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La ciencia no da crédito: identifican el patrón que se repite antes de morir y esto es lo que se experimenta

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Un estudio realizado en Italia y publicado en la revista Death Studies sugiere que muchas personas en fase terminal experimentan sueños y visiones en los días previos al fallecimiento. En el proyecto participaron 239 profesionales sanitarios (médicos, enfermeros, psicólogos y voluntarios), quienes confirmaron que no se trata de episodios aislados, sino de un patrón que se repite antes de morir y puede presentarse tanto durante el sueño como en momentos de vigilia del paciente. Lo más habitual es el encuentro con seres queridos ya fallecidos, como familiares cercanos, parejas o incluso mascotas.

Los investigadores consideran que estas vivencias podrían tener un importante componente emocional; a través de este lenguaje simbólico, los pacientes expresarían miedos, deseos o asuntos pendientes. En la mayoría de los casos, estas experiencias se describen como «calmadas» o «reconfortantes». Sin embargo,  uno de cada diez episodios presenta un carácter más angustiante, con imágenes que los expertos relacionan con dolor, miedo o conflictos no resueltos.

El patrón que se repite antes de morir

«Los sueños y visiones al final de la vida (ELDVs, por sus siglas en inglés) son experiencias coherentes y con un fuerte contenido emocional reportadas pacientes lúcidos que se encuentran cerca de la muerte, aunque su interpretación y manejo clínico aún no están del todo claros», detallan los investigadores.

Los participantes del estudio interpretan el patrón que se repite antes de morir desde distintos enfoques (psicológico, espiritual, existencial y, en menor medida, biomédico) y a menudo deben lidiar con la dificultad de diferenciarlas de episodios de «delirium». En cuanto a la respuesta clínica, predominan la escucha activa, la tranquilidad y el apoyo emocional. Sin embargo, la formación limitada en este ámbito provoca que el nivel de confianza y preparación varíe entre los profesionales.

Los relatos más habituales hacen referencia a encuentros con seres queridos ya fallecidos, así como a símbolos asociados a la transición. En uno de los casos recogidos por un profesional, una paciente explicó que había soñado con su marido, quien le decía: «Te estoy esperando».

Por otro lado, se describen, aunque con menor frecuencia, sueños de carácter perturbador. En uno de los casos recogidos por un profesional, un paciente relató que «un monstruo con la cara de mi madre me arrastraba hacia abajo», lo cual podría estar relacionado con necesidades clínicas o emocionales no cubiertas. Aunque estas experiencias son relativamente frecuentes, muchos pacientes no se sienten cómodos al relatarlas por miedo al juicio o a que se interpreten como signos de confusión.

«Los ELDV (sueños y visiones del final de la vida) tienen un importante potencial relacional, y hablar sobre ellos permite a los pacientes abordar temas que de otro modo serían innombrables a través de un modo de expresión simbólico, sorteando los obstáculos del lenguaje racional, que en cambio puede desencadenar reacciones defensivas como la negación. Sin embargo, a pesar de su prevalencia e importancia relacional, los aún carecen de una comprensión cultural y clínica clara. Los pacientes suelen dudar en revelarlas por miedo al ridículo, al juicio o a ser percibidos como confundidos , y pueden minimizar su importancia cuando las comparten», comentan los autores del estudio, liderados por Elisa Rabitti.

Señales de una muerte cercana

Cuando el final de la vida se aproxima, la persona suele hablar y moverse menos, y pasa gran parte del tiempo durmiendo. Asimismo, es frecuente que responda menos a estímulos; este proceso, conocido como «desapego» refleja una retirada progresiva de la vida cotidiana. Sin embargo, es importante tratar a la persona como si pudiera oír y comprender, ya que el oído es el último sentido en desaparecer.

«El paciente suele empezar por intuir que debe prepararse porque la vida se acerca a su final y que, tras ello, vendrá otra etapa. Esta sensación de «preparación» es bastante común y, según el estado emocional y el acompañamiento que reciba, puede vivirse con serenidad o, por el contrario, con miedo, ansiedad y angustia. Con el tiempo, el cuerpo inicia un proceso de desconexión progresiva: la persona come y bebe cada vez menos, algo que forma parte natural del proceso y no implica necesidad de mantener una nutrición activa en esta fase.

Posteriormente, entra en un estado de mayor somnolencia, puede dejar de reconocer a quienes le rodean y comienza a apartarse de la realidad cotidiana. Algunos especialistas describen que en este periodo es frecuente que el paciente perciba la presencia de seres queridos fallecidos, lo que en muchos casos se asocia a una sensación de calma y alivio en el entorno. En las fases finales puede aparecer la llamada «agonía» o estertor, un patrón respiratorio característico que se considera fisiológico dentro del proceso de morir y que el propio paciente no suele percibir como sufrimiento debido a la disminución de la consciencia», detalla Enric Benito, experto en cuidados paliativos, a la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL).