El síntoma que preocupa a los psicólogos: cada vez más personas son incapaces de aburrirse
Internet y las redes sociales han supuesto una revolución en la forma de comunicarnos, informarnos y relacionarnos
¿Cuánto tiempo eres capaz de estar sin mirar el móvil? Para muchas personas, la respuesta es apenas unos minutos. Revisar las redes sociales al despertar, consultar el teléfono mientras esperamos una respuesta, durante una conversación o incluso en momentos de descanso se ha convertido en un hábito tan normalizado que pocas veces nos planteamos hasta qué punto dependemos de él.
Con motivo del Día Mundial de las Redes Sociales, que se celebra el próximo 30 de junio, los expertos advierten sobre una realidad cada vez más presente en las consultas de salud mental: la dificultad para desconectar de la tecnología y la creciente necesidad de estar permanentemente estimulados.
Según el informe «Impacto de la Tecnología en la Adolescencia. Relaciones, Riesgos y Oportunidades» de UNICEF, uno de cada tres adolescentes españoles realiza un uso problemático de Internet y las redes sociales. Los expertos señalan que esta tendencia no afecta únicamente a los más jóvenes y que cada vez observan más conductas de dependencia tecnológica también en adultos, lo cual influye por aprendizaje por modelos en los niños y adolescentes.
«Durante años hemos hablado de la ansiedad asociada al uso de las redes sociales, pero actualmente observamos algo más profundo: muchas personas recurren al móvil de forma automática cada vez que experimentan aburrimiento, soledad, frustración o cualquier emoción incómoda. La pantalla se ha convertido en una herramienta de regulación emocional para una parte importante de la población», explica Jose Luis García Alonso, psicólogo de Clínica López Ibor.
Internet y las redes sociales han supuesto una revolución en la forma de comunicarnos, informarnos y relacionarnos. También han permitido acercar recursos de salud mental a millones de personas. Sin embargo, algunas de las dinámicas que incorporan estas plataformas están diseñadas para captar y mantener la atención del usuario durante el mayor tiempo posible. Uno de los ejemplos más conocidos es el denominado scroll infinito, un sistema que permite acceder de forma continua a nuevos contenidos sin necesidad de realizar ninguna acción adicional. «Otro ejemplo es que, cuando quieres salir de la aplicación, consiguen introducir un video basado en tu algoritmo para mantenerte allí», señala García Alonso.
Estas dinámicas favorecen un consumo prolongado y dificultan que el usuario interrumpa voluntariamente la actividad.
La búsqueda constante de validación
Los expertos advierten además de que las redes sociales no solo están modificando nuestros hábitos digitales, sino también la forma en la que nos percibimos a nosotros mismos. La exposición continuada a imágenes cuidadosamente seleccionadas, filtros, retoques y versiones idealizadas de la realidad puede generar comparaciones constantes y aumentar la presión por proyectar una imagen determinada.
«Cada vez vemos más personas que no solo buscan aprobación a través de las redes, sino que terminan comparándose con una versión irreal de sí mismas. La exposición continuada a imágenes filtradas puede afectar a la autoestima, aumentar la insatisfacción personal y generar la sensación de que nunca somos suficientemente buenos tal y como somos», señala el psicólogo García Alonso. Los expertos recuerdan que la búsqueda de validación a través de los «likes», comentarios o seguidores puede reforzar la dependencia emocional de las plataformas y aumentar la necesidad de permanecer conectado para obtener reconocimiento o aceptación social. Ello se ve reforzado también por la figura del «influencer», convirtiéndose así en la referencia para muchos jóvenes. Es importante incidir en la responsabilidad que estas figuras tienen y el impacto que pueden generar en la salud mental de la juventud.
Cuando el móvil deja de ser una herramienta
Los psicólogos recuerdan que el problema no está en la tecnología, sino en la pérdida de control sobre su uso. Entre las señales que pueden alertar de una posible dependencia tecnológica destacan la necesidad constante de consultar el móvil sin motivo aparente, el malestar cuando no se tiene acceso al dispositivo, la dificultad para permanecer desconectado durante periodos breves de tiempo, la pérdida de la noción del tiempo navegando por redes sociales o el impacto negativo sobre el descanso, las relaciones personales o las actividades cotidianas. «Una de las señales que más nos preocupa es la incapacidad para tolerar el aburrimiento. Hemos llenado cualquier momento de espera, silencio o inactividad con estímulos digitales. Cada vez cuesta más simplemente estar, pensar o descansar sin recurrir a una pantalla», afirma el psicólogo de Clínica López Ibor.
Las vacaciones: una prueba definitiva de una adicción
La llegada del verano y las vacaciones ofrece una oportunidad especialmente valiosa para analizar nuestra relación con la tecnología. Al disminuir las obligaciones laborales y académicas, muchas personas descubren hasta qué punto dependen del móvil para ocupar su tiempo o gestionar sus emociones. Por ello, los expertos recomiendan establecer límites de uso, desactivar notificaciones innecesarias y relojes (smartwatch) sincronizados, evitar el móvil antes de dormir, recuperar actividades presenciales y reservar momentos libres de pantallas durante las vacaciones.» Muchas personas descubren en verano que pueden dejar de trabajar, pero no dejar de mirar el móvil. Esa dificultad para desconectar es una señal que merece atención. Descansar también implica aprender a estar sin estímulos constantes», concluye García Alonso.
Los expertos recuerdan que las adicciones comportamentales pueden tratarse con éxito y que pedir ayuda profesional es fundamental cuando el uso de la tecnología empieza a afectar al bienestar emocional, las relaciones personales o el funcionamiento diario.»Antes las redes sociales nos permitían mostrar quiénes éramos. Hoy, en muchos casos, nos empujan a intentar parecernos a la versión digital que hemos construido de nosotros mismos», concluye el experto.
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