El tiro en la nuca
El candidato de Vox, Jorge Campos, desde hace mucho tiempo colecciona abundantes amenazas, pero llama la atención, que en plena campaña se le señale con una diana y la leyenda de «merecer un tiro en la nuca». Pregunto. ¿No habíamos quedado en que la emergencia democrática se debía a que la extrema derecha iba a provocar un retroceso de décadas en las libertades?
¿No será en realidad que la extrema izquierda alude al gatillo como manera fácil de quitarse de encima a un molesto adversario político regresando a la práctica asesina que pensábamos enterrada en el pasado?
Tristemente, años atrás en el País Vasco y Navarra pintadas como ésta eran la condena a muerte, la eliminación física, de quien pensaba diferente. Días atrás era desestimada, por la izquierda en su conjunto (PSIB-PSOE, Més y Unidas Podemos), una declaración institucional en el Parlament balear que venía a recordar en su 26 aniversario el asesinato cobarde de Miguel Ángel Blanco, joven concejal del PP en Ermua, asesinado con un tiro en la nuca.
No es de recibo que unos se refugien para negar su apoyo en que jamás van a firmar un manifiesto con Vox y otros digan que ETA desapareció hace 12 años, porque eso no cambia que en 1997 fue asesinado un inocente; un acto que cambió para siempre la conciencia social en las manos que pintadas de blanco simbolizaban el profundo rechazo a los asesinos de ETA.
Está claro que la pintada amenazante dirigida a Jorge Campos se queda en un desafortunado grafiti, aunque dice bastante de la catadura moral de los autores y de paso nos hace reflexionar sobre la negativa a que el Parlament apruebe una declaración institucional en recuerdo de Miguel Ángel Blanco.
Siendo estudiante en Madrid no me cansé de escuchar a mis compañeros de corte progresista, que ante un atentado de ETA dijeran con naturalidad que los terroristas «habían dado en el clavo». Recordándolo, ahora, con la diana puesta a Jorge Campos, tengo por cierto que la moral retrocede décadas, lo que sí es una auténtica emergencia democrática.
Me consta, igualmente, que ante las elecciones del 23J mucho voto cautivo seguirá apoyando al PSOE, aquí PSIB-PSOE, con la nariz tapada. Es decir, que probablemente desconocen que el gesto ese les convierte en cómplices de lo que pueda suceder, de reeditarse un Pacto Frankenstein. Porque ese voto con la nariz tapada es un claro síntoma de priorizar la cautividad de su voto, antes que actuar en conciencia, condicionados como están al dictado de prejuicios que probablemente han ido cosechando a lo largo de su vida.
Incapaces de ejercer un sentido crítico, ante las barbaridades que suceden en la izquierda, porque las derechas a fin de cuentas siempre serán el diablo porque así les han enseñado. No hay mayor retroceso en años que votar a la izquierda con la nariz tapada y no lo hay porque significa que hablamos de personas que han sido incapaces de progresar, presas de sus prejuicios.
En las democracias maduras el contribuyente –porque eso es lo que somos- vota en función de prioridades, jamás por ideología. Lo primero, porque es consciente de que el dinero público sí es de todos y en consecuencia debe priorizar la gestión, antes que los cretinos cantos de sirena. La pregunta es, ¿por qué antes ser práctico que por ideología? Sencillamente porque en las democracias consolidadas, España en teoría lo es, el votante es consciente de que las libertades están garantizadas y entonces de lo que se trata es de permanecer en alerta permanente para preservar su conservación.
El problema de España es que desde el 2004 la herencia de la Transición se ha puesto en entredicho, por intereses bastardos de un PSOE a la deriva y abriendo entonces el nicho para darle alas a una extrema izquierda de libro. La consecuencia, en efecto, es que desde entonces nos hemos sometido a una dejadez, que ha provocado retroceder décadas en nuestras libertades.
Lo que ha ocurrido en España desde 2019, con la llegada de Pedro Sánchez al poder, es asistir al retroceso de décadas en valores democráticos, ahora sustituidos por la supremacista biblia progresista, siendo precisamente en el retorno del centroderecha a las instituciones, lo que revela a una izquierda, aquí PSIB-PSOE, Més y Unidas Podemos, que no quiere renunciar a pasos consecutivos los últimos ocho años encaminados a diseñar una sociedad en plena sumisión a su involución democrática de corte bolivariano.
A quienes voten con la nariz tapada, el gesto les convierte en cómplices de unas prácticas que llevan al tiro en la nuca, aunque sea simbólicamente.
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