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PRIMERA LÍNEA

La extrema izquierda hace el ridículo mofándose de Palma 2031

No era deseable, aunque sí previsible, que la extrema izquierda celebrase el hecho de que el proyecto Palma 2031 no pasara a la final en el camino de la elección de la ciudad española, que el año 2031 recibirá el encargo de ser Capital Europea de la Cultura.

Olvida esta chusma, grosera y vulgar, que el objetivo era situar Palma –no el Ayuntamiento y sí la ciudad entera– en el mapa cultural europeo. El descarte del pasado 13 de marzo, por lo tanto, se refiere a que la ciudad no reúne las condiciones recogidas en las bases del concurso anunciado en diciembre de 2024. Me atreveré a decir que tanto el tejido económico como la sociedad civil en su conjunto son quienes han recibido esta bofetada. El Ayuntamiento solo ha hecho una apuesta fallida, consecuente con el trato que las instituciones le vienen dando a la cultura.

Un trato que en absoluto depende del color político porque, sin distinción alguna, todos los partidos han carecido de un programa relevante para el fortalecimiento de la salud cultural de la ciudad, excepto el PSOE de 1979. Veamos qué argumentos ha dado la extrema izquierda para mofarse de la salida del proyecto Palma 2031 en la criba de días pasados. 

Més habla de un gobierno de perdedores, incapaz de tener éxito a propósito de su propuesta de modelo cultural y de ciudad, y de utilizar la candidatura como herramienta de promoción turística. Por su parte, el PSIB-PSOE habla de la falta de una estrategia cultural sólida para la ciudad, apostando por un único proyecto que finalmente ha fracasado. De la única regidora de Podemos, no hay señales, tal vez porque estaba comprándose el burka para la flotilla con rumbo al estrecho de Ormuz. Resumiendo, la extrema izquierda toda ella se felicita de tener en Palma un gobierno de perdedores que se atreve a usar el proyecto para promoción turística y carencia de estrategia cultural sólida.

Lo cierto es que han hecho la radiografía perfecta, pero no de ahora mismo,  sino de los últimos… ¿35 años? Desde la década de los 90, vamos. Llama la atención no ofrecer alternativa alguna al proyecto del PP. Nada de nada, probablemente porque carecen de ella. Estas luminarias de extrême gauche tuvieron ocho años (2015-2023) para el desarrollo de «una sólida estrategia cultural para la ciudad», como apunta el líder socialista Iago Neguereuela; incluso para «cuidar el sector cada día para que Palma sea culturalmente activa», en palabras de Miquel Àngel Contreras, portavoz de Més. Pero no hicieron absolutamente nada, porque nada había para ofrecer. Eso de que la izquierda es la única que se preocupa de la cultura es un completo engaño. La utiliza para su relato y punto. ¿Les suenan artistas de la ceja?

Por cierto, Més debería saber que desde tiempos remotos, cualquier destino turístico de alto nivel o liderazgo se viene acompañando de oferta cultural equiparable a su hegemonía en el sector turístico. A nivel internacional. 

La extrema izquierda, acampada ocho años seguidos en el salón de plenos de Cort, de haberse leído las bases, sabría que, condición sine qua non, era contar el proyecto con apoyo político. No del PP en solitario, sino de todas las fuerzas políticas representadas en el consistorio. Imaginemos, pues, que el proyecto Palma 2031 hubiera resultado coherente y nada confuso, esto es, impecable. Tampoco habría superado el listón debido a la absoluta falta de consenso político, debido a la polarización que vivimos desde el 2004.

Voy a dar por supuesto que el equipo municipal de gobierno del PP había trabajado a conciencia en los preparativos del proyecto Palma 2031. En este caso, el esfuerzo no ha sido en balde. Todo lo contrario. El alcalde de Palma, Jaime Martínez, ha subrayado que el trabajo «ha servido para seguir situando las bases del impulso cultural que está necesitando la ciudad; para la dinamización social que va emparejada con la cultura». Lo que sigue sin haber son puntos de encuentro, de coincidencia, con una extrema izquierda empeñada en ver enemigos donde solo debería haber adversarios prontos al diálogo, al debate, a pactos, a compartir sueños sobre el futuro de Palma.

Probablemente, el PP reeditará la Alcaldía de Palma el año 2027 y solo una cura de humildad por parte de la izquierda, abandonando sus extremismos y abrazando consensos, hará posible que entonces Palma sea capital cultural, de sí misma, y por extensión, mostrando al mundo la grandeza de la ciudad milenaria que siempre ha sido. Soñar es gratis. ¡Pónganse las pilas, carajo!