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CULTURA

Un inesperado maridaje: Jazz Voyeur Festival y Red Carpet

El festival afronta su XIX edición con un programa que reúne a Trio Corrente, Al Di Meola Trio, Cécile McLorin y Hans Theessink

La incorporación de nuevos escenarios y la coproducción con Red Carpet refuerzan un proyecto que se acerca a sus dos décadas de trayectoria

El 29 de octubre, en el auditorio del Conservatorio Superior de Baleares, dará comienzo el XIX Jazz Voyeur Festival con Trio Corrente, que, nacido en 2001, recoge el importante legado del jazz instrumental de Brasil, una vez que la samba-jazz había establecido las bases de algo nuevo que, en los años 70 del siglo XX, encontró su razón de ser en el jazz brasileño instrumental y que tuvo, por cierto, a Egberto Gismonti como protagonista destacado, presente el año pasado en el Jazz Voyeur, en este mismo escenario de Palma.

Seguirán dos conciertos muy relevantes. El primero, en el Teatro Principal de Inca, el 22 de noviembre, con Al Di Meola Trio; y el 25 de noviembre, en el Teatro Principal de Palma, será el turno de la vocalista Cécile McLorin, acompañada al piano por un firme valor emergente, Sullivan Fortner. Para el cierre, el 6 de diciembre, se ha elegido el Blue Jazz Club, en los altos del Hotel Saratoga de Palma, donde actuará Hans Theessink, gran referente del blues en Europa. En resumidas cuentas, salen de escena el góspel y el Trui Teatre, incorporándose el Teatre Principal de Inca y el Blue Jazz Club.

Comienza una nueva era para el festival Jazz Voyeur, a las puertas de cumplir las dos décadas de permanencia en activo. Hablamos del digno sucesor del Festival Internacional de Jazz de Palma (1981-1990), que, una década después de su desaparición, aportó la base necesaria para reactivar una práctica que nunca debió desaparecer. «Gracias», Joan Fageda, por cerrar un festival por el simple hecho de haber sido creado en tiempos del alcalde socialista Ramon Aguiló.

Regido el Jazz Voyeur desde el inicio por Roberto Menéndez, que había llegado a inicios del siglo XXI procedente de Argentina y con el relevante crédito de aportar una trayectoria previa consagrada al jazz, con importantes conciertos multitudinarios por la geografía de Iberoamérica.

Lo realmente lamentable es que nuestras instituciones nunca se tomaron en serio ese capital que podía aportar Roberto Menéndez a nuestro panorama cultural, de manera que siempre tuvo que luchar contra los elementos a la hora de sacar adelante un proyecto de suma importancia para acreditar a la isla de Mallorca en el escenario internacional de la buena música. Han sido dos décadas de permanente lucha y sin el reconocimiento que se merecía.

Bien es cierto que el Consell de Mallorca ha tenido su acierto a la hora de permitir que el Teatro Principal de Inca, de su propiedad, se incorpore a la dinámica escénica del Festival. También el Govern, indirectamente, porque ha permitido utilizar en las últimas ediciones el escenario del auditorio del Conservatorio Superior de Baleares. Lo mismo sucede con el Principal de Palma, que también es propiedad del Consell de Mallorca y que, desde el año pasado, es otro de los escenarios estables. Pero tampoco debemos olvidar que, durante los ocho años del Pacte de Progrés (2015-2023), se le cerraron las puertas, a pesar de estar hablando de un presunto o presuntuoso gobierno progresista.

Me he referido líneas arriba a que se abre una nueva era para el Jazz Voyeur, y me explico. Este año, por primera vez, ha saltado la palabra mágica, que no es otra que coproducción. En efecto, para la XIX edición, se ha unido al Jazz Voyeur Festival el espacio cultural Red Carpet, ubicado en Lloret de Vistalegre, al objeto de crear las sinergias necesarias para situar el Festival en el mapa fijo de lo culturalmente imprescindible.

La idea es trascendente desde el momento en que Red Carpet nace en la pospandemia (finales del año 2003, inicios de 2004), que es cuando, tras el hundimiento causado por el COVID-19, emergen nuevos proyectos de futuro, inspirados en la autoría emergente. Red Carpet es una iniciativa, sobre el papel, autosuficiente, en la que lo principal es la apertura de nuevos caminos antes no experimentados.

Un hombre con los profundos conocimientos de Roberto Menéndez tenía la necesidad de coincidir con el incansable ánimo explorador de una mujer, es decir, Katia Raby Chornet, toda ella comprometida con los nuevos futuros, y así ha sucedido. Juntos están en disposición de soñar de nuevo y reparar los silencios institucionales para crear una autosuficiencia conquistada con el propósito de poner en valor que todo es posible si tienes el coraje de ir a soñar cuáles son sus posibilidades.

El Jazz Voyeur Festival se ha resistido a la posibilidad de desaparecer —le ha ocurrido en todos estos años— y ahora es momento de crecer en una dimensión desconocida. El futuro aguarda. Lo diré alto y claro: este encuentro tiene una dimensión ciertamente moral y las complicidades siempre tienen por costumbre sorprendernos.