Morante firma una tarde histórica en la Maestranza: banderillas desde una silla y una faena de locura
El de La Puebla firma una tarde antológica pero sin trofeos al fallar con el metal
La Real Maestranza de Sevilla ha sido este jueves otra vez escenario de la pasión por Morante de la Puebla en la quinta corrida de la Feria de Abril. El de La Puebla, junto a Juan Ortega y Víctor Hernández, lidió toros de Álvaro Núñez ante un lleno absoluto con cartel de «no hay billetes». El genio de Morante de la Puebla firmó una actuación antológica, pero sin trofeos al fallar con el metal.
Con el primero de su lote, Nenito, Morante mostró su torería habitual con ese temple que sólo él posee. El toro humillaba, permitiendo al torero lucirse, aunque la faena no alcanzó la cima. Una estocada trasera dejó un silencio respetuoso.
Todo estalló con el cuarto, Colchonero, un colorado de 517 kilos que salió con clase y nobleza. Morante lo recibió con lances apoyando la espalda en las tablas y ejecutó verónicas que provocaron la primera celebración.
En el tercio de banderillas llegó el momentazo de la tarde: el maestro pidió una silla de tijera, se sentó, cruzó las piernas y colocó un par al quiebro como si nada, suspendido en el tiempo. Repitió la hazaña con otro par desde la silla, desatando la locura total en los tendidos.
La Maestranza rugía. Con la muleta, Morante hizo una faena de ensueño. Comenzó sentado, toreando con improvisación y cercanía. Encadenaba muletazos mágicos en una plaza ahora enmudecida.
Al ir a por la espada, Morante falló en varios intentos, el acero se atascó, lo que le impidió cortar orejas pese a las peticiones del respetable. Aun así, dio dos vueltas al ruedo entre la ovación atronadora de un público que ya no pudo más y saltó en avalancha al ruedo para subirle a hombros, rezan las crónicas.
El gentío enfiló la Puerta del Príncipe, pero la realidad hizo acto de presencia en forma de autoridad e impidió lo imposible: cruzar el Príncipe sin los trofeos preceptivos. Así que el propio Morante de la Puebla pidió marcha atrás y el gentío enfiló la puerta de cuadrillas, que se quedó chica para un torero tan grande.
«Hoy ha sido un día de ensueño», declaró después, visiblemente emocionado, tras ser paseado a hombros por Sevilla.
Juan Ortega estuvo correcto, pero sin rematar del todo, mientras Víctor Hernández cerró la tarde con una ovación tras una faena notable de naturales. Morante, sin embargo, se llevó el clamor absoluto.
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