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Dejar de comer para evitar la hinchazón: la peligrosa trampa de eliminar alimentos sin diagnóstico médico

La sensación de presión abdominal no siempre se corresponde con una acumulación excesiva de gas

Sentirse mejor al retirar un alimento aporta una pista, pero no basta para establecer un diagnóstico

La relación entre alimentación y síntomas digestivos existe, pero no siempre es sencilla ni responde a un único ingrediente. Importan las cantidades, el tránsito intestinal, la sensibilidad del aparato digestivo y el contexto en el que se come. También hay enfermedades que deben investigarse antes de dar por hecho que todo se debe a una intolerancia.

La sensación de presión abdominal no siempre se corresponde con una acumulación excesiva de gas. Puede aparecer con estreñimiento, dificultades para evacuar o una mayor sensibilidad intestinal. Algunas personas sienten el abdomen hinchado sin apreciar cambios visibles; otras observan que su perímetro aumenta a lo largo del día. Estas diferencias ayudan a orientar la evaluación.

«La hinchazón es un síntoma que puede tener distintas causas. Para entender qué ocurre, necesitamos saber desde cuándo aparece, si se acompaña de dolor, cómo son las deposiciones y si hay otros síntomas. Cuando el paciente lleva meses haciendo cambios en la dieta sin mejorar, es importante revisar el conjunto», explica la Dra. Mar Sánchez Somolinos, Jefa de la Unidad de Microbiota de la Clínica Neogenia.

Entre las posibles explicaciones se encuentran el síndrome del intestino irritable, la enfermedad celíaca o problemas para digerir determinados hidratos de carbono. Según los síntomas y los antecedentes, también puede ser necesario investigar una enfermedad inflamatoria intestinal. La historia clínica permite decidir qué pruebas tienen sentido en cada caso.

El riesgo de comer cada vez menos cosas

Quien relaciona una comida con dolor puede intentar evitarla la próxima vez. Si esa experiencia se repite, la lista de alimentos sospechosos crece y comer empieza a exigir una vigilancia constante.

Raquel Santos Alfonso, dietista-nutricionista de Neogenia afirma que «hay que preguntar al paciente qué es lo que come y qué ha dejado de comer, ya que algunos dejan los lácteos, los productos con trigo, las legumbres y algunas frutas y verduras sin haber comprobado si son necesarias». El objetivo es identificar qué cambios le ayudan y procurar que mantenga una alimentación suficiente, variada y adaptada a su tolerancia

Sentirse mejor al retirar un alimento aporta una pista, pero no basta para establecer un diagnóstico. Puede haber cambiado la cantidad que se come, la composición de las comidas o varios ingredientes a la vez.

Por otra parte, con el gluten existe una precaución concreta: eliminarlo antes de estudiar una posible enfermedad celíaca puede alterar los resultados de las pruebas. Por eso, es recomendable consultar antes de retirarlo y, por supuesto, si ya se ha excluido, hay que comunicarlo al especialista para que lo tenga claro a la hora de recomendar las pruebas médicas necesarias para el diagnóstico.
Las dietas terapéuticas también necesitan seguimiento. Una dieta baja en FODMAP puede formar parte del abordaje de determinados pacientes, pero debe plantearse con orientación especializada y una revisión posterior de las tolerancias. Mantener indefinidamente una lista extensa de prohibiciones no debería ser el destino del tratamiento.

Cómo influyen el estrés y el sueño

El impacto de las restricciones va más allá de los nutrientes. Dejar de comer fuera, evitar reuniones o sentir miedo antes de cada comida son situaciones que también deben abordarse, provoca estrés que impacta directamente sobre el eje intestino-cerebro.

«Cuando una persona lleva tiempo con molestias, puede empezar a anticipar que cualquier comida le sentará mal. Esa preocupación merece atención. Explorar el estrés y el descanso nos ayuda a comprender cómo está viviendo los síntomas y qué factores pueden estar manteniendo su malestar», añade Ana Sierra, psiconutricionista de la Clínica Neogenia.

Preguntar por el sueño permite completar esa valoración. Importa cuánto se duerme, pero también si hay dificultades para conciliar el sueño, despertares frecuentes o dolor durante la noche. El descanso insuficiente y los síntomas digestivos pueden coexistir y necesitan atención dentro de un plan individualizado. Las recomendaciones para el síndrome del intestino irritable incluyen cuidar el sueño y abordar el estrés.

En determinados pacientes, las intervenciones psicológicas dirigidas a la relación entre intestino y cerebro pueden ayudar a tratar los síntomas. Su incorporación debe responder a las necesidades de la persona y formar parte del abordaje clínico.

La microbiota, una pieza que necesita contexto

La microbiota suele aparecer en la búsqueda de explicaciones para la hinchazón. Sin embargo, los síntomas por sí solos no permiten identificar qué alteración existe ni concluir que haya un sobrecrecimiento bacteriano. Tampoco justifican empezar a tomar probióticos de forma automática sin haber hecho una valoración de su estado.

Las molestias que persisten durante meses merecen una valoración por parte de un especialista en microbiota, aunque no sean intensas todos los días. Conviene explicar cómo afectan a la alimentación, al trabajo, al descanso y a las relaciones sociales, además de detallar los síntomas.