Ciencia
Océano Atlántico

Científicos instan a España a prepararse: la corriente principal del Océano Atlántico está mucho más cerca de colapsar de lo que se pensaba y podría alterar varios continentes

La comunidad científica vuelve a lanzar una advertencia alarmante: la gran corriente del Atlántico, que es la responsable de regular el clima de Europa, podría estar mucho más cerca de colapsar de lo que los científicos pensaban. En 2026, nuevos estudios refuerzan la preocupación y sitúan este fenómeno como uno de los mayores riesgos globales. En España, por su ubicación, podría estar entre las regiones más afectadas.

¿Qué es la AMOC?

La AMOC es la Circulación de Vuelco Meridional del Atlántico; es un sistema grande de corrientes marinas que funciona como una especie de «cinta transportadora» oceánica. Es la encargada de llevar el agua cálida y salada desde los trópicos hasta Europa y agua fría hacia el sur, regulando de esta forma el clima y suavizando las temperaturas y lluvias en el hemisferio norte.

Este sistema es clave para que Europa tenga un clima más templado de lo que realmente le correspondería por latitud. Sin él, el equilibrio climático global cambiaría de forma radical, afectando a múltiples continentes.

Colapso más cercano de lo previsto

Las investigaciones más recientes coinciden en algo, y es que el debilitamiento es mucho más rápido de lo que se esperaba. Algunos estudios estiman que la AMOC podría reducirse entre un 42% y un 58% antes del 2100, cifras mucho más altas que en previsiones anteriores.

Además, los científicos advierten de que el sistema podría acercarse a un «punto de no retorno», tras el cual el colapso sería irreversible y terrible para la humanidad, ya que habría un descontrol en las temperaturas.

Sin embargo, no hay un acuerdo total entre los expertos. Otros estudios consideran que, aunque el AMOC se debilitará, un colapso completo en este siglo todavía es incierto y, por lo tanto, improbable.

Consecuencias globales

Si la corriente colapsa, los efectos serían muy profundos y rápidos. Europa podría experimentar un enfriamiento drástico, con descensos de temperatura muy significativos en pocas décadas.

Al mismo tiempo, el sur del continente, en el que está incluida España, podría sufrir una serie de sequías muy intensas, graves alteraciones en las lluvias y una gran pérdida de productividad agrícola.

Otros impactos de este colapso incluirían la subida del nivel del mar en zonas del Atlántico, cambios significativos en los ecosistemas y una reorganización global del clima.