Montesión celebra su última misa tras la expulsión de los jesuitas de Mallorca y el cierre del convento
Diversas entidades vinculadas a Montesión organizan la misa en honor de San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas
Ante la ausencia de jesuitas, la misa la ha presidido un canónigo de la Catedral
Este mes de agosto el colegio, la iglesia, el claustro y todo el convento pasan a manos privadas
Esta es la historia del último episodio del naufragio del barrio de Montesión, en el epicentro del centro histórico de Palma. Ha sido un acto sencillo pero alegre y brillante al mismo tiempo aunque ha sido también el acto que marca una de las páginas tristes de la historia de Palma. La Iglesia de Montesión ha abierto este jueves sus puertas para celebrar su última misa tras la expulsión de los jesuitas y ante el inminente cierre definitivo del histórico convento. Se ha celebrado una misa sin jesuitas organizada por diversas entidades vinculadas a Montesión con ocasión de la festividad de San Ignacio de Loyola, fundador de la compañía.
La misa se ha celebrado en la capilla de San Alonso, la única dependencia de la iglesia que estos últimos meses ha permanecido abierta. El resto del hermoso templo barroco está cerrado de forma incompresible desde hace cuatro años a la espera de una restauración que no se ha iniciado.
Ante la ausencia de los jesuitas la misa la ha presidido el canónigo de la Catedral Gabriel Amengual. La estancia dedicada a San Alonso es una capilla fonda como la existente en muchas iglesias. Es una capilla hermosa, rica en patrimonio artístico e histórico que no tiene grandes dimensiones y que se ha visto abarrotada de asistentes.
Todos esperaban que presidiera la eucaristía el padre Miquel Garau, uno de los dos únicos jesuitas que pudo evitar la expulsión de Mallorca al ser acogido por los franciscanos en La Porciúncula. El otro jesuita de la Porciúncula es el padre Pons, con un estado de salud muy delicado. Al parecer, el padre Garau, también de avanzada edad, no ha podido celebrar la misa por encontrarse convaleciente.
A la misa para celebrara la festividad de San Ignacio de Loyola han asistido numerosos miembros de las entidades vinculadas a Montesión que han organizado el acto y que son, entre otras, Fundación Patronato Obrero, Fundación Padre Montalvo, Son Bono y la asociación de antiguos alumnos de Montesión. También han asistido los vecinos que quedan en el barrio y las religiosas de La Pureza, el Centro Eucarístico y Las Siervas de Jesús.
Salvo sorpresas, ha sido la última misa que se celebra en la iglesia de Montesión, que este mismo mes de agosto pasa a manos privadas así como el resto del convento, el claustro y todas las dependencias del colegio. Primero fue la marcha de los jesuitas decidida sin explicación alguna por la dirección de la Compañía en Madrid. Sucedió esto el pasado verano. Después llegó el cierre del histórico colegio el pasado mes de junio coincidiendo con el fin de curso y ahora ha sido la celebración de la última misa.
Con ello, Palma, y Mallorca en general, pierden parte de su historia y patrimonio artístico, social y religioso y el barrio de Montesión, epicentro del centro histórico de la ciudad, acaba perdiendo sus últimas raíces para convertirse en una colección de hoteles de ciudad y de antiguas casas señoriales transformadas en pisos de lujo. Los comercios, antes numerosos y emblemáticos muchos de ellos, desparecieron hace años, los residentes de toda la vida huyeron tras vender sus casas y palacios y lo único que hasta hace poco daba vida al barrio era el transitar de alumnos. De todo esto ya no queda ahora absolutamente nada.
Fue en el año 1534 cuando San Ignacio de Loyola fundó la Compañía de Jesús. San Ignacio fue primero soldado y después sacerdote. Falleció en Roma el 31 de julio de 1556. Los jesuitas profesan los votos habituales de pobreza, castidad y obediencia además de otro especial de obediencia al Papa. La Compañía de Jesús tuvo un importante papel durante la Contrarreforma y siempre ha dedicado sus esfuerzos a la educación y la labor misionera.
Sólo seis años después de la muerte de San Ignacio, llegaron a Palma cinco jesuitas atendiendo las presiones del Reino de Mallorca y de la sociedad para que la compañía tuviera presencia en la isla. Estos cinco jesuitas fundaron el colegio de Montesión que hasta el pasado mes de junio ha sido el más antiguo de la compañía en todo el mundo.
Los jesuitas han sufrido a lo largo de la historia tres expulsiones de Mallorca y siempre han regresado. Ahora, la marcha parece definitiva. Toda el recinto de Montesión, incluido el convento, el claustro, la iglesia, el museo y demás dependencias pasa a ahora a manos privadas.
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