Sarkozy en la cárcel… Sánchez en Moncloa
Es comprensible el impacto (sin exagerar) que el ingreso en prisión del que fuera jefe de Estado en la V República Francesa ha tenido en toda Europa. Porque hubo un tiempo no muy lejano en el que Nicolás Sarkozy, el emigrante húngaro/judío, mandaba no sólo en la grandeur gaullista, sino también en toda la Unión Europea.
Hoy duerme en la histórica Maison de La Santè, rodeado de presidiarios del común. ¿Motivo? Haber financiado su campaña en contrario a lo ordenado por las leyes francesas al haber recibido dinero directamente del régimen del coronel libio Muammar el Ghadafi. Sarkozy, el otrora amigo íntimo de Aznar, delinquió y, como el país galo es una democracia, ni ex presidente, ni ex jefe del Estado, ni madangas.
Una democracia practicante en Estado de Derecho no pregunta quién es el delincuente. Lo enjuicia y, llegado el caso, lo condena cumpliendo la pena. Punto. Ya me gustaría a mí que en el país más al sur de Europa, que es el mío, las cosas funcionaran similar. Ahora tenemos un primer ministro asediado por la corrupción de sus propios procederes, abuso de poder y retorcimiento de las leyes que se aplican al común. Tal y como están las cosas, tengo para mí que sí hay jueces y fiscales con redaños y voluntad de hacer justicia y si terminaen sustanciado todas las muchas y graves acusaciones que se han hecho a Pedro Sánchez, a no tardar emprenda la senda de La Santé española.
Porque subraya la jurisprudencia anglosajona que un juez no puede desconocer lo que la mayoría de la población conoce. Lo diga Aldama o el Agamenón de turno.
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