¿Golpe de calor o ictus? La confusión del verano que puede costar una vida
Cada año 120.000 personas sufren un ictus en España y unas 25.000 fallecen; los expertos insisten en que reconocer los síntomas en los primeros minutos puede marcar la diferencia
Una persona empieza a hablar con dificultad después de pasar la mañana en la playa. Otra pierde fuerza en un brazo tras una caminata bajo altas temperaturas. La reacción más habitual suele ser pensar en un golpe de calor, una bajada de tensión o simplemente el cansancio propio del verano. Sin embargo, esos mismos síntomas pueden corresponder a un ictus.
Según GENI, el Grupo Español de Neurorradiología Intervencionista, el verano favorece una peligrosa confusión: atribuir señales de alarma neurológicas al calor o a la deshidratación y retrasar la atención médica. En una enfermedad en la que el tiempo es determinante, esperar para ver si los síntomas mejoran puede reducir las opciones de tratamiento y aumentar el riesgo de secuelas.
Las señales que nunca deben ignorarse
El doctor Eduardo Bárcena, neurorradiólogo intervencionista, explica que la dificultad para hablar, la pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, la desviación de la boca y los problemas de visión son síntomas compatibles con un ictus y requieren actuar de inmediato.
Ante cualquiera de estas señales, los especialistas insisten en que es preferible llamar al 112 que acudir por cuenta propia al hospital. Los servicios de emergencia pueden orientar sobre los siguientes pasos y activar el protocolo asistencial más adecuado.
No todos los ictus se tratan igual, el ictus es una enfermedad que puede prevenirse
«Para tratar un ictus es imprescindible conocer qué tipo de paciente es, la gravedad de la situación y realizar previamente una técnica de imagen que permita planificar el tratamiento» nos recuerda Manuel Requena, doctor y miembro de GENI. Además, insiste en que, una vez finalizada la intervención, el paciente necesita recibir los mejores cuidados posibles para favorecer su recuperación.
Antonio Lorenzo doctor en el Hospital General Universitari de Castelló señala que la estenosis carotídea, un estrechamiento de las arterias carótidas, es responsable de entre el 10% y el 20% de los ictus isquémicos. En estos pacientes existen técnicas de revascularización como la endarterectomía carotídea, el stent carotídeo o la revascularización transcarotídea, que pueden contribuir a reducir el riesgo.
Más allá de estos tratamientos, los especialistas recuerdan que una parte importante del riesgo de ictus puede prevenirse. Evitar el tabaco, limitar el consumo de alcohol, controlar la tensión arterial, el azúcar y el colesterol, cuidar la alimentación y mantenerse físicamente activo son medidas fundamentales para reducir las probabilidades de sufrir un ictus.
El mensaje para este verano es sencillo: si una persona deja de hablar con normalidad, pierde fuerza en un lado del cuerpo, desvía la boca o presenta una alteración repentina de la visión, no hay que asumir que es solo el calor. Reconocer esos síntomas y actuar con rapidez puede marcar una diferencia decisiva en la evolución del paciente.
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