con prudencia. Lo que sí parece claro es que la región orbital pudo estar sometida a cambios evolutivos relevantes en ese periodo. Comprender esas transformaciones puede ayudar a reconstruir mejor la historia de nuestro linaje.

Un modelo abierto a la comunidad científica

La reconstrucción digital ya está disponible en acceso abierto. Esto significa que otros equipos pueden descargar el modelo y trabajar sobre él sin necesidad de manipular el fósil original. Ese punto es especialmente importante. Cada intervención física sobre un resto de este valor implica riesgos. El uso de copias digitales reduce esa exposición y permite repetir análisis sin afectar al material. Además, el proyecto no se detiene aquí ya que los investigadores prevén ampliar la restauración virtual al resto del cráneo, incluida la caja craneana y la dentición. Esos estudios podrían aportar datos sobre la dieta, la mecánica de la mandíbula y el desarrollo cerebral en etapas muy tempranas de la evolución humana.

Más preguntas que respuestas

La reconstrucción de «Little Foot» no ofrece una imagen definitiva del pasado, pero sí amplía el margen de análisis. Durante décadas, la deformación del cráneo limitó cualquier interpretación detallada del rostro. Hoy esa barrera técnica ya no existe. Queda trabajo por delante. Nuevas comparaciones, nuevos estudios y probablemente nuevas hipótesis. Pero el modelo digital cambia el punto de partida.

Porque más allá del impacto visual, lo relevante es que ahora se dispone de una base más sólida para examinar cómo eran físicamente algunos de los primeros miembros de nuestro linaje. Y en una disciplina donde cada fragmento cuenta, poder recomponer un rostro de hace 3,67 millones de años es, sin duda, un avance más que significativo.