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Los «pinchazos» sin control para adelgazar provocan una pérdida de hasta el 60% de masa muscular

La pérdida de peso rápida y sin control reduce la masa magra, en gran parte tejido muscular

La búsqueda de resultados estéticos en pocas semanas de cara al verano sigue empujando a muchas personas en España a recurrir a métodos drásticos para lograr bajar de peso en pocas semanas. Dietas milagro, rutinas deportivas muy exigentes o ayunos no supervisados conviven ahora con la automedicación y el uso creciente de fármacos indicados para el tratamiento de la obesidad -como los agonistas del receptor GLP-1- sin un plan terapéutico integral. Esta falta de supervisión compromete la seguridad del paciente y pone en riesgo la eficacia del propio tratamiento.

Sin embargo, la urgencia por ver resultados inmediatos colisiona con los criterios de la comunidad científica. La evidencia clínica actual asocia las bajadas drásticas de peso -aquellas que superan el 10% del volumen corporal en pocas semanas- con desequilibrios metabólicos, alteraciones hormonales y una severa pérdida de masa muscular. De hecho, los ensayos clínicos demuestran que, en procesos de reducción acelerada de peso, aproximadamente un 39% de la masa perdida puede corresponder a tejido magro.

En esta misma línea, diversas revisiones y metaanálisis confirman que, si no se realizan ejercicios de fuerza ni se vigila la ingesta proteica bajo tratamientos farmacológicos, la pérdida de masa muscular puede llegar a oscilar entre un 15% y un alarmante 60% del peso total perdido.

Ante este escenario, los especialistas desaconsejan por completo recurrir a la automedicación motivada por el calendario estival y recuerdan que un proceso seguro y sostenible pasa por ritmos graduales, situando el umbral idóneo de pérdida entre los 0,5 y el kilogramo semanal. «Durante una pérdida de peso rápida, estos fármacos pueden favorecer una reducción tanto de masa grasa como de masa magra si no se acompañan de ejercicio de fuerza y una adecuada ingesta proteica. Esto puede aumentar el riesgo de pérdida muscular, lo que acaba mermando la fuerza, limitando la capacidad funcional y provocando una caída libre en el gasto metabólico basal», explica el Dr. Nicolás Umpiérrez, médico experto en obesidad.

Para prevenir este deterioro del aparato locomotor, los consensos clínicos aconsejan combinar el tratamiento con un entrenamiento regular de resistencia muscular (fuerza) y un aporte de proteínas de alta calidad de entre 1,2 y 1,6 gramos por kilogramo de peso corporal al día. «En esta época del año estamos viendo un incremento de pacientes que acuden tras intentar perder peso de forma rápida por su cuenta, sin ningún tipo de control clínico. La compra aislada de fármacos en el mercado negro o el uso sin supervisión es un proceso peligroso que puede destruir la masa muscular y abocar al paciente a un efecto rebote», añade la especialista de Yazen.

Falta de comprensión clínica

El panorama epidemiológico actual muestra la verdadera magnitud de la situación en España, donde la obesidad afecta a cerca del 17% de los adultos y el sobrepeso escala por encima del 40%, con una distribución que se sitúa en el 15,2% en hombres y el 15,1% en mujeres mayores de 18 años. 6 En este escenario, una encuesta paneuropea realizada por Yazen en enero de 2026 entre 1.346 pacientes activos desvela que el 62% de las personas intentó controlar su peso en un principio de forma individual y por pura fuerza de voluntad.

«Este porcentaje refleja hasta qué punto se mantiene el falso mito de que la obesidad es una simple debilidad de carácter o pereza personal», explica el Dr. Nicolás Umpiérrez. «Se trata de un juicio social que ignora por completo los factores genéticos y endocrinos que determinan esta enfermedad».

El Dr. Umpiérrez incide en la importancia de dar un giro al discurso con el que se aborda a estos pacientes. «Socialmente se sigue señalando la obesidad como si fuese una elección personal o el resultado de una falta de voluntad, cuando la evidencia científica demuestra que estamos ante una enfermedad crónica multifactorial con una importante base biológica, endocrina e inflamatoria», explica el especialista.

«Acudir a las nuevas terapias farmacológicas no es buscar un atajo cómodo para evitar el esfuerzo, sino utilizar una herramienta terapéutica basada en la evidencia que ayuda a corregir los mecanismos biológicos implicados en la regulación del apetito, la saciedad y el peso corporal. Si mantenemos el estigma y la culpabilización, lo único que conseguiremos será seguir alejando a las personas de los tratamientos médicos seguros que realmente necesitan».

El impacto psicológico de los enfoques estacionales

Desde el área de psicología de la clínica advierten que los métodos exprés planteados únicamente bajo una perspectiva estética estacional conllevan un impacto psicológico severo. Ángela Ott, psicóloga de Yazen, detalla las consecuencias ligadas a la búsqueda de la inmediatez. «Plantear la pérdida de peso como un proceso temporal con el único fin de encajar en unos determinados estándares de cara al verano puede alterar profundamente el bienestar emocional», explica la especialista.

«Someterse a restricciones alimentarias estrictas o a entrenamientos extremos sin un propósito real de autocuidado puede anular nuestra capacidad para gestionar las emociones. A largo plazo, estas dinámicas pueden cronificar una relación compleja con la comida, dañan la autoestima debido a la frustración y favorecen un aislamiento social que puede actuar como la antesala de trastornos de la conducta alimentaria».

En esta misma línea, la evidencia clínica demuestra que el uso de fármacos indicados para la obesidad sin diagnóstico previo ni un plan terapéutico integral compromete la seguridad de los pacientes. «Ninguna pauta resulta eficaz si no se evalúa de forma personalizada el historial y el funcionamiento metabólico de cada persona. Un proceso seguro consiste en ofrecer un acompañamiento multidisciplinar capaz de consolidar la salud biológica a largo plazo», concluye el Dr. Umpiérrez.